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El coordinador regional de IU, Antonio Maíllo. EFE

Andalucía Maíllo opta a la reelección para culminar la confluencia IU-Podemos en Andalucía

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El coordinador regional aspira a un segundo mandato tras superar un cáncer que a punto estuvo de apartarle de la política. Delegará el peso orgánico en otro dirigente para pilotar la negociación con Teresa Rodríguez de cara a las autonómicas de 2019.

España

Después de meses de profunda reflexión, esquivando con ambigüedades la insistente pregunta de los periodistas, Antonio Maíllo ha decidido optar a la reelección como coordinador general de IU Andalucía en la próxima asamblea regional, que se celebrará los días 7 y 8 de octubre en Sevilla. Esa reflexión personal, y las muchas conversaciones que ha mantenido con familiares, compañeros y amigos, han terminado por convencerle para aparcar la idea de abandonar la política y volver a su plaza como profesor de instituto. Ha estado muy cerca de dar ese paso.

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Los miedos y las dudas de Maíllo no eran políticas, sino personales, fruto de una experiencia vital límite tras haber superado un cáncer de estómago. El dirigente cordobés, de 50 años, ha vivido un primer mandato “agotador”: el batacazo electoral de IU en las elecciones andaluzas de 2015 -pasando de 12 a 5 diputados tras la irrupción de Podemos en el Parlamento- coincidió con el diagnóstico del cáncer en plena campaña. Estuvo apartado de la escena política durante meses, sometido a duras sesiones de quimioterapia, hasta que logró doblegar a la enfermedad. Poco a poco ha ido perdiendo el miedo, recuperando fuerza física e ilusión. Su elección final está íntimamente ligada a “la responsabilidad de culminar el proceso de confluencia con Podemos” que él mismo ha empezado, de cara a las elecciones autonómicas de 2019.

La decisión de Maíllo, que comunicó a su equipo el pasado 8 de agosto, ha sido celebrada notablemente por la dirección federal de la coalición de izquierdas. La agrupación de IU en Andalucía es la que más militantes aglutina de España, donde más alcaldías ocupa, y la que más firmemente respalda el proyecto político del líder federal, Alberto Garzón. Por eso su reelección supone también un importante espaldarazo orgánico para Garzón y su apuesta por la confluencia con Podemos, sobre todo ahora que sus críticos discuten en abierto el “papel subalterno de IU dentro de Unidos Podemos”, y amagan con plantarle cara desde dentro con la constitución de un nuevo partido (la plataforma Actúa, liderada por Gaspar Llamazares y el juez Baltasar Garzón).

Maíllo está tan convencido como Garzón de la necesidad de conformar un bloque de izquierdas junto a la formación morada, un “nuevo sujeto político” que supere las siglas de IU y sea capaz de disputarle el poder a Susana Díaz tras 40 años del PSOE en el Gobierno andaluz. Son muchas las personas que en las últimas semanas le habían pedido que repitiese como coordinador regional de IU, empezando por el propio Alberto Garzón, consciente de que la figura del líder andaluz concita un consenso mayor que el de la confluencia con Podemos.

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Dicho de otro modo: Garzón sabe que la continuidad de Maíllo al frente de IU Andalucía es una garantía para el proceso de confluencia en esta comunidad, porque son muchos en su formación los que aún tienen “dudas y recelos” respecto a la alianza con Podemos, pero defenderán la hoja de ruta en tanto Maíllo siga al frente de la federación andaluza. El actual coordinador regional se queda para afianzar esa “cohesión dentro de IU” y, al igual que hizo Garzón, su candidatura en la próxima asamblea regional irá ligada estrechamente a ese arriesgado y vertiginoso proyecto político: superar la marca IU y fusionarse con Podemos y otros actores de la izquierda.

Es el mismo propósito que el de la líder de la formación morada, Teresa Rodríguez. Los dos partidos han dado pasos hacia el mismo objetivo, pero la confluencia aún está verde porque de momento actúan por separado, y sus debates internos son paralelos, cuando no discordantes. Podemos, por ejemplo, soliviantó a los dirigentes comunistas cuando exigió a IU que se saliera de los ayuntamientos andaluces donde gobierna con el PSOE como condición para sellar la confluencia. Este planteamiento hace prever que la unidad Podemos-IU se hará a escala regional, pero no se exportará a los municipios, donde los partidos ligados a la formación morada han nacido precisamente de una crisis interna dentro de IU.

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El futuro de IU dependerá del éxito electoral de 2019, y también el futuro del propio Maíllo. Tras las autonómicas, se convocará una asamblea extraordinaria para hacer balance de los resultados obtenidos, un proceso no estatutario similar al que se convocó en diciembre de 2014 para evaluar el papel de IU dentro del Gobierno de coalición con el PSOE en el ecuador de la pasada legislatura. Esa asamblea será determinante para evaluar la etapa de Maíllo al frente de IU, desde que accedió a la coordinación regional en junio de 2013.

Una suerte de bicefalia

Maíllo ha luchado contra miedos personales para optar a la reelección, pero también admitía reticencias políticas: casi todos en su círculo próximo saben lo mucho que le “incomoda” y lo poco que le gusta esa parte de la política que tiene que ver con el debate interno de su formación, las fricciones orgánicas, la llamada política partidista, las cuitas entre dirigentes y exdirigentes que precisamente están acentuándose en la antesala de la asamblea regional.

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Precisamente por esto, la candidatura del dirigente cordobés trae consigo un nuevo reparto de poderes y de responsabilidades que el coordinador regional ha puesto como condición para repetir en el cargo: Maíllo quiere ceder gran parte de la responsabilidad orgánica en su futuro número dos, que ejercerá como coordinador regional bis, mientras él se mantiene al frente del grupo parlamentario y pilota las negociaciones con Teresa Rodríguez para llevar la confluencia con Podemos a buen puerto. Se trata de una estrategia ad hoc, muy sui generis, porque no tiene encaje en los estatutos de IU. En la práctica se abrirá una especie de bicefalia (término que no le gusta demasiado) entre Maíllo y la persona de confianza en quien delegue el peso orgánico.

Se trata de un esquema sin precedentes en la historia de IU que comporta un cierto riesgo ante terceros debido al cruce de voces y legitimidades entre las dos figuras que van a representar a la formación. Maíllo ejercerá como líder “simbólico” de la coalición de izquierdas, será el líder hacia fuera, pero estará “protegido” de los líos internos por otros miembros de su futura ejecutiva, singularmente al próximo secretario de Organización de IU, cuyo nombre aún no está decidido. El actual número dos, Toni Valero, ha declinado repetir en el cargo por razones personales.

Hasta ahora, Valero había ejercido sus funciones como secretario de Organización a tiempo parcial, dada su condición de profesor interino que le impedía estar liberado y dedicarse al 100% al partido. Esto es algo común en la actual ejecutiva de Antonio Maíllo y una diferencia fundamental con la directiva anterior: ninguno de sus miembros, excepto el propio coordinador regional, está liberado al 100%, porque IU no se lo puede permitir económicamente, dados sus problemas financieros (aún soporta una deuda de dos millones de euros heredada de la gestión anterior). La situación no ha cambiado, de modo que es previsible que la gestión puramente orgánica de IU no recaiga en una sola persona -aminorando así los riesgos de una bicefalia- sino en varias.

Maíllo relevó en la coordinación general de IU en Andalucía a Diego Valderas, que dejó el cargo después de 13 años. Fue elegido hace poco más de cuatro años con el 83,80% de los votos a favor y ninguno en contra. El 16,19% restante fueron abstenciones correspondientes a los representantes de la candidatura crítica que lideró la concejal de Carmona (Sevilla) Encarnación Milla. El PSOE de Susana Díaz interpretó el ascenso de Maíllo -y el de Alberto Garzón- como una radicalización de IU, y un año y medio después rompió el pacto de Gobierno que le unía a los comunistas y adelantó las elecciones a marzo de 2015. La coalición de izquierdas se vio fuertemente resentida por la irrupción de Podemos en la arena política andaluza -la primera comunidad donde concurrieron a las urnas- y pasó de ser parte de un Gobierno de coalición con el PSOE y tener 12 diputados en el Parlamento a quedar reducida a cinco parlamentarios, fagocitada en gran parte por la formación morada.

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