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El rey Salman de Arabia Saudí y el exprimer ministro de El Líbano, Saad Hariri. REUTERS

Oriente Próximo Líbano, el nuevo foco de conflicto bélico en Oriente Próximo

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A las guerras de Siria, Yemen e Irak podría sumarse otra en Líbano, contra Hizbolá. Esto lo sugieren varios medios de la región, incluidos libaneses, que ven con preocupación la beligerancia del hombre fuerte saudí, el príncipe heredero Mohammad bin Salman, y su alianza con Israel contra Irán.

Internacional

Recientemente un destacado príncipe saudí, Abdulaziz bin Fahd, fue arrestado por divergencias con el gobierno de Riad tocantes al conflicto palestino-israelí. Aunque pasó desapercibida en Occidente, su detención puede estar directamente relacionada con las grandes tensiones que estos días experimenta Arabia Saudí.

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El hombre fuerte del reino, Mohammad bin Salman, hijo del rey Salman, está llevando a cabo una política muy beligerante en distintos frentes, y el pasado sábado ordenó la detención de decenas de altos funcionarios, once príncipes (primos hermanos del propio Bin Salman) y cuatro ministros de su gabinete.

Las detenciones se practicaron mientras el primer ministro de Líbano, Saad al Hariri, presentaba su dimisión de manera sorprendente en Arabia Saudí y no en Líbano, una dimisión que todavía no ha sido aceptada por el presidente de Líbano pero que parece definitiva y abre una nueva crisis en ese pequeño país.

Pocas horas después de la dimisión de Hariri, se disparó un misil balístico desde Yemen contra Riad que fue abatido por las defensas saudíes antes de llegar a su destino. Las autoridades de Riad han acusado a Irán de proporcionar el misil (aunque no han aportado pruebas) y a Hizbolá de lanzarlo desde territorio yemení controlado por los houthi.

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Un ministro Saudí, Thamer al Sabhan, ha acusado a Líbano de “declarar la guerra” a Arabia Saudí a través de Hizbolá, y las mismas acusaciones se han dirigido a Teherán desde lo más alto. Estas palabras apuntan a un posible conflicto armado que puede quedarse en Líbano como parte interpuesta por Irán.

Al tono incendiario de los dirigentes saudíes hay que añadir el mismo tono por parte de las autoridades israelíes, con el primer ministro Benjamín Netanyahu a la cabeza. En las últimas semanas Netanyahu y sus segundos han imitado a los saudíes y han puesto el punto de mira en Líbano y en Irán, animando a los occidentales a hacer lo mismo.

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El papel que en todo este embrollo juega Donald Trump no está claro, pero es significativo que el presidente llamara por teléfono al rey Salman sólo unas horas después de que en la medianoche del sábado se supiera de la existencia de la purga palaciega, una purga que no tiene precedentes desde que se estableció el moderno estado saudí hace un siglo.

Los personajes clave en este escenario

Bin Salman y Netanyahu son los personajes clave en este escenario, y los dos mueven los hilos de una manera coordinada, teniendo como objetivo final Teherán, pero implicados a fondo en los distintos conflictos regionales. En el sirio, los saudíes y los israelíes han recibido un serio revés pero todavía tratan de salvar los muebles.

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Israel parece estar jugando con dos barajas al mismo tiempo: la común de Oriente Próximo y la suya propia. Una muestra sería que el mismo sábado el New York Post, probablemente el periódico más sionista de Estados Unidos, publicó que funcionarios de la embajada saudí en Washington se relacionaron con algunos de los saudíes que cometieron los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En juego están las demandas multimillonarias que piden las familias de cientos de víctimas de los atentados de 2001. Para frenar esas demandas, los saudíes quieren contar con el apoyo de Israel, de ahí que la publicación del New York Post ponga en entredicho esa colaboración.

Sin embargo, el lunes por la noche, el prestigioso periodista israelí Barak Ravid anunció en el Canal 10 de la televisión hebrea que Netanyahu ha dado instrucciones a las embajadas israelíes para que defiendan con energía las posiciones de Arabia Saudí en todo el mundo.

Mohammad bin Salman, de sólo 32 años, necesita tiempo para que cristalicen las promesas que ha hecho a su pueblo, la llamada Visión 2030, que pretende modernizar el país dentro de 13 años. Bin Salman quiere reducir la dependencia del petróleo y fomentar un islam moderado, pero él mismo debe de ser consciente que eso implica la necesidad de ejercer el poder con mano dura y con una gran dosis de autoritarismo.

Una muerte en extrañas circustancias

Un misterio pendiente de resolución es la muerte del príncipe Mansur ibn Muqrin, que falleció cuando se estrelló su helicóptero, camino de Yemen, el mismo sábado de la purga. Todo indica que Ibn Muqrin estaba huyendo y las autoridades de Riad no han explicado las razones del incidente. El canal estatal de televisión Al Arabiya, el primero en dar la noticia, tampoco aclaró si fue un accidente o no.

El principal aliado de Bin Salman, Israel, puede verse tentado de aprovechar en estos momentos la debilidad de Hizbolá. La organización chií no atraviesa por su mejor momento, al menos dentro de Líbano, ahora que muchos de sus milicianos más valiosos combaten en Siria. Esto ha hecho que algunos medios libaneses y de la región apunten a que Israel puede tratar de ajustar sus cuentas con Hizbolá de la mano de los saudíes. De esta manera se asestaría un golpe doble y simultáneo a Hizbolá y a Irán.

De la misma manera que Bin Salman está pendiente de Israel, Netanyahu está pendiente de Donald Trump. Con mucho gusto Netanyahu arrastraría a Trump a una guerra contra Irán, y los israelíes están trabajando en esa dirección, pero no hay ninguna garantía de que esto ocurra. Mientras se espera que Trump se decida en un sentido u otro, Hizbolá puede ser un buen bocado, más fácil de digerir que Irán, y a la altura de las posibilidades de Israel y Arabia Saudí.

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