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Los grupos de familias accionistas de El Corte Inglés encadenan cuatro años de disputas, desde la muerte de Isidoro Álvarez en septiembre de 2014.

El Corte Inglés Falcon Crest o El Corte Inglés: las luchas familiares por el control de un emporio

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La principal cadena de grandes superficies encadena cuatro años de guerra abierta entre varios grupos de socios y unas tensiones que no se aplacan con el cese de Dimas Gimeno en la presidencia de la compañía.

Economía

El Corte Inglés, el gigante español de los grandes almacenes del que se ha llegado a decir que genera más del 2% del PIB estatal, ya no es una empresa tan familiar. O, al menos, no tan al uso. O de familias no del todo avenidas. De hecho, los enfrentamientos entre los herederos de los fundadores la han llevado a una situación de crisis que corre el riesgo de cronificarse en el momento menos oportuno para una sociedad que, pese a mantener un volumen de negocio de más de 15.000 millones (con una caída de 2.600 en ocho años) y una plantilla de más de 90.000 personas (dos tercios, mujeres), arrastra una deuda de casi 4.000 millones. 

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El último episodio de la guerra interna entre las familias ha sido el cese de Dimas Gimeno como presidente, que asegura que le echan por ‘levantar las alfombras’, a manos de una mayoría controlada por sus primas Marta y Cristina Álvarez Guil con el apoyo de los directivos históricos que lidera el octogenario Florencio Lasaga para colocar en ese puesto a Jesús Nuño de la Rosa, ex novio de la primera de las mujeres.

La semilla de las tensiones que vive el grupo proceden de la sucesión que el tercer presidente de El Corte Inglés, Isidoro Álvarez (sobrino de Ramón Areces, que a su vez lo era del fundador César Rodríguez), planteó poco antes de fallecer en 2014 en un grupo empresarial en el que, especialmente en su caso, el presidente siempre tuvo un poder, si no absoluto, casi, en el que la presidencia de la cadena era simultánea a la de la Fundación Ramón Areces, que controla el 37,9% de las acciones.

Los casi cuatro tormentosos años transcurridos desde la muerte de Álvarez llevaron el pasado 14 de junio a una inédita situación en la que ni la compañía ni la fundación tienen al frente a un descendiente de los fundadores: Nuño en la primera, en una decisión que Gimeno ha pedido anular en los tribunales, y Lasaga en la segunda.

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La herencia de Isidoro Álvarez

El testamento de Álvarez dividió en dos bloques su cartera del 22,18% de las acciones de El Corte Inglés que controlaba mediante la instrumental IASA: algo más de dos tercios (15,3%) para sus hijas adoptivas Cristina y Marta y un 31% (6,8%) para Gimeno y para sus dos hermanos, María Antonia (madre del expresidente) y César.

En el primer caso, prácticamente libres de impuestos, mientras que los segundos han debido pignorar parte de las participaciones en el Banco Santander (el mismo que controla el 51% de la financiera de la compañía) para obtener los avales con los que la Comunidad de Madrid ha aplazado el pago de algo menos de cien millones de euros.

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Ese reparto generó una presidencia inusualmente débil, ya que combinaba la minoría en IASA frente a sus primas con el hecho de no presidir la Fundación, con lo que su peso real en el accionariado se reducía al poco más del 2% que posee realmente. “Gimeno gestionó la empresa poco tiempo y sin poder, sin los instrumentos necesarios para ejercerlo”, explica Javier Cuartas, autor de “Biografía de El Corte Inglés”, un documentado libro sobre la compañía reeditado en 1992 tras su secuestro en 1991.

Los trapos sucios dejaron de lavarse dentro de casa

Cuando llegó a la presidencia las hostilidades internas entre los herederos habían llegado a tal punto que los trapos sucios dejaron de lavarse dentro de casa. De hecho, la rama Areces-Galán fue expulsada del consejo, acusada de divulgar información interna por haber convocado una rueda de prensa para mostrar su oposición a la entrada en el capital del jeque catarí Hamad Bin Jassim Bin Jaber Al Thani, una operación iniciada antes de fallecer Álvarez de la que se encargó directamente Gimeno.

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La llegada del jeque

Una parte de las familias, entre las que se incluían los García Peña, aunque no fueron tan beligerantes como los Areces-Galán, rechazaban el acuerdo por el que el jeque se hizo, a cambio de un préstamo de 1.000 millones de euros, con derechos para hacerse con el 10% de la compañía este mes de julio y a optar entre ampliar esa posición hasta el 15% o cobrar los intereses de ese acuerdo.

Los motivos para los recelos eran, básicamente, dos. Por una parte, la sensación de que la valoración de la compañía se había hecho a la baja, lo que aparentemente devaluaba las participaciones del resto de socios, que los tribunales se negaron a calcular. Y, por otra, quien llegaba como salvador ante sus problemas financieros era, al mismo tiempo, el único consejero con músculo suficiente como para optar a hacerse con el control de la empresa.

"Siempre hubo muchas discrepancias, pero se resolvían internamente", recuerda Cuartas, para quien los enfrentamientos actuales "son una lucha por el poder, aunque también hay un factor clave de tipo más psicológico: los primos apenas hicieron vida en común, ni siquiera cuando Álvarez adoptó a Marta y Cristina" tras casarse con su madre María José Guil.

Esa boda, celebrada a mediados de los 80, cuando Álvarez ya tenía 57 años y las niñas menos de cuatro, provocó tensiones en la familia, varios de cuyos miembros, especialmente la madre del magnate, mostraron su oposición. Comenzó un alejamiento que sigue hoy, con consecuencias en el seno de la compañía.

"La lucha comenzó tras la muerte de Isidoro Álvarez"

"La guerra actual comenzó tras la muerte de Álvarez, que dejó a la empresa en una situación financiera insostenible, con una deuda de 5.000 millones de euros con la banca", anota Cuartas, para quien el magnate "fue incapaz de resolver la situación, y esa es una de las causas del enfrentamiento".

Las escaramuzas de esta disputa, trufada de demandas y pleitos entre miembros y grupos de la familia, se aceleraron la pasada primavera a partir de la intervención de Gimeno en el World Retail Congress, donde, al apostar por una plataforma digital europea, reventó la alianza que El Corte Inglés, concretamente su consejero delegado Víctor del Pozo, estaba tejiendo con Amazon para colaboraren lugar de competir.

Eso disparó las tensiones e hizo que los directivos históricos de la casa, que reúnen el 6% del capital, se aliaran con las hermanas Álvarez Guil para forzar la salida de Gimeno, apoyada por siete de los diez miembros del consejo, y la llegada de Nuño dentro de una operación en la que resulta clave el control de la Fundación Ramón Areces, socio de referencia de la compañía: pasaría a estar presidida por Lasaga mientras Marta y Cristina entraban en el patronato, la segunda en la recién creada vicepresidencia.

La junta de accionistas decidirá si Gimeno sigue en el consejo de administración

El relevo, sin embargo, no aplaca los focos de tensión de la compañía, en la que el control de IASA se encuentra en los tribunales, y en la que el jeque catarí presiona para que se cumplan las condiciones de su contrato que imponen preparar la salida a la bolsa; algo que, en cualquier caso, no parece probable antes de 2020. Antes de eso, en agosto, la junta de accionistas decidirá si Gimeno sigue en el consejo de administración.

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