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Tiger Woods.

Tiger Woods Memorias de un 'Tigre' herido

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Tiger Woods, junto a la escritora Lorne Rubenstein, recuerda en el libro ‘El Masters de mi vida’ su primera victoria como profesional. Ese Masters de 1997 que cambió su vida de forma radical. ¿Qué queda de aquel joven?

Deportes

Fama y dinero, un binomio que todo el mundo desea pero que muy pocos son capaces de asimilar y sobrellevar. Eso es lo que anhelaba un joven californiano, convertido en la gran perla del deporte estadounidense y que se enfrentaba a uno de sus primeros grandes torneo como profesional. Nos situamos en el mes de abril de 1997. Un emergente Tiger Woods irrumpía con una fuerza inusual en el profesionalismo, la de un tornado que arrasa cuanto se interpone en su camino. Era su segundo año junto a los grandes del golf mundial, y no se le ocurrió otra cosa que… ¡ganar el Masters de Augusta! No está mal como carta de presentación. 

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Acababa de hacer historia. Se convertía en el jugador más joven (21 años) en conquistar un ‘major’, y además lo hacía con la mayor diferencia de golpes (12). No había hecho más que empezar y ya tenía reservado un hueco entre los grandes. De eso se han cumplido ahora 2 décadas. La canción dice que ’20 años no es nada’, pero durante todo este tiempo han pasado demasiadas cosas para aquel diamante que brillaba con luz propia en el Augusta National Golf Club. Y no todas han sido buenas.

Con 21 años se convirtió en el jugador más joven en alzarse con un 'major', el Masters de Augusta

En una década, el ‘Tigre’ se embolsó nada más y nada menos que 13 ‘majors’ (4 Masters de Augusta, 4 Campeonatos de la PGA, 3 British Open y 2 US Open). El astronómico récord de 18 en poder de Jack Nicklaus parecía un juego de niños para el nuevo icono estadounidense. Woods crecía y crecía no sólo en el plano profesional y deportivo sino en lo económico y en su dimensión como personaje público, idolatrado y envidiado por más de medio mundo. Todo era perfecto en la vida del golfista californiano, más aún cuando en 2004 contrajo matrimonio con la modelo sueca Elin Nordegren.  

Los contratos publicitarios se agolpaban en los despachos de sus asesores, todas las marcas querían asociar su imagen a la de un tipo extraordinario en lo deportivo y en lo personal. Pero no sólo esto redundaba en beneficio de Tiger. El mundo del golf se había revalorizado aún más con su presencia. Los premios eran cada vez mayores gracias a que las firmas comerciales querían estar presentes en un mundo otrora tildado sólo para ricos. Lo que decía Woods iba a misa, hasta el punto de que escribió un libro ‘How I Play Golf’ (Cómo juego al golf) que se convirtió en récord de ventas con más de 1,5 millones de copias. 

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Gesto de rabia de Tiger Woods tras el triunfo en el US Open de 2008.

Ángel caído

Pero todo se fue al traste en 2009. Un año después de conseguir su hasta ahora último major, el US Open de 2008, un ‘accidente de tráfico’ descubrió el lado oscuro en la vida del que muchos consideran mejor golfista de todos los tiempos. Aquel incidente, que nada tuvo que ver con un accidente, vino a demostrar su doble vida. El motivo de que su flamante Cadillac Escalade quedara destrozado fue una discusión con su esposa, que había descubierto las continuas infidelidades en que había incurrido el deportista. El castillo de naipes se venía abajo. La utópica vida de la familia Woods-Nordegren se convertía en pesadilla. 

Esta situación personal, con uno de los divorcios más caros que se recuerdan, unida a unos graves problemas físicos de ‘Tiger’ por culpa de su maltrecha espalda, dieron rienda suelta al declive de la gran estrella. Marcas que ya no querían asociarse a él (había dejado de ser esa persona perfecta que muchos creían), resultados deportivos que no llegaban… El imperio Woods comenzaba a desmoronarse sin que nadie pudiera detenerlo. 

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De ser icono mundial, con una vida perfecta, Tiger Woods ha pasado a ser un juguete roto

El golfista confesó públicamente su grave problema de adicción al sexo, lo que le llevó a la separación, y su intención de someterse a un tratamiento al respecto. Y así fue. Un período de reflexión y de descanso que todos creían necesario para recuperar a ese gran fenómeno que arrasaba un par de años antes.  

Llegamos entonces a 2012. Tiger Woods parece recuperado de los problemas de espalda y ha rehecho su vida sentimental con la esquiadora Lindsey Vonn. El rumbo de la nave parecía enderezado. Tres triunfos en torneos importantes hacían presagiar el retorno de la bestia. Sin embargo, su actuación en los ‘majors’ dejó mucho que desear. A partir de aquí nuevos problemas de espalda y nuevas recaídas en su adicción, daban con el golfista en la lona y esta vez con un más que probable ‘knock out’. 

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Una de sus últimas imágenes públicas tras ser detenido por conducir ebrio

Futuro desalentador

La relación con Vonn dura prácticamente tres años, tiempo que transcurre hasta que la campeona americana descubre el lado más desagradable de Woods. Lo deportivo y lo personal ya no funciona. El ‘Tigre’ ya no es el ídolo de nadie, ni jóvenes ni mayores, que deciden atender a gente como Rory McIlroy, Jordan Spieth, Dustin Johnson o Sergio García, entre otros. Ya nadie llama a su puerta, sus asesores ya sólo gestionan lo acumulado años atrás, porque nada nuevo llega a esos despachos que antes no tenían espacio para acumular tantos contratos. 

La escritora Lorne Rubenstein relata en su libro cómo 1997 cambió la vida del golfista para siempre

En los últimos tiempos, lo único que se sabe de Tiger en los medios de comunicación son escándalos y situaciones realmente embarazosas. Una de las últimas, detenido por la policía conduciendo ebrio, en unas imágenes muy poco edificantes y que ejemplifican lo que muchas veces hemos denominado como ‘el ídolo caído’. ¿Hay esperanza en que esto se revierta en algún momento? En lo deportivo, muchos piensan que ya es imposible verle ganar ya no un ‘major’ sino siquiera un torneo. Y en lo personal, no hay duda que necesita mucha ayuda. 

Y en este momento tan delicado para uno de los tipos más importantes de la historia del deporte mundial, la escritora Lorne Rubenstein ha aprovechado el momento, este 20º aniversario del primer gran triunfo de Woods, para editar un libro en el que cuenta cómo aquel Masters de Augusta cambió la vida de un chico que soñaba con una vida perfecta. Pero es que fama y dinero no siempre son sinónimo de felicidad. 

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