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La actriz Mélanie Thierry, en una escena de 'Margueritte Duras. París 1944'.

Mélanie Thierry "Marguerite Duras no se negaba ninguna libertad, fue su elección de vida"

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La actriz interpreta a la escritora francesa en ‘Marguerite Duras. París 1944’, adaptación al cine de su novela ‘El dolor’, donde reveló emociones y sufrimiento después de que la Gestapo atrapara a su marido y hasta que éste volvió de Dachau.

Culturas

Marguerite Duras renegó muchas veces públicamente de las biografías que se habían escrito sobre ella y siempre puntualizaba: “Mis libros deberían bastar”. Gran nombre de la literatura universal, nadie como ella ha contado, con tal impudor y sinceridad, en primera persona su vida a través de sus novelas. Y ahora el cineasta Emmanuel Finkiel, atendiendo a las palabras de la escritora, recoge un episodio de su historia desde sus propios escritos.

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Marguerite Duras. París 1944, presentada en la sección oficial del Festival de San Sebastián, es la adaptación al cine de la novela El dolor, relato en el que la autora desvelaba sus contradicciones, las emociones más profundas, sus deseos más íntimos y sobre todo el dolor que experimentó cuando la Gestapo atrapó a su marido Robert Antelme, enviado al campo de Dachau. Mientras esperó su regreso, mantuvo contacto con Rabier, un colaboracionista que prometió ayudarla. Aunque ella sospechó de sus intenciones desde el principio, se arriesgó por su marido y por su grupo de la Resistencia.

Mélanie Thierry, una actriz concienzuda muy exigente con los papeles que acepta y los cineastas con los que trabaja —lo ha hecho, entre otros, con Bertrand Tavernier, André Téchiné, Terry Gilliam…— interpreta a Duras. El magnífico Benoît Magimel da vida al colaboracionista Rabier.

¿Qué representa para usted la figura de Marguerite Duras?

Es una figura emblemática de la literatura francesa. Y es una de las primeras mujeres que se afirmaron en su existencia. Tenía un aura… Impuso su estilo y consiguió reconocimiento internacional. Es alguien imprescindible para la literatura. No puedo entender cómo es que no se estudia en los colegios franceses.

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Su libertad de pensamiento, sexual, su independencia… ¿cree que fue un ejemplo para otras mujeres?

En una época no se tomaba en serio a las escritoras o a muy pocas. Ella se impuso con los años con mucho trabajo y rigor. Era muy particular en su escritura. Pero no era una militante feminista, siempre consideró que la gran mente era andrógina y no se reivindicó como feminista nunca. No era una luchadora de ello. Pero sí fue un ejemplo.

La película no la presenta como una mujer intachable, sin embargo…

Marguerite Duras era un personaje turbio, con muchas zonas poco claras. Es muy difícil limitarla o aprehenderla. En la cuestión de su marido, sin embargo, sí fue ejemplar. El amor entre ellos era de pureza. Ella le esperó y se mantuvo con él aunque ya no le amaba. Luego vino su vida más libertina, no se negaba ninguna libertad, esa fue su elección de vida.

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¿Y en la literatura?

Marguerite Duras usó cruelmente el sufrimiento de muchos como alimento para su escritura. Es verdad que devolvió a su marido a la vida, pero al mismo tiempo al leer ‘El dolor’ violentan muchas de las cosas que cuenta de su vida íntima.

'Margueritte Duras. París 1944'

Duras decía que para que el mundo fuera “soportable” era necesario “exorcizar las obsesiones” y la escritura podía “esconderlas y desvelarlas”. ¿Le ocurre a usted con el cine?

Sí, totalmente. El cine es mi terapia personal. Me permite una forma de estar más serena en la vida, al interpretar un papel tengo la posibilidad de acceder a las emociones de una forma exacerbada y exteriorizarlas. Siempre hay una conexión entre lo que soy y el personaje.

Esta película no es un biopic al uso, es un poco más exigente que el cine convencional. ¿Hace falta este cine?

Desde luego no es una película evidente. A lo mejor a alguien le puede aburrir, pero deja rastros imborrables en otras personas. Es una propuesta cinematográfica especial. Es el gran París de la ocupación y de la Resistencia, pero también es una película de las emociones interiores reprimidas y torturadas de esta escritora. Es material de cine autor y es exigente, sí.

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Y ¿es necesario?

Sí. Diría que es un cine de resistencia, un cine en vías de extinción. Pero espero fervientemente que todos los espectadores no hayan perdido el sentido de la cultura y de la exigencia.

No es la primera vez que participa en una película de época, ¿es necesario revisitar el pasado histórico?

Bueno, debo tener algo de otra vida y correspondo bien con esos personajes de siglos pasados. A mí me divierte mucho, es como atravesar la historia de una forma novelesca. Cuando me hablan de otras épocas, me da la sensación de que la he atravesado ya. Y, por otro lado, claro, revisitar el pasado es una forma de no olvidar y es verdad que muchas veces podemos tener la memoria muy corta. Está muy bien recordar y tener también ese enfoque.

Usted es muy exigente con los trabajos que la ofrecen. Esta podía haber sido una película muy diferente, ¿aceptó por el personaje de Duras?

Por varias cosas y una de ellas fue por el director, Emmanuel Finkiel. Había trabajado con él antes y tengo gran admiración por su trabajo. En el cine lo más bonito es la fidelidad y poder trabajar con el mismo director contando historias diferentes. El trabajo de Finkiel se adecúa a mí en el lenguaje y el punto de vista. Sabía que iba a adaptar esta novela, pero no me lo ofreció. Al final, nos reconfortó la elección. Sabía que haría un objeto singular sin complacencia y sin caer en el biopic. En esta película no hay trampa ni cartón, es la verdad total, sin artificios ni aspavientos.

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