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Feijóo en un quirófano del Hospital Álvaro Cunqueiro.

Sanidad en Galicia “Al PP de Feijóo da la impresión de que la sanidad pública sólo le interesa como negocio”

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El cirujano y nuevo presidente de Batas Blancas, Evaristo Varo, afirma que el presidente gallego "quería aparecer ante España como el alumno aventajado de las recetas anticrisis y ha aprovechado para hacer unos recortes inasumibles".

España

Evaristo Varo llegó a Galicia hace veinticinco años para poner en marcha el programa de trasplante hepático en el hospital Clínico de Santiago, y desde entonces ha salvado centenares de vidas.

Es uno de los representantes de esa generación de médicos que contribuyeron a levantar el sistema público de salud en Galicia en los años noventa, y que siguen defendiéndolo hoy a pie de quirófano pese a las represalias políticas que padecen por denunciar los efectos de los recortes y las privatizaciones ordenadas por el Gobierno de Alberto Núñez Feijóo.

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Varo, que hace unos años denunció la negativa del Servicio Galego de Saúde (Sergas) a proporcionar el tratamiento que necesitaban varios de sus pacientes de hepatitis C, algunos de los cuales murieron esperándola, sufrió esas represalias en primera persona.

Evaristo Varo, cirujano y presidente de Batas Blancas.

Le arrebataron su plaza con una oposición que los tribunales declararon amañada y que ganó el marido de la ex conselleira de Sanidad de Feijóo, lo expedientaron por tratar a una paciente de cáncer, le abrieron varias auditorias cuando él nunca ha tenido consulta privada...

Varo es una reconocida eminencia en su especialidad. Es presidente fundador de la Sociedad Española de Trasplante Hepático, catedrático de Cirugía y profesor titular de Cirugía y Trasplantes de la Universidad de Santiago. Ha dedicado toda su carrera profesional a la sanidad pública, y desde este martes, el mismo día en que el PP ha sacado adelante en el Parlamento de Galicia su contestada reforma sanitaria, sucederá a otro cirujano, José María Borro, en la presidencia de la Asociación Batas Blancas.

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Me pidió que le diera un rato antes de la entrevista porque aún no había comido. Eran las cinco y media de la tarde. ¿Cómo es eso?

Tuvimos una cirugía muy larga y muy compleja, con un paciente que ya había sido trasplantado una vez. Fue todo bien, pero son intervenciones que te exigen mucho físicamente. Antes no lo notaba tanto, pero tengo 62 años y ahora el cuerpo me pide descansar.

Me han contado que hace dos semanas hizo usted dos trasplantes casi seguidos en el mismo día.

Sí es verdad. Tenemos una lista de espera muy larga y hay que hacerlo, no queda otro remedio.

¿Sus jornadas de trabajo siempre son así?

Si, desgraciadamente. Y digo desgraciadamente no porque no me guste mi trabajo, evidentemente, sino porque cada vez somos menos. No hay relevo generacional. La administración sanitaria no se está preocupando de formar a gente joven para que ingrese en el sistema.

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¿Lo dice en general o se refiere a la administración sanitaria de Galicia?

Me refiero a Galicia. Cuando vuelvo a Córdoba, veo que en Andalucía sí se han preocupado de hacer esa transición, con gente joven que no sólo toma el relevo de lo que hacemos los más mayores, sino que, además, inyecta ilusión y ganas en los hospitales. Pero aquí no son conscientes de eso, ni de que lo importante no sólo es mantener los programas que ya están implantados, sino mejorarlos. Y se mejora cuando hay gente joven que transmite esa ilusión y esas ganas.

¿Los pacientes son conscientes del esfuerzo que hacen los médicos, o su imagen en la sociedad también se ha deteriorado por el bajón en la calidad asistencial que han supuesto los recortes?

Sí, los recortes también han pasado factura a nuestra imagen. No sólo a la de los médicos, sino a la de todos los profesionales sanitarios, incluso a los especialistas con conocimientos específicos en determinadas técnicas, a lo que, por cierto, se tarda mucho en formar.

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¿Cómo han notado ustedes esos recortes?

En todo. Hasta nos falta material en el quirófano. Hace una semana se estropeó un separador quirúrgico que usamos en los trasplantes. Tiene seis valvas, seis dispositivos para separar las fibras del órgano. Se estropearon dos de ellas y aún no se han repuesto. Ese separador cuesta 30.000 euros, lo compré yo hace doce años a través de la asociación y lo doné al hospital. Los recambios valen unos 2.000 ó 3.000 euros, pero ni se han arreglado las piezas que están estropeadas, ni han comprado otras nuevas.

¿De la asociación? ¿Se refiere a Batas Blancas?

No, a la Asociación para la Promoción y el Desarrollo de la Cirugía y el Trasplante de Órganos, es una organización que creamos un colectivo de compañeros. Vamos sacando dinero de conferencias y de investigaciones y así financiamos la compra de material, la formación de gente joven... La biblioteca del servicio, casi todos los libros y las revistas, las hemos adquirido a través de la asociación, y ahora vamos a pagar con ese dinero la inscripción de una compañera hepatóloga en el Congreso de la Sociedad Internacional de Trasplante de Donante Vivo en Lisboa.

¿De verdad que el Sergas no les arregla ese aparato?

Pues no. Y eso me cabrea mucho. Porque es un material que nos obliga a trabajar más porque nos permite hacer mejor las cosas, pero no disponer de él aumenta el riesgo para el paciente en una operación.

¿Tiene más problemas con el material?

Por ponerle un ejemplo, no sé dónde compran el hilo de sutura y las agujas, porque se rompen y estamos constantemente mirando a ver si es un problema con la fecha de caducidad. Pero no. Tampoco disponemos de otros tipos de suturas que necesitamos.

¿Y cómo pueden trabajar sin medios o con material de poca calidad?

Descorazona mucho. Te va rascando y rascando por dentro. De hecho hay un ambiente muy grave de desilusión, no sólo entre los médicos y cirujanos, sino en general entre todo el personal sanitario.

No sé si acierto con la fecha, si es así, corríjame por favor. Pero, ¿todo esto es desde que gobierna Feijóo, desde el 2009, o ya lo había visto antes?

Mire, no me caracterizo ideológicamente por ser una persona próxima al PP. Pero le diré una cosa. Todo esto, con Fraga no ocurría. Sólo estuve con él tres ocasiones, y en dos de ellas fue muy grosero con la gente de su equipo. Así que no es una persona con la que me identifique, ni comparto sus ideas, ni su forma de tratar a los demás. Ni mucho menos. Pero con él no sucedía esto. Fraga defendía a Galicia a muerte. Y a este PP que se las da de renovador y de pseudojoven, y que en el fondo no lo es, la sanidad pública le da igual. Da la impresión de que sólo le importa como negocio. Feijóo quería aparecer ante España como el alumno aventajado de las recetas anticrisis y ha aprovechado para hacer unos recortes inasumibles. ¿Que había que reducir el presupuesto? Tal vez. Pero no con el coste desmedido que eso ha tenido sobre la sanidad. E incluyo aquí los recortes en formación y en educación. Hemos perdido el 50% de los profesores numerarios de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago, que es la más grande de España. Y ese profesorado es su masa crítica, lo que le da calidad a la enseñanza que se imparte en la Universidad.

Feijóo se inició en política a través de la sanidad pública, fue secretario general de la Consellería de Sanidade en la época en que Fraga y Romay empezaron a montar el sistema gallego de salud. ¿Por qué cree que han cambiado tanto las cosas?

Feijóo no tenía poder efectivo en aquella época. Era un cargo de segunda línea. Estaba de paso, viendo cómo podía promocionar su carrera política. Yo creo que fue su relación con Mosquera [Rocío Mosquera, ex conselleira de Sanidade, vinculada a varias empresas de la sanidad privada y hoy gerente de Galaria, la sociedad pública que gestiona el gasto sanitario] la que le hizo pensar que la sanidad pública podía ser un negocio. Que allí había dinero.

¿Por qué la contestación social a los recortes y a la privatización ha sido tan limitada en Galicia?

Es verdad que en otras comunidades ha habido más repercusión, como con las mareas blancas de Madrid. Pero aquí Mosquera tuvo que dimitir porque en Vigo salieron a la calle 200.000 personas para decir que ya estaba bien de jugar con su salud con la privatización de servicios del nuevo hospital, con un modelo de financiación pública que tenía un presupuesto de 500 millones y que acabó costando 1.500 millones cuando se modificó para convertirlo en un proyecto de colaboración público-privada.

Pero muchas veces parece que los pacientes no se atreven a protestar, o al menos a exigir que se respeten sus derechos.

El enfermo no tiene la culpa de lo que pasa. Es verdad que no siempre se da la guerra que se debería dar, pero no son los usuarios de la sanidad los que tienen que sufrir las consecuencias de una mala gestión del sistema. Somos los profesionales los primeros que tenemos que plantarle cara a eso.

¿Cómo le afectó personalmente la muerte de pacientes suyos de hepatitis C a los que el Sergas les negó el tratamiento que les había prescrito?

Jamás pensé, y lo diré en sede judicial, que la vida y la muerte de esas personas estaba separada por un río: el Eo, que separa a Galicia de Asturias. Allí te daban una pastilla que te salvaba la vida, y aquí, no. Ese ha sido el mayor palo de mi vida. La investigación de la Policía Judicial ha llevado a la Fiscalía a pensar que existen varios delitos de homicidio por los que pide para dos responsables del Sergas cuatro años de cárcel y diez de inhabilitación. Y no le deseo mal a nadie, pero esto tiene que tener consecuencias penales para que no se repita. Que cualquier político, sea del PP, del PSOE, de Ciudadanos o de Podemos, me da igual, sepa que no se puede actuar de esa forma, porque si se actúa así, se puede ir a la cárcel.

¿Y cómo le afectó que le dieran su plaza al marido de la ex conselleira Mosquera, con una oposición que los tribunales anularon al considerarla amañada?

Que ella aprovechara su cargo para promocionar a su marido a costa de quien le había formado, me hizo muchísimo daño

Su marido, Manuel Bustamante, era una persona a la que yo había formado y con la que me unía cierta relación de amistad. Rocío y él habían venido a mi casa, mi mujer y yo a la suya... No era una amistad de toda la vida, yo llegué a Galicia con 37 años y a los amigos de verdad los dejé en Córdoba y en Sevilla. Pero los dos me conocían, a mí y a mi familia, los dos sabían lo que habíamos luchado por poner en marcha este servicio... Que ella aprovechara su cargo para promocionar a su marido a costa de quien le había formado, me hizo muchísimo daño. Fue un daño moral personal muy grande, es verdad.

¿Alguien le ha pedido disculpas por todo aquello?

¿De este Gobierno? No. Del anterior sí, algunas personas me han expresado su desacuerdo con lo injusto e inmoral que fue todo.

¿Y represalias?

Bustamante sigue teniendo su plaza. Y a mí, después de recurrir la oposición, me abrieron expediente por operar a una paciente de carcinomatosis.

¿Le expedientaron por operar a una enferma de cáncer?

Era de nacionalidad portuguesa y pertenecía al área sanitaria de A Coruña, y no a la de Santiago. Pero yo ni siquiera lo sabía porque fue la administración sanitaria la que la envió a nuestro servicio. En todo caso, sería responsabilidad del servicio de admisión. Yo sólo hice mi trabajo. Era una mujer con un tumor muy avanzado en el útero y su vida corría peligro.

¿Le sancionaron?

No. Me tuvieron seis meses en vilo, con tres inspectores del Sergas revisando el caso. Y eso que no eran competentes para hacerlo porque yo no soy personal estatutario del Sergas. Mi patrón es la Universidad, que es la que paga mi nómina, así que cualquier expediente laboral lo tendría que haber abierto la Universidad, y no el Sergas. Luego hicieron dos auditorías de la Unidad de Trasplante Abdominal, que cerraron sin siquiera informarme del resultado, ni hacer público que todo se hacía correctamente. Uno de los auditores hasta me pidió disculpas. “Esto ya sabes por lo que es”, llegó a decirme.

Oiga, pero usted es una referencia internacional en su especialidad, podría trabajar donde quisiera. ¿No le han dado ganas de tirar la toalla?

No, claro que no. Yo no me rindo. Ya le digo que los profesionales de la sanidad somos los primeros que tenemos que defenderla.

Lo de asumir la presidencia de Batas Blancas va en esa línea.

Intentamos denunciar todas aquellas situaciones que no sean sólo alegales o ilegales, sino reprobables desde un punto de vista ético. Nos llegan constantemente denuncias de situaciones particulares y tratamos de orientar a los pacientes para que puedan defenderse. Nos diferenciamos de otras asociaciones que defienden una sanidad pública de la máxima calidad en que nuestros miembros son profesionales sanitarios. Pero nos complementamos con ellas y las apoyamos.

Usted reemplaza a un compañero, el cirujano torácico José María Borro, con una trayectoria similar a la suya. Llegó a Galicia para poner en marcha programas sanitarios que salvaron decenas de vidas pero también sufrió represalias por defender la sanidad pública y por denunciar a quienes hacían negocio con ella en el hospital de A Coruña.

José María fue la persona que nos ilusionó para crear Batas Blancas. Fue el motor y el pegamento que nos fue uniendo a todos cuando empezaron a pasar estas cosas. Más allá de la amistad, tengo por él una profunda admiración profesional, porque en su especialidad es un líder a nivel internacional. Lamentablemente, la Xunta no ha estado a su altura y no ha sabido reconocer ni valorar todo lo que ha hecho por la sanidad de este país. Yo sí le felicito y le doy las gracias.

Antes me decía que la administración sanitaria no se preocupaba de formar gente joven. ¿Qué va a pasar con el sistema si los médicos jóvenes que llegan a él se dan cuenta de que su carrera en la sanidad pública no depende de su profesionalidad ni de su empeño en defenderla, sino de sus relaciones con el poder, sus amistades o su filiación política?

Es un problema, claro. Creo que con nuestra generación se van a perder muchas cosas

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