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Leonardo Sbaraglia, Pere Arquillué y Pedro Casablanc en una escena de la serie 'Felix'. MOVISTAR +

Movistar + 'Félix', un thriller sobre un "romántico" que navega a contracorriente

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El director de 'Truman' escribe y dirige 'Félix', un thriller protagonizado por Leonardo Sbaraglia cuyos seis episodios se estrenan hoy en Movistar+. Una serie de personajes que atrapa con su combinación de investigación policial, amor en ciernes y humor.

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Félix (Leonardo Sbaraglia) es el romántico a contracorriente. Óscar (Pere Arquillué), el amigo “idiota” que enternece. ‘Un policía español de la secreta’ (Pedro Casablanc), “el hijo de puta” con gracia del que no se dice su nombre. Julia (Mi Hoa Lee), la enigmática china desaparecida. Ellos son los cuatro puntales, los cuatro personajes más potentes (hay otros muchos interesantes), en torno a los que se orquesta la nueva serie de Movistar+, escrita y dirigida por Cesc Gay e inspirada en hechos reales. Una historia sobre la búsqueda desesperada e insistente de un hombre que no sabe nada de la mujer de la que se estaba enamorando antes de que desapareciese, que no tira la toalla teniendo todo y a todos en su contra y que es capaz de meterse de lleno en una trama que involucra a la mafia china. Lúcida, trepidante, adictiva, muy bien escrita y con unos personajes fascinantes, Félix bebe de muchos géneros y los conjuga para crear un universo singular.

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La nueva producción de Movistar+ es muchas cosas, un thriller, un policíaco, una historia de misterio y acción, un juego de pistas al que dejarse llevar…, pero sobre todo es la historia de un “romántico”, como lo define Cesc Gay, director y guionista de los seis episodios que componen esta temporada seleccionada para Cannes y que se estrena este viernes al completo. Félix es un tipo tan normal como cualquier otro, corriente, nadie. Eso dice de sí mismo. Escritor de novelas con pocos lectores, como admite con resignación, trabaja como profesor de literatura en Andorra, donde se ha mudado tras saber que es padre de un niño de ocho años que desconoce su parentesco. Es corriente, pero solo en su superficie. Porque como explica Leonardo Sbaraglia sobre su personaje parafraseando a Mi Hoa Lee, “no, Félix no es un personaje normal, es un personaje extraordinario. No hay tantas personas como él. Va contracorriente. Para mí, es una especie en extinción. Es como lo que se dice en Fargo cuando ve que todos los peces van para un lado ¿y si todos están equivocados y tú tienes razón? Para mí eso es muy Félix”.

Entrar en la historia que propone resulta sencillo. Cesc Gay reconoce, en una charla con los medios con motivo del estreno, que bebe de Hitchcock, de Polanski, de los Coen… Del primero se nota en esa historia del tipo medio que un día se ve envuelto en un auténtico embrollo sin saber muy bien cómo y que tiene que ingeniárselas para salir del atolladero en el que se encuentra. Del segundo, su humor. De los Coen, esa atmósfera estilo Fargo que se deja notar en todo momento en Félix sin que le impida plasmar su propio estilo y andar su propio camino. Ese que le lleva a adentrarse en un intrincado thriller con la mafia china de por medio pero que, en el fondo, no deja de ser una historia de amor. Chico conoce chica, chica desaparece y chico la busca desesperadamente mientras el resto del mundo le dice que tire la toalla. Incluido su ‘amigo’ Mario (Ginés García Millán), el policía que lleva el caso.

Inspirada en hechos reales, como reza el rótulo nada más empezar cada capítulo, la idea surgió de “unas entrevistas que vi grabadas por los propios chinos en una sucursal bancaria, en Andorra, en las que le está diciendo al tipo del banco que él mueve diez millones a la semana, que cómo hacemos. Eso formaba parte de una investigación policial y cuando vi todo eso, chinos en Andorra… Ahí aparecieron Julia y el romántico, porque en el fondo Félix es un personaje romántico”, explica Gay. Hasta ahí el parecido con la realidad. La mafia china andorrana es la única conexión, la inspiración.

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Félix es una serie de personajes, se nota y se disfruta. El principal, el que da título a la producción, lo interpreta un Leonardo Sbaraglia que reconoce que a él le gusta interpretar a tipos que se alejen de su propia personalidad. “Me gusta hacer un ejercicio de composición e irme hacia otro lado y este daba para eso”. Este escritor y profesor de instituto metido a investigador policial ocasional es muy particular. Todo el mundo le trata como si fuese tonto, como si se tratase de un pobre hombre que no se quiere dar cuenta de lo que en realidad está sucediendo, que ‘su china’ lo ha dejado tirado. Componerlo sin caer en el patetismo no era sencillo. Sin embargo, logran encontrar esa mezcla de ternura y empatía que despierta Félix en quien lo ve en la pantalla, que se encuentra con un personaje complejo, lleno de matices y con momentos realmente brillantes. Todo el mundo le dice que se equivoca, pero él se mantiene firme y sigue adelante, contracorriente, pese a los palos (literales), los ‘déjalo estar’ y los ‘pobre hombre’. Félix no es de los que se rinden e invita a quien está otro lado a seguir sus peripecias capítulo tras capítulo.

Sobre la construcción del personaje, “es algo que vas encontrando con el director”, explica Sbaraglia, que vuelve a trabajar con Gay tras su participación en Una pistola en cada mano. “Hablando con Cesc me daba cuenta de que lo interesante de la serie al margen de lo que se contaba era cómo se iba a contar, cómo se iba a contar este personaje”, recuerda el actor. Para el director la clave reside en el vestuario. En esas largas, como las evoca Sbaraglia, pruebas de vestuario que ayudaron a crear a Félix. “Me paso horas con el vestuario, entiendes a un personaje por la forma en que lo vistes. Cuando empezamos a vestir a Félix con esta pinta de no sé muy bien qué encontramos un tono y juntos empezamos a entender esa mezcla de comicidad, esa ternura que tiene. La lana tiene algo, la montaña… Una vez que avanzamos con el vestuario, cuando nos sentábamos con el texto estábamos más cerca”.

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La cuadrilla que rodea a Félix

El profesor de instituto y escritor está siempre presente, es el motor de la serie, le da nombre, pero no está solo. Cuenta con una cuadrilla de secundarios bien construidos y escritos que ayudan al protagonista a avanzar en su tránsito hacia la verdad, esa que desconoce pero en la que solo él cree. Y ahí, en dar vida a ese universo humano propio que es Félix, es donde reside la verdadera fuerza de la historia. “En el equilibrio de la escritura de la serie, para poder transitar un poco también por el humor necesitaba crear personajes, no le podía dar esa responsabilidad a Félix, sino que había que ayudarle. Cuando está con Mario o cuando está con Óscar es distinto”, analiza el guionista y director.

Para ayudar a introducir ese sentido del humor, nacieron dos de los secundarios más carismáticos del conjunto

Así, para ayudar a introducir ese sentido del humor tan particular y tan adictivo con el que cuenta esta ficción, nacieron dos de los secundarios más carismáticos del conjunto. Por el contraste con el protagonista y entre ellos mismos, por su fuerza y su profundidad. Por un lado, Óscar (Pere Arquillué), el vecino de Félix, su mejor amigo, su Sancho Panza. Porque a veces Félix es una suerte de Quijote que lucha contra molinos de viento, un loco que ve lo que nadie ve. El único apoyo incondicional que recibe es el de Óscar, “un personaje muy curioso, porque parece idiota pero es un tío que tiene algo”, dice Gay, quien lo escribió a partir de la última frase que Félix le dice a este, ‘me emocionas’. “Escribí el personaje desde esa frase, desde que sabía que tenía que ir ahí, porque ese vínculo de este tipo de hombre Félix lo tenía que sentir. Lo escribí desde ese lugar y me dio el arco aunque fuera excéntrico”.

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Luego está el ‘gran villano’ de la historia. Un tipo con abrigo que pulula por ahí en los primeros capítulos y al que interpreta Pedro Casablanc, que tras episodios sin una sola línea de guion de pronto explota y tiene su momento. “Pedro es uno de los mejores actores de este país y tuve la gran suerte de que aceptara venir a Andorra no sé cuántas veces a estar ahí al fondo. Él sabía que tenía un capítulo en el que era la estrella, pero venía mucho, con paciencia, porque además es un gran tipo. Me lo pasé muy bien porque nunca había escrito a un hijo de puta como este, así de claro, porque es un hijo de puta absoluto, pero nunca lo había escrito. Y me hizo mucha ilusión cuando dijo que sí”.

Escena de la serie 'Frelix'. MOVISTAR +

Algunos de los mejores momentos de Félix, y son muchos, están condensados en ese capítulo al que hace referencia Gay, en el que por fin Sbaraglia y Casablanc interactúan. El resultado es una mezcla explosiva. “¿De dónde sale ese hijo de puta?”, le pregunta el actor al director en el transcurso de la conversación con los medios. El segundo responde: “No lo sé, de expresidentes (ríe). Del mundo, digo (vuelve a reír). No lo sé, mezcla de gente, pero tiene mucho humor. Félix tiene más género que cualquier otra de mis películas. El tono en el que habla él, ese vacile cuando se encuentran en la pista de tenis. Es de estos malos que te lo pasas muy bien escribiéndolos y haciéndolos porque tienen mucho juego. ‘¿Has meado?’, le pregunta a Félix. Es que todo lo que le dice es para pegarle cuatro hostias y es muy gracioso a la vez”.

El cuarto puntal de la historia es Julia (Mi Hoa Lee), la china de Félix, su interés romántico y la que enciende la chispa de toda la aventura. Es por buscarla a ella por lo que recibe palos y más palos, por la que se enfrenta a todos metiendo en los líos más insospechados, peligrosos y a la vez, muchas veces, cómicos. Al contrario que a Félix, a Julia se la ve poco. Su personaje es como un fantasma omnipresente al que no se ve y al que tanto el espectador como el protagonista van conociendo a través de lo que los demás cuentan de ella. ¿Quién es realmente? ¿A qué se dedica? ¿Por qué desapareció sin avisar? La única convicción que tiene Félix es que alguien con una sonrisa como la suya no puede ser mala persona. Eso es lo que le impulsa a querer seguir hasta el fondo y descubrir la verdad.

La complejidad de rodar en exteriores y con un jabalí

En esta historia construida en torno a sus personajes, una mención especial para el jabalí con el que Sbaraglia comparte protagonismo en la escena que abre la serie y del que el actor tiene alguna que otra anécdota que contar que dan una idea de lo duro que fue el rodaje en ocasiones y de ese humor que impregna cada capítulo. Escucharles a actor y director revivir esas anécdotas es una muestra de la complicidad que existe entre ambos y que se ha transmitido a la pantalla.

“Sufro bastante el frío. En la escena del jabalí, tenía que estar tirado bastante tiempo”, recuerda Sbaraglia, que añade que, además, el animal le orinó encima y le arañó. “E intentó acosarte”, le interrumpe Gay. “Sí y me acosó”, continua el actor, “¿Se llega a ver? Ahí estuve mucho tiempo tirado y hubo un momento en el que esta mano [la derecha] se me durmió, un poco casi como principio de hipotermia”. Ambos cuentan que el argentino llegó a tener que ir en una ocasión al hospital. No tuvieron nada que ver ni el jabalí ni el frío, sino una mala caída en la que Sbaraglia recibía un palazo. “Bueno es lo que tiene el trabajo. Es un deporte de alto riesgo este oficio”, bromea el director, quien aprovecha para agradecer su participación al especialista que sustituyó al protagonista en algunas escenas de riesgo. “Aprendió a andar como él y también sufrió al jabalí”.

Sobre su participación en Cannes, “nos sirve para que Félix se vea por el mundo”, resume Cesc Gay. De momento, donde puede verse es en Movistar+. Desde hoy están disponibles los seis capítulos que componen la temporada.

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