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Quimi Portet, en una imagen promocional.

Entrevista Quimi Portet: "Vivimos en un país con una historia triste"

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El músico catalán presenta su décimo disco, 'Festa major d'hivern', con su sonido particular, las letras estrambóticas que lo caracterizan y una madurez que le hace mirar el pasado con un poco, sólo un poco, de nostalgia. Portet presentará el 15 de mayo su disco en Barcelona, en la sala Apolo

Culturas

El astro intercomarcal lo ha vuelto a hacer. Un nuevo disco, Festa major d'hivern, con letras estrambóticas pero también nostálgicas, como aquel verso de Pànic escènic, la canción que cierra el disco donde dice: "en camionetes abonyegades, han arribat des dels barris més llunyans, són supersònics, son enigmàtics, però la família els veu com uns eixelebrats" ('En camionetas abolladas, han llegado desde los barrios más lejanos, son supersónicos, son enigmáticos, pero la familia los ve como unos alocados'). Sí, la familia lo veía como un alocado, tal como confiesa Portet, pero poco a poco la música le llevó, al principio con Manolo García, pero luego en solitario, por el buen camino.

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El camino de un sonido contundente y unas letras curiosas, ambas sello Quimi Portet, junto con unos videoclips caseros, también extraños, como todo el universo que rodea a este músico nacido en Vic pero que ha encontrado la madurez en diferentes lugares. "Yo soy de donde haga falta, nací en Vic pero mis padres emigraron a Barcelona. Me crié en el Guinardó, pero musicalmente siempre he estado vinculado al Poblenou, que es donde empezamos con Manolo. He vivido en muchos lugares, así que no me considero de ningún sitio en concreto", asegura contundente.

Iba hacia la treintena cuando se encontró con Manolo García y llenaron salas de conciertos y pabellones por toda España con El Último de la Fila. Ahora, con una carrera en solitario consolidada, Quimi Portet no ha perdido un ápice de alegría y optimismo. Charlatán y con 61 años llenos de escenarios y riffs de guitarra, a Quimi Portet todavía le queda mucha música por delante, letras que nos hagan soñar y videoclips de aquellos que te dejan sin palabras.

Quimi Portet, décimo disco de su carrera en solitario. El décimo, un número redondo. ¿Cómo lo afronta?

Vivimos en el sistema métrico decimal y parece que todo lo que termina en cero debe ser más importante, como si fueran ciclos. Tengo que confesar que me hace mucha ilusión. Si cuando lo dejé con Manolo me hubieran dicho que haría diez discos no me lo hubiera creído. Es un número que hace ilusión, pero lo afronto con la normalidad de siempre: me hace ilusión presentarlo a la gente, creo en las canciones y me lo he pasado muy bien haciéndolo. Con los años, de mi oficio, me ha acabado gustando todo, como por ejemplo hacer promoción, que de joven no me gustaba demasiado.

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Usted siempre ha dicho que las letras son lo que más le cuesta. ¿Cómo le limita, musicalmente hablando, tener que hacer una letra para una canción? ¿Cómo le limita la palabra?

Pues sí es cierto que es lo que más me cuesta, pero hacer letras es lo que me hace más ilusión, ya que es la parte más fisiológica de la música. Hacer música sin letra es jugar. Siempre he concebido el estudio de grabación como una gran juguete con una función lúdica, aunque a cuando avanzas en el disco, vas sistematizando el trabajo y te lo empiezas a tomar todo más serio. Sin embargo, cuando te tomas más en serio el trabajo es cuando tienes que escribir un texto, poner letra a esta música, que se presenta, siempre, de manera abstracta. La letra es el arte figurativo, la música representa lo abstracto. Pasar de un mundo al otro resulta complicado, sobre todo porque yo siempre intento que mis letras sean concisas y explícitas, pero cuesta. El rock nació como un género pensado para gente joven con entusiasmo reproductivo y festivo, y a medida que vas cumpliendo años, se deben encontrar otros estímulos emocionales. Por lo tanto, cada vez resulta más complicado hacer letras.

¿Qué implican tantos años de experiencia?

Todo se hace más sereno y más pausado, la intensidad también cambia, pero disfrutas igual, que a efectos prácticos es lo importante. Antes, hacer una letra me costaba dos días, ahora quizás me cuesta dos semanas, pero el resultado es el mismo, mejor, diría, ya que ahora me las leo mucho más que cuando era más joven. Ahora quizás no diría "tengo una novia que se llama Ramón". Te lo miras todo mucho más, lo revisas cien veces y te sientes mucho más vulnerable a las cosas que escribes y que sabes que la gente leerá o escuchará.

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Joan Margarit siempre habla sobre la importancia de ser exactos en nuestras palabras, que es precisamente lo que usted acaba de comentar. Margarit  dice que es la precisión y concisión de las palabras y la habilidad de conectar con el lector lo que diferencia un buen poema de un mal poema. También asegura que un mal poema ensucia el mundo. ¿Hay canciones buenas y malas y canciones que ensucian el mundo?

Margarit es capaz de conectar los sentimientos con las palabras de una manera extraordinaria, hace rock'n'roll sin guitarras. No soy demasiado amante de la poesía, pero Margarit es diferente, es todo rock'n'roll. Dicho esto, yo me dedico a la música popular contemporánea, que es un género menor, si lo comparamos con la poesía, sin querer frivolizar, ¡eh!  Estoy contento con mis trabajos, me gusta que la gente hable de mi sonido o de mis letras, pero es un género menor porque no hay una academia y trabajo con un material muy volátil: la música. Piensa que hay gente que llora escuchando Tengo una vaca lechera, porque conocieron a su pareja escuchando esta canción. En este sentido, la música es un arte mucho más subjetivo que la poesía...Y si ya hablamos de música popular... ¡vale todo!

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El reaggeton también es una música popular. ¡Y mucho!

Pues justo ahora venía escuchando uno de ellos... Y entiendo que la gente lo escuche y se enamore escuchando esta música. ¿Por qué no? En este arte no hay ninguna norma. Hay gente que dice que los Bee Gees son un desastre ... ¡Pues yo los encuentro buenísimos!

Decía usted que antes le costaba hacer una letra un par de días y ahora le cuesta dos semanas. ¿Cómo funciona el fenómeno de la inspiración? ¿De dónde saca las ideas Quimi Portet?

Pues antes de nada, no quedarse anclado en los 18 años. Después se deben explorar cuáles son las prioridades emocionales y ser coherente con esto: no intentar ir con las prioridades emocionales de la sociedad, sino con las tuyas, que pueden ser estrambóticas pero que son tuyas. Esto es lo que a mí me lleva más trabajo: encontrar ideas que luego pueda cantar sin sentir ningún rubor o vergüenza. Tengo una edad provecta y me he vuelto más selectivo con lo que quiero que la gente vea de mí. Tengo sentido del humor, me gusta hacer reír a la gente, pero no soporto la frivolidad, que también es un concepto relativo, porque cada uno ve los límites en lugares diferentes.

Volviendo a Joan Margarit, él dice que en la vida sólo hay dos etapas nítidas, la infancia y la senectud, todo lo que hay en medio es un 'lío'.

Yo todavía estoy en el lío, sin querer hacerme el chulo, ¡eh! No estoy en un momento de reflexión como el que de la vejez. Sí que es cierto que el pasado empieza a pesar, es un armatoste, un trasto... Y el futuro cada vez se presenta más delgadito, transparente y volátil. Todo ello queda reflejado en las canciones, es normal. De hecho, si no fuera así, no tendría ningún vínculo emocional con ellas. No soy una persona a la que le dé miedo cumplir años, todo lo contrario, incluso  bromeo. Pero, no, todavía no estoy en esta fase de vejez y de reflexión, aún me queda mucha cuerda.

¡Por supuesto! Apenas ha estrenado la sesentena

Soy un veterano del lío, no voy con la L por el mundo, pero aún funciono a pleno rendimiento.

¿Es nostálgico del pasado?

Un poco, pero no me duele. Soy un señor mayor y me he vuelto tierno y blando. Pero me apasiona el presente y el futuro, que también me genera nostalgia, una nostalgia dulce.

Hablamos de 'Festa major d'hivern'. Tengo que manifestar mi preferencia por 'Pànic escènic' y por este verso: "En camionetas abolladas, han llegado desde los barrios más lejanos, son supersónicos, son enigmáticos, pero la familia los ve como unos alocados". ¿Fue su caso? ¿Su familia lo veía como un alocado?

Pienso que es el caso de todos los músicos. Yo vengo de un mundo de músicos peludos e intensos. Los Burros, Los Rápidos, etcétera, éramos intensos. El concepto que teníamos de nosotros mismos y el que tenían nuestras familias era algo divergente, aunque con el tiempo, todo se ajustó y la familia lo fue aceptando. La concepción cambia cuando te empiezas a ganar la vida. Cuando con Manolo nos empezamos a ganar la vida, nosotros ya no éramos unos niños, teníamos más de treinta años.

¿Usted ha tenido pánico escénico?

No, pero aún me pongo muy nervioso.

¿Todavía ahora?

Sí, siempre. En un concierto pueden fallar tantas cosas: cables, luces, sonido... De hecho, no he visto nunca un músico que estime su oficio y que momentos antes de un concierto no esté en el camerino subiéndose por las paredes.

Pero con su rodaje y experiencia, si pasa algo en el directo, la gente le perdona, ¿no?

Quizás sí, pero a mí me gusta que los conciertos salgan bien, que la gente salga contenta. De todos modos, no tengo pánico escénico. El pánico escénico es una patología que te impide tocar, a mí me pasa lo contrario: siempre salgo con muchas ganas de tocar y una vez suena el primer acorde, se me pasan todos los nervios. Conozco a gente a la que le resulta imposible hacer un concierto y antes de empezar se ha ido a casa. No ha sido nunca mi caso.

En la canción 'Al tanto que va de canto', usted canta: "La ficción no es otra cosa que un acto desesperado de lucha contra el tedio y la fría realidad". ¿Fría realidad?

Tenemos lo que tenemos y a mí me encanta, pero a veces la realidad es rutina, se hace pesada. A mi me gusta mucho la ficción, me gusta mucho ver películas, soy muy cinéfilo y me gusta ver de todo, incluso dibujos animados. De realismo, ya tenemos suficiente con la vida.

De hecho, siempre ha dicho que para usted la música es un arte para huir, para evadirse de la realidad

Sí, siempre he utilizado el arte para evadirme de mis problemas y de los problemas de la gente.

¿Nunca se ha planteado hacer música de trinchera? ¿No ha tenido tentación, en este último disco, de abordar la realidad? En octubre usted estaba en plena grabación. Imagino que ya sabe por dónde voy...

Hubo días en octubre en los que no podía escribir, no podía hacer nada porque estaba angustiado, preocupado por la violencia. Me evadía con la música pero como ciudadano estoy al tanto de todo y estoy politizado, soy permeable. Estamos en un momento en el que nuestro país sufre mucho y desde mi punto de vista estamos sufriendo humillación y violencia. No se puede pasar por alto, pero nunca he tenido ninguna intención de modificar el mundo con mi música, de usarla de trinchera como Llach o Raimon. Ellos tienen un talento diferente. Cuando yo empecé a ser músico ahí estaban Llach, Maria del Mar Bonet, Quico Pi de la Serra, Raimon... Esta gente denunciaba el franquismo y la represión y luchaba por mejorar la sociedad con su música y lo conseguían. ¡Montaban unos pollos considerables! Pero también estaban Sisa y Pau Riba, que huían de este mundo. El que se evade no acepta la represión y se posiciona igualmente.

¿No le han entrado ganas de hacer alguna letra, con todo lo que está pasando, políticamente hablando?

No, no me sentiría bien. No me siento confortable en actos políticos, aunque yo estoy politizado como el que más, y siempre que me he tenido que significar lo he hecho. Como ciudadano, pero no como músico. Mi cantamenta y mi ballamenta precisamente se inventaron para huir de estas cosas.

En otras entrevistas usted comenta que no se siente cómodo con la unanimidad

Vivimos en un país con una historia triste y tenemos tendencia —y se entiende— a querer salir de esta tristeza y sordidez a la que nos aboca el Estado, pero no me siento bien con las unanimidades.

¿Alguna previsión del devenir político de Catalunya?

Ni idea. Hoy, de momento estamos contentos, [la entrevista se hizo el día en el que Alemania decidió no extraditar a Puigdemont por el hipotético delito de rebelión], mañana ya veremos. Yo confío en la buena fe de la gente, en la gente de nuestro país. Desde 2010 no me pierdo ninguna concentración del 11 de septiembre; hay buena fe, buen rollo, buena voluntad de hacer las cosas pacíficamente y democráticamente. Lo que tenemos delante es alarmante. Pero no, no me atrevo a decir nada porque no tengo ni idea.

¿Sufre?

Intensamente. Pero también me alegro intensamente cuando toca.

¿Cómo vivió el atentado de agosto en la Rambla? Usted tiene una canción preciosa que recibe el nombre de esta mítica calle

El atentado de agosto me sacudió, fue algo espantoso. Siempre hemos asociado la Rambla con el hedonismo, la juerga, el amor, el cachondeo, Sisa, la risa, el placer, el humor, la sociabilidad entendida como la cosa más maravillosa del mundo... Que de golpe esta calle maravillosa se convierta en la antítesis de lo que es fue un golpe durísimo.

¿Qué relación tiene con esta Barcelona que despierta, a partes iguales, odios y pasiones?

Todos los barceloneses odiamos y amamos Barcelona, ​​pero pienso que hay que relajarse un poco. Por ejemplo, con el turismo, que es uno de los grandes problemas de esta ciudad: ¡vete a París y todos los turistas son de Barcelona! Tenemos que ser coherentes. No nos podemos poner unas bermudas e ir a hacer el guiri en Roma o en París y luego quejarnos cuando ellos vienen aquí de esta manera. No es que Barcelona se haya llenado de turistas, ¡es el mundo el que se ha llenado de turistas! Somos una sociedad turística. A mí me encanta ir a París de turismo. ¿Qué te crees, que yo soy un intelectual que voy a París a ver dónde murió Stendhal? No, me voy a París a subir en una barca de aquellas y hacer el guiri. La Rambla de los años setenta era una monada y durante la segunda república aún lo era más. Las cosas cambian. Tengo una canción que se llama Ya no hace el frío de antes, que es algo que se dice mucho. Pues bien, leí un libro de 1897 en el que ya se decía que no hacía el frío de antes. Me descojoné y lo entendí todo.

Momentos inolvidables que todo el mundo olvidará; nacemos sin nada que decir, todo nos lo tenemos que inventar", dice en una de sus canciones, 'Pampallugues'. ¿Todo el mundo tiene cosas que decir o hablamos por hablar?

Es un aforismo poco profundo pero afortunado. La gente no callamos ni bajo el agua. Es admirable la ilusión que ponemos el personal en la comunicación y la obsesión que tenemos por charlar. Yo soy un tipo locuaz, y es una de las cosas que más me gusta de mi país, Catalunya: que la gente somos charlatanes. En todos los grupos hay alguien que no calla y alguien que es el tímido, pero predomina la abundancia verbal. Es una manera de tomarse la vida, de compartir emociones y sentimientos. Aquí en Catalunya tenemos tendencia al buen humor y la alegría, eso me gusta.

Usted es optimista por naturaleza

Sí, soy optimista. De hecho, pienso que los tíos optimistas somos necesarios. Los pesimistas también tienen su papel, pero me fío más de los optimistas porque no espero pronósticos, sino actitud y actividad momentánea. Las cosas bonitas y divertidas las hacen los optimistas.

Sus videoclips siguen siendo marca de la casa

Los videoclips, como todo en la vida, se pueden hacer bien o mal. Yo he decidido hacerlos mal, porque es más barato, más fácil y se acaba antes. Cuando empecé con Manolo, no se hacían videoclips. Una de las cosas guays de ser músico era que no te filmaban nunca. Tú hacías discos, la gente los escuchaba y tú hacías conciertos, ya está. En un momento de los años ochenta, alguien decidió que las canciones debían tener un vídeo...

Video killed the radio star...

Exacto. En ese momento nosotros ya éramos unos grandullones con pelos en las piernas, te maquillaban y ¡venga la máquina de humo! Y los cafés y los bocadillos ... Te pasabas tres días para hacer un videoclip y era aburridísimo; hacer videoclips era algo espantoso.

Así que decidió optar por el camino más corto

Cogí una cámara y me filmé a mí mismo. Todo el mundo se rió y como se rieron decidí hacerlo siempre así. A ver quién la hace más gorda, pues yo estoy aquí. Hay una autoparodia que ya me va bien. No empleo nunca más de un día para hacer un videoclip.

En 'Central de biomassa', uno de sus singles, aparece un puñado de gente con cubos en la cabeza

Son amigos, quedamos para desayunar, grabamos, por la tarde, mi hija monta el vídeo y al día siguiente está colgado en YouTube. Confío mucho en mis canciones, que no tienen ni un pelo de frivolidad.

¿Cuál es su canción preferida del disco? Aunque imagino que cuando pares un disco las quieres a todas por igual.

Me gusta mucho el riff de guitarra de Pànic escènic, es muy garrulo, rollo AC/DC. Con Pànic escènic vuelvo al origen de mi música, es una canción de sonidos simples y primitivos, rotundos. La letra también es bastante graciosa: "Pánico escénico, con corimori, sudor frío y temblores". Me gusta el rollo del rock primitivo y poco adornado.

"Extrañando lugares que aún no hemos visitado nunca, actuamos como personajes a medio construir", dice en 'Festa major d'hivern'. ¿No acabamos nunca de construirnos?

Más o menos. Tu tienes una idea de ti mismo, pero los otros tienen otra. Sin querer ser sexista, eso el personal femenino lo tiene más claro. La masculinidad tradicional lleva una rigidez y unos roles predeterminados súper incómodos. Debemos ser seres plásticos, no ser demasiado duros con nosotros mismos pero tampoco podemos ser demasiado laxos. Somos personajes a medio construir, nos dibujamos contínuamente. Así transcurre nuestra vida, haciendo jazz con nosotros mismos.

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