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Un seguidor de Salvador Nasralla, candidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, canta el himno nacional en un acto del partido durante el recuento de los votos en las elecciones presidenciales de Honduras. REUTERS/Edgard Garrido

Elecciones Honduras Honduras amanece con dos presidentes

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Los primeros datos oficiales dan la victoria a Nasralla en Honduras pero Hernández se resiste a darse por vencido

Internacional

Tanto el candidato opositor, Salvador Nasralla, como el actual presidente, Juan Orlando Hernández, se presentan como vencedores en las elecciones de Honduras. Sin embargo, el Tribunal Supremo Electoral, que es el órgano encargado de monitorear los comicios y dar los resultados, ha avanzado sus datos preliminares que dan la victoria al aspirante de la Alianza Opositora contra la Dictadura.

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Pasadas las 2 de la madrugada, desde el hotel Plaza San Carlos, en Tegucigalpa, los magistrados dan un 45,17% a Nasralla, por un 40,21% al líder del Partido Nacional. Este, sin embargo, no tira la toalla y afirma que en los votos que todavía quedan por contar está su victoria. La tendencia apunta al triunfo de la coalición entre Libre (partido del expresidente José Manuel Zelaya, depuesto en un golpe de Estado en 2009) y el Partido Innovación y Unidad-Social Demócratas (PINU). El candidato opositor llama a sus partidarios a concentrarse frente al TSE a las 14.00 horas (las 21.00 horas en España).

Durante varias horas, Honduras vive en bicefalia retórica. Por un lado, el presidente, Juan Orlando Hernández, se había declarado ganador para las 8 de la tarde. Poco después comparecía su rival, el cabeza de lista de la Alianza Opositora contra la Dictadura, que aseguraba estar a la cabeza.

El presidente hondureño y candato a la reelección por el Partido Nacional, Juan Orlando Hernandez, se dirige a sus seguidores tras la publicación de los primeros resultados oficiales de las elecciones presidenciales. REUTERS/Edgard Garrido

Los cómputos eran diferentes. El jefe de Gobierno se basaba en los sondeos a pie de urna, que es la fórmula que habitualmente sirve para que un candidato se declare vencedor. El opositor, sin embargo, había anunciado que hasta que no tuviese datos de las actas físicas no se pronunciaría. De esa primera pugna, aún en el terreno de lo simbólico, salió vencedor Nasralla. Aún sin que el Tribunal Supremo Electoral se pronunciase, el representante del Partido Nacional saldría en otra ocasión para proclamar su victoria, en esta ocasión en base al escrutinio. Sin embargo, no nos adelantemos.

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Pasan de las 20.00 horas y en el Hotel Aurora, el cuartel general de la Alianza, se aguarda la llegada del candidato. Previamente, José Manuel Zelaya, desde la sede de Libre, calienta el terreno asegurando que las primeras actas les dan la victoria. A tener en cuenta: los opositores no se fían de las encuestas a pie de urna y tampoco de los recuentos del Tribunal Supremo Electoral, al que acusan de estar al servicio del Ejecutivo. Previamente sus líderes ya habían avanzado que solo asumirían los datos que sus propios activistas recogiesen en los colegios electorales.

Entra Nasralla, acompañado por su plana mayor, entre los que se encuentran Zelaya y Xiomara Castro, su pareja y candidata en 2013, y se presenta triunfal. Afirma que los primeros datos de los que disponen le ponen diez puntos por encima de su rival. Este, media hora antes, había comparecido dándose por ganador. O pecó de excesiva confianza en sus fuerzas o alguien le pasó mal los datos porque en ese momento, a pesar de que el TSE no había abierto la boca, daba la sensación de que pensaba ir a celebrarlo sin esperar a los datos oficiales.

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Nasralla, por su parte, anunció que plantaría batalla. Convocó a dos ruedas de prensa más y dejó un mensaje claro: si en la última comparecencia admitía su derrota era que nada se podía hacer. Si seguía presentándose como presidente, habría que “defender el voto”. Por eso convocó ante la sede del Tribunal Supremo Electoral una protesta para la jornada siguiente. Una jugada arriesgada. Hay que tomar en cuenta que Honduras ha aprobado recientemente una ley antiterrorista que castiga duramente las protestas. Durante la jornada, muchos de los partidarios de la Alianza, como Norman Giovanni Estrada, coordinador en el barrio del Pedregal, se mostraban dispuestos a salir a la calle en caso de que su partido cantase fraude. Otros, como Ricardo Martínez, miembro de la mesa en el colegio Francisco Morazán, en la colonia Bellavista, uno de los feudos del PAN, reconocía tener miedo. “No saldré. No quiero que me macaneen (golpeen) o acabar en el mamo (cárcel)”.

Pasan las horas y no hay movimientos. Habitualmente, el TSE ha dado sus resultados antes de la medianoche. Y, previamente, iba emitiendo estimaciones, generalmente desde las 20.00 horas. En esta ocasión, nada. El silencio da lugar a muchas especulaciones. Especialmente en un país como este, marcado por un golpe de Estado hace ocho años, con una fuerte influencia de EEUU y con un Gobierno que, progresivamente, se ha hecho con todos los espacios de poder.

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Salvador Nasralla, candidato de la Alianza Opositora contra la Dictadura, con su esposa Iroshka Elvir, declarándose vencedor de las elecciones presienciales en Honduras. REUTERS/Jorge Cabrera

La tranquilidad se rompe pasada la medianoche. Ya en la sede de la Alianza, Nasralla vuelve a presentarse ante la prensa. Esta vez, más arropado por seguidores. En esta ocasión, con mayor contundencia. Asegura que la victoria no tiene vuelta atrás, que las tendencias son irreversibles. Y demuestra más convencimiento. Lo que cuatro horas antes era una movilización ahora se presenta como una fiesta. “Hay que salir a celebrar pacíficamente”, proclama, instando a los hondureños a desplazarse a Tegucigalpa. El lunes es festivo para los empleados públicos. Estos, tradicionalmente, se han vinculado al oficialismo. Aunque algo tiene que ver el sistema clientelar organizado por el Partido Nacional, que vinculaba la continuidad en el puesto a que Hernández ganase las elecciones.

La comparecencia de Nasrala ha desatado la euforia. Mientras el ya presidente atendía a los medios de forma desordenada, a su alrededor comenzaba la fiesta. “Por primera vez vamos a tener democracia, gente que nos representa, que no se haga rica con el erario público, gente que no tiene pasado y nos va a valorar de verdad”, decía Jorge, un joven que se había quedado pegado a la valla que le separaba de la cúpula del partido con una bandera roja de Libre. En la zona destinada a los periodistas, “Mel” Zelaya bailaba mostrando un cartel con un gráfico en el que podía verse la victoria de la Alianza sobre el PAN y los liberales.

Mientras tanto, el TSE seguía mudo

Mientras tanto, el TSE seguía mudo. Y su página web, donde estaba previsto que ofreciesen los conteos, permanecía caída.

“No hay salud, educación ni garantías vitales. Nos robaron el seguro social (en referencia al desfalco de 300 millones de dólares), nos hicieron tomar pastillas de harina (un escándalo desatado en la sanidad hondureña, en el que se descubrió que se había dado a pacientes pastillas de harina en lugar de medicamentos, lo que provocó varios muertos). Estamos cansados de tanto abuso”. A Perla Rivera, de 21 años, casi se le quiebra la voz de alegría. “Hoy hacemos historia, hemos roto con el bipartidismo”, añade. Durante décadas, en Honduras ha existido un turnismo entre el Partido Nacional y el Partido Liberal. Ambos tienen más de un siglo de historia. De hecho, el propio Zelaya fue presidente tras presentarse por la segunda formación y únicamente dio el salto a fundar Libre tras el golpe de Estado y su posterior exilio.

La incertidumbre seguía siendo la misma. Juan Orlando Hernández mantiene el control sobre los militares y todavía podría tener a bien reclamar una victoria de la que aún no ha abdicado. Además, los magistrados se mantenían callados, lo que puede ser interpretado como signo de que las cosas no van como al presidente le gustaría.  

“¡Vamos al Tribunal Electoral!” Crecidos, los partidarios de Nasralla montan una improvisada caravana de pick-ups. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Es decir, si no se anuncian los resultados (un anuncio al que, por cierto, la oposición no daba credibilidad), marcharán al lugar del conteo para presionar.  

Por el camino, entre bocinas y canciones (al margen de los hits de la temporada, Quilapayún se mantiene como clásico imprescindible), llegaba la segunda comparecencia del todavía presidente. Atrincherado en el hotel Honduras Maya, el jefe de Gobierno insistía en que él era el ganador de las elecciones. Y recurría al argumento que sus rivales esgrimieron durante toda la campaña: el de dar validez a las actas físicas. “Con el 50% de actas que tenemos, soy el ganador”, clamaba. Para ese momento había perdido la iniciativa. La comparecencia sonaba a respuesta, a tratar de mantener el control en medio de la euforia opositora.  

Frente al hotel convertido en sede, cada vez se concentraba más gente. En la puerta, un destacamento de antidisturbios impedía el paso, aunque de forma relajada. No parecía que fuesen a cargar, como así fue. Pasadas las 2 de la madrugada (las 9 en España), el TSE ofrece sus primeros resultados: Nasralla va por delante. Se desata la euforia entre los pick-ups, que hacen las veces de plataforma de discoteca donde bailar y ondear la bandera roja. Durante dos horas, los opositores se han mantenido frente al hotel. Hasta que han decidido retirarse, preparados para la jornada de mañana. Aunque hay quien no las tenía todas consigo. Raúl Rodríguez, maestro, consideraba que “aún pueden decir que en los votos que quedan ha dado la vuelta y JOH ha ganado”. La desconfianza hacia la administración es absoluta. Aunque, progresivamente, crece la sensación de que la oposición vence “a pesar del fraude”, como asegura Rodríguez. Durante la jornada se han registrado irregularidades como compras de votos. No obstante, este era un trámite que los fieles a la Alianza daban por seguro.  

El lunes a las 14.00 horas está convocado un acto de Nasralla. Para entonces el TSE ya habrá confirmado si la tendencia se mantiene, Honduras da un vuelco y rompe con ocho años de gobiernos derechistas. Luego tocará hablar de los graves problemas que sufre un país que está en cabeza de índices como la tasa de homicidios o la desigualdad. También, de cómo gestiona EEUU la pérdida de un aliado fundamental en los últimos años. Lo que falta, por el momento, es que se
confirmen los resultados. Y que se acepten.

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