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Día da Patria Galega en Santiago, plaza da Quintana.

Galicia El soberanismo gallego agrupa sus fuerzas en una nueva plataforma para reclamar el derecho a decidir

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Medio centenar de fundaciones y organizaciones sociales ponen en marcha Vía Galega, que al igual que la Asamblea Catalana y Ómnium pretende desarrollar en la ciudadanía la conciencia nacional y el derecho a la autodeterminación

España

Medio centenar de fundaciones sociales y culturales y de asociaciones ciudadanas vinculadas al nacionalismo gallego han acordado la puesta en marcha de Vía Galega, una plataforma de carácter soberanista que tiene como objetivo expandir la conciencia social sobre el carácter de Galicia como nación con derecho a ejercer libremente su autodeterminación. La organización, en la que no participa directamente ningún partido político pero entre cuyos impulsores sí hay nombres relevantes de la política gallega, tiene como referencias a la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y a Ómnium Cultural, sobre las que se apoyó buena parte del ascenso del independentismo en esa comunidad.

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Las asociaciones fundadoras acordaron la puesta en marcha de Vía Galega en una reunión celebrada el pasado 20 de enero en la sede en Santiago de la Confederación Intersindical Galega (CIG), el sindicato nacionalista de clase que también participa en la plataforma a través de su fundación de estudios económicos y sociales. La CIG es la central mayoritaria en Galicia, con casi un 30% de delegados en los comités de empresa frente al 28,2% de UGT y el 25,6% de Comisiones Obreras. También participa indirectamente en Vía Galega, a través de una fundación, la Unión do Povo Galego (UPG), el partido mayoritario de los que forman el Bloque Nacionalista Galego (BNG) y que cuenta con seis diputados en el Parlamento de Galicia.

Pese a las similitudes con la ANC y Ómnium, los creadores de Vía Galega sostienen que su organización no pretende imitar ni parecerse a ellas, sino responder a las características propias del país y a las necesidades de impulsar una conciencia nacional que en Galicia está mucho menos desarrollada que en Cataluña y Euskadi, justo en un momento de crisis y de debate sobre la reformulación del modelo territorial.

Galicia vive un profunda crisis social por su escasa influencia y por la desidentificación de sus propias referencias 

“Tarde o temprano el Estado va a tener que dar una respuesta a esa crisis y hacer una propuesta para revisar las relaciones con Cataluña y el País Vasco. Y Galicia no puede arriesgarse a quedar excluida y no participar con voz propia en ese debate”, apunta Francisco Jorquera, presidente del patronato de la Fundación Galicia Sempre.

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Jorquera, militante de la UPG y diputado en el Congreso por el Bloque Nacionalista, formación de la que fue portavoz nacional y candidato a la presidencia de la Xunta, alerta de que Vía Galega “no nace con voluntad de representar al nacionalismo gallego”. Y destaca que está abierto incluso a quienes, sin declararse nacionalistas, participen también de la idea de que Galicia vive un profunda crisis social por su escasa influencia y por la desidentificación de sus propias referencias en el terreno cultural, pero también en el político, en el económico y en el social.

“Tenemos a un presidente [Alberto Núñez Feijóo] que se ha aplicado a sí mismo el artículo 155 renunciando no ya a reclamar la transferencia de más competencias de gobierno, sino renunciando a gestionar y delegando las que ya tiene. Se está produciendo un desmantelamiento acelerado de sectores productivos clave con un descenso alarmante de la población activa, a la que ya supera la suma de parados y jubilados; y sufrimos una crisis demográfica profunda que se ha agravado con la reactivación del fenómeno de la emigración de población joven”, afirma.

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Corriente de pensamiento propia

El nacionalismo gallego se conformó como corriente de pensamiento político y social en el siglo XIX, aunque su referente simbólico son las Revueltas Irmandiñas de 1467 y 1469, los mayores levantamientos populares que hubo en Europa en el siglo XV. El BNG, fundado en 1982 en torno a la UPG y que agrupó a una nutrida constelación de formaciones soberanistas y galleguistas de izquierda que habían sobrevivido en la clandestinidad durante la dictadura, monopolizó el voto nacionalista durante los últimos tres decenios hasta la escisión en el 2012 de parte de su militancia, que se reagrupó en Anova.

Ese partido, liderado por la figura de Xosé Manuel Beiras, se alió con Podemos y las Mareas en las últimas elecciones autonómicas. La formación resultante, En Marea, logró convertirse en la segunda fuerza política de Galicia, por encima del PSOE y con el BNG relegado a la cuarta posición con el 8,3% de sufragios.
Esa división, así como la volatilidad del voto nacionalista –el BNG llegó a tener el 25% de apoyo electoral en 1997- y la existencia de un mercado de medios de comunicación que no responde a la pluralidad ideológica del país, complica la tarea de evaluar el sustento social que podría recabar Vía Galega y equiparar su potencial influencia a la que hoy tienen Ómnium y la ANC.

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El 91% de la población gallega sabe hablar gallego, frente al 85% de catalanes que saben hablar catalán

El porcentaje de gallegos que saben hablar gallego es notablemente superior al de catalanes que saben hablar catalán y al de vascos que saben expresarse en euskera (el 91% frente al 85% y el 53%, respectivamente, según las cifras del Plan Xeral de Normalización Lingüística de la Xunta, del Informe de Política Lingüística de la Generalitat y de la Encuesta Sociolingüística del Gobierno vasco). Pero en los quioscos, con una oferta de diez cabeceras en castellano, no se ofrecen diarios en gallego desde la desaparición de Xornal de Galicia, el único medio redactado mayoritariamente en esa lengua y que cerró su edición de papel y su versión web en el año 2011.

En Internet, las referencias son los digitales Praza Pública y Sermos Galiza. Este último, con 140.000 usuarios únicos, edita también un semanario y prevé sacar un diario de martes a sábado en el 2019. Sermos fue el único medio que prestó atención a la conformación de Vía Galega, que se inició a finales del año pasado y que no ha concitado el interés de ninguna otra cabecera de relevancia.

Su director, Xosé Mexuto, coincide en que “el españolismo ha rehegemonizado el mercado de los medios gallegos”, que contribuyen a transmitir a la opinión pública la idea de que “Galicia es un territorio formado por cuatro provincias españolas, y no una nación que tiene derecho a autogobernarse”. Mexuto admite que no se pueden hacer comparaciones entre el grado de conciencia nacional adquirido por la sociedad catalana y el de la gallega, pero advierte de que el procés ha demostrado que “la gran división que se da hoy en el Estado español es la que gira en torno a la formulación territorial”. “El modelo del 78 está en derribo, y la alternativa está en el nacionalismo”, señala.

O Diario Galego, el periódico en papel que la editora de Sermos pretende poner en los quioscos el año que viene con la ayuda de buena parte de las editoriales de la comunidad en ese idioma, y si consigue asegurarse al menos 3.000 suscriptores individuales, no está vinculado a Vía Galega ni pretende convertirse en voz del soberanismo. Según señala Xoán Costa, presidente del Consejo de Administración “es un proyecto colectivo que nace de un compromiso social”. “No nos definimos como medio nacionalista gallego, sino como medio de intereses gallegos”, subraya.

Lucha de clases: el Banquete de Conxo

Los impulsores de Vía Galega planean presentar oficialmente la plataforma con un acto el próximo 3 de marzo en Santiago. La idea es hacerlo en el barrio de Conxo, para conmemorar el Banquete de Conxo de 1856. Entonces, un grupo de estudiantes compostelanos de clase alta próximo al ideario galleguista irritó a los poderes fácticos de Galicia al celebrar una comida de solidaridad y apoyo a los trabajadores en los que ellos hacían de cocineros y camareros sirviendo los platos a obreros y artesanos, en lo que se consideró un símbolo de su concienciación en la lucha de clases.

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