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La primera ministra noruega, la conservadora Erna Solberg (izq.), junto a su socia de Gobierno, Siv Jensen, del populista de ultraderecha Partido del Progreso.- REUTERS

Noruega decide si da otra vuelta de tuerca a la política antimigratoria de la ultraderecha

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El lunes se celebran las elecciones en el país nórdico, donde gobierna desde 2013 una coalición de conservadores y populistas de ultraderecha. No sólo han endurecido sus políticas de asilo y refugio en un país referente en la materia, sino que han conseguido colocar la inmigración en el centro del debate nacional.

Internacional

Noruega celebra este lunes sus elecciones parlamentarias, unos comicios que, más allá de decidir si continúa en el poder la coalición entre conservadores y ultraderechistas, también servirán para analizar si el discurso antinmigración sale reforzado en Europa tras la crisis de los refugiados y el aumento de llegadas de personas migrantes a través del Mediterráneo Central.

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Las del país nórdico representan el pistoletazo de salida para un año de comicios parlamentarios en el viejo continente. Dos semanas después llegarán las de Alemania, seguidas de las de la República Checa, Francia, Reino Unido y Holanda. Y todas tienen un denominador común: un discurso antinmigración más o menos suavizado que cada vez es utilizado por más partidos políticos de diferentes espectro ideológico, no siempre de corte ultra o conservador.

El caso noruego es representativo, ya que desde 2013 gobierna una coalición conservadora-ultraderechista en un país rico, de larga tradición democrática, comprometido con la ayuda humanitaria y la cooperación al desarrollo y de mayoría social progresista. El Partido Laborista, el centro-izquierda socialdemócrata (Arbeinderpartiet), ganó las últimas elecciones obteniendo 55 escaños. Pero la victoria no fue suficiente. El Partido Conservador (Høyre) consiguió 48 diputados, que unidos a los 29 obtenidos por el ultraderechista Partido del Progreso (FrP), y con el permiso del Partido Liberal y de los Cristiano Demócratas, fueron suficientes para armar un gobierno en coalición. Los laboristas, tras las dos últimas legislaturas, perdían el poder en un momento de éxodo masivo de inmigrantes y refugiados desde África y Oriente Próximo hacia Europa, en concreto, hacia el norte de Europa, mucho menos golpeada por la crisis económica de 2008.

Fue la primera vez que un partido de este corte ideológico llegaba al poder en Escandinavia. El FrP había perdido 12 escaños en 2013 y quedó relegado a la tercera posición, cuando habían logrado mantenerse como segunda fuerza política de Noruega hasta las elecciones de 2009, siempre en la oposición. Acusaron el desgaste por los atentados perpetrados en 2011 por Anders Behring Breivik, militante de su partido, cuyas dos matanzas justificó como “atroces pero necesarias en la cruzada contra las políticas liberales de inmigración y la expansión del Islam”. Aunque fue repudiado y condenado por el FrP, el estigma pasó factura dos años después.

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De antisistema a antinmigración

Lo que comenzó en 1973 como un movimiento de protesta contra subidas de impuestos, desde hace años ha hecho de la xenofobia su arma política, unido a un discurso populista conservador y nacionalista que considera la inmigración y, más en concreto, el Islam, como una amenaza para la cultura y el Estado del bienestar del país.

En Noruega viven alrededor de 700.000 inmigrantes. 159.000 ya han nacido en Noruega de padres inmigrantes. No parece un gran número, pero teniendo en cuenta que la población es de cinco millones de habitantes, éstos han alcanzado el 16,8% de la población total. Precisamente, el Gobierno de la primera ministra, la conservadora Erna Solberg, concedió los ministerios más sociales a su socio ultraderechista: Infancia e Igualdad, Inmigración e Integración, Pesca, Agricultura y Alimentación, Petróleo y Energía, Justicia y Seguridad Pública, Economía, y Transporte y Comunicaciones.

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Noruega recibió en 2015 más de 31.000 solicitantes de asilo,tres veces más que en  2014

“Todo ha sido un proceso muy normal. La extrema derecha ha existido en Noruega y con representación en instituciones desde los 70”, explica Ana González-Páramo, experta en asuntos europeos e investigadora de la fundación porCausa. “Hoy, los grupos tradicionales de ultraderecha han pasado a nuevas formas de populismo económico y político. El discurso antinmigración ha calado por el miedo generado a lo largo de esta década marcada por una crisis económica nacional derivada de la caída de los precios del petróleo”, una de las mayores riquezas de Noruega, subraya la experta, y añade que la oleada de refugiados desatada en 2015 fue la palanca para acometer cambios legislativos restrictivos para la inmigración.

Noruega recibió en 2015 más de 31.000 solicitantes de asilo, una cifra récord para un Estado que, en 2014, había recibido tres veces menos peticiones. En ese contexto, el Ministerio de Inmigración e Integración, en manos del ultraderechista Partido del Progreso, llevó al parlamento una reforma de la Ley de Asilo que restringía las condiciones para ser reubicado en el país y dificultaba la llegada y, a veces, la permanencia de menores extranjeros no acompañados, así como la reagrupación de familias de refugiados. Hay que tener en cuenta que este giro se produce en un país que, sin pertenecer a la UE, decidió voluntariamente participar en el programa de reubicación y acogida de demandantes de asilo procedentes de Siria puesto en marcha por Bruselas hace dos años, y sus cotas de acogida están a años luz de, por ejemplo, las españolas.

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Un refugiado afgano (i) y un paquistaní (d) esperan cerca de la localidad rusa de Kuoloyarvi a poder cruzar la frontera con Finlandia, que junto a Noruega, bloqueó la ruta del Ártico en 2016 - AFP

El resultado de estas políticas ha sido un descenso en el número de acogidas desde 2015 que el Partido del Progreso vende como un “éxito” propio y del actual Ejecutivo. “Desde que este partido entró en el gobierno no sólo se han aplicado políticas antinmigración, sino que ha conseguido que esas ideas calen en otros partidos”, afirma González-Páramo.

Incluso elPartido Laborista, crítico con la ley, acabó apoyando las restricciones para acoger refugiados

El claro ejemplo es este pacto de Estado por la inmigración, que recibió el apoyo de todos los partidos en el Parlamento a excepción de Partido Socialista de la Izquierda y del Partido Verde. Incluso los laboristas, pese a criticarlo, acabaron por aceptarlo con algunas enmiendas. También tuvo el respaldo del Partido de Centro, de los cristiano demócratas y de los liberales.

Las estrategia del 'poli bueno y poli malo'

Desde hace una década, el FrP ha conseguido instalar en la opinión pública el tema del la inmigración y del multiculturalismo y asociarlo al deterioro de la cultura, la identidad y las prestaciones sociales del país. Sobre todo ha usado el discurso islamófobo como caballo de batalla, cuando los musulmanes apenas representan un 4% de la población. “Ahora en el Gobierno y desde el ministerio de inmigración e integración, sus mensajes ganan mucha más repercusión y trascendencia en medios y redes sociales y, por tanto, condicionan la opinión pública”, asevera González-Páramo, lo que obliga a otros partidos a tenerlo en cuenta, debatir sobre ello y posicionarse. “El partido conservador no es precisamente proinmigración, pero le viene muy bien la estrategia del ‘policía bueno y el policía malo’. Deja que FrP lance mensajes islamófobos intolerables que los conservadores luego suavizan, pero preparan el terreno para cambios legislativos en esa dirección”, añade la analista.

"Aquí comemos cerdo, bebemos alcohol y mostramos nuestro rostro", dijo la ministra de Inmigración e Integración

Ejemplos no faltan de ello. La ministra de inmigración, Sylvi Listhaug, ha destacado durante la legislatura por afirmaciones polémicas. "Aquí comemos cerdo, bebemos alcohol y mostramos nuestro rostro. Quien viene aquí debe cumplir los valores, leyes y regulaciones noruegas", escribió en redes sociales antes de la Conferencia Nacional de Integración.

La ministra noruega de Inmigración e Integración se lanza al Mediterráneo para "sentir lo mismo que los refugiados".

También se hizo célebre por viajar hasta el Mediterráneo para intentar lavar la mala imagen que se granjeó por expulsar a Rusia a refugiados sirios que llegaron a Noruega por la ruta del Ártico, en pleno invierno y a 30º bajo cero. Listhaug dijo que quería “sentir lo mismo” que un refugiado que se lanza al mar para alcanzar Europa. En marzo viajó hasta la isla de Lesbos (Grecia) y se arrojó al agua. Eso sí, en un traje de buzo, impermeable y de última generación. Recibió fuertes críticas por esta acción, pero su Ley de Asilo se aprobó pocos meses después y entró en vigor el pasado julio. Con esa votación, casi todos los partidos asumieron tácitamente otra célebre frase de la ministra ultra: "Jesucristo se preocupaba de que ayudáramos a tantas personas como sea posible. En Noruega ya no es posible atender a más".

Posible reedición del actual Gobierno

La coalición no tiene por qué reeditarse después de este lunes, pero los sondeos aventuran que el Partido Laborista no recuperará los escaños que perdió en las anteriores elecciones. De hecho, puede seguir perdiendo apoyos aunque sean la fuerza más votada. El Partido Conservador está sacando rédito de ser la parte “más cuerda” de la coalición de gobierno y se acercan en votos a los laboristas, mientras que a los utraderechistas del Partido del Progreso parece que no les va a pasar factura su papel en el Ejecutivo. Todo dependerá de los apoyos de otros partidos como Los Verdes, el Centro o los liberales, pero la posibilidad de que los conservadores vuelvan a confiar en los ultraderechistas es una opción más que posible, lo que podría significar otra vuelta de tuerca al discurso y a las medidas contra la inmigración.

"Una de las proposiciones del FrP ha sido la de renegociar convenciones de Derechos Humanos ratificadas por Noruega en cuanto a asilo y refugio. Reclaman más restricciones y endurecimiento de las leyes. Aunque el Partido Conservador lo ha negado, todo dependerá de los resultados y de las posibilidades de acuerdos para formar Gobierno", apunta González-Páramo.

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