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El canciller austriaco Sebastian Kurz (izq) estrecha la mano al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante un encuentro en la oficina del primer ministro en Jerusalén (Israel). EFE/ Ammar Awad

Oriente Próximo Israel practica con Estados Unidos una pinza contra Europa

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El aparente proceso de descomposición que se ha iniciado en Europa puede deberse en primer lugar a la incapacidad de los líderes europeos de defender sus intereses en el mundo, y particularmente en Oriente Próximo, pero también a la pinza que Estados Unidos e Israel están ejerciendo sobre una Unión Europea que no sabe reaccionar.

Internacional

Los Estados Unidos de Donald Trump y el Israel de Benjamín Netanyahu están practicando con éxito una pinza a Europa, un continente con una política errática con respecto a Oriente Próximo y también contraria a sus propios intereses. El resultado más visible es una pérdida de influencia en la región y una desgana general de los agentes europeos.

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Este lunes el canciller austriaco, Sebastian Kurz, que se encuentra de visita en Israel, ha contribuido al esperpento europeo declarando que Austria “intentará incrementar la atención de Europa sobre la especial situación, y las necesidades de la seguridad, de Israel”. Kurz añadió, al mejor estilo alemán, que Austria “tiene una especial responsabilidad con respecto a Israel y al pueblo judío”.

El canciller austriaco no es el único político europeo que se deshace en elogios de Israel. Netanyahu está recibiendo mensajes en ese mismo sentido de numerosos países, especialmente de Europa oriental. Este lunes también se anunció la inminente visita a Israel del primer ministro búlgaro, y Hungría no para de deshacerse en elogios al estado judío.

En Israel no pasa desapercibido que los países que aspiran a mantener unas relaciones más estrechas con ese país son los más racistas y xenófobos de Europa, y desde luego, los más islamófobos. Las políticas de Estados Unidos e Israel están propiciando que la islamofobia crezca en todo el mundo y esos dos países no actúan para acabar con ella.

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Durante su comparecencia con Netanyahu, Sebastian Kurz participó de una broma muy propia de Israel, al declarar el primero que los vecinos del estado judío no son como los vecinos de Austria, Suiza y Liechtenstein. Sin embargo, tras esta broma que habitualmente gastan los líderes israelíes, es legítimo preguntarse si Austria desearía tener por vecino a Israel en lugar de Suiza o Liechtenstein.

El Gobierno de Austria asume el mes que viene la presidencia de la Unión Europea, de manera que la visita de Kurz a Israel puede interpretarse como un intento de contar con la bendición de Netanyahu, quien por supuesto conoce que el partido de Kurz está aliado con el Partido de la Libertad, cuyos orígenes son marcadamente racistas y antisemitas, aunque ahora proyecta su odio contra el islam.

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Para rematar su visita, Kurz participó en una conferencia del American Jewish Committee en Jerusalén, y además visitó el muro de las lamentaciones situado en el sector ocupado de Jerusalén, algo que los líderes europeos suelen evitar. Fue, en todo caso, una visita muy completa con la que Kurz buscaba tanto congraciarse con Netanyahu como estrechar lazos con el lobby judío de Estados Unidos. Netanyahu felicitó a Kurz por haber ido al muro de las lamentaciones.

Naturalmente, Europa ha llegado a este tipo de situaciones lamentables debido a la política que ha conducido desde Bruselas y desde sus distintas capitales, una política de pasividad absoluta y de contemporización con la ocupación israelí. Mandatarios como Angela Merkel, Emmanuel Macron y Theresa May, y sus antecesores, han conducido las políticas nefastas que han llevado a Europa a este destino.

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La pasividad de los mandatarios europeos ha permitido a Israel, y a Benjamín Netanyahu en particular, a pasear sus desafiantes aspiraciones por las narices de los líderes europeos. Un buen ejemplo se produjo la semana pasada en Berlín, donde Netanyahu se permitió reunirse con el embajador de Estados Unidos en la capital alemana, Richard Grenell, un personaje tan o más controvertido que el presidente Donald Trump.

La reunión entre Grenell y Netanyahu, que ocurrió inmediatamente después de la reunión entre Merkel y Netanyahu, fue un paso insólito en un visitante oficial a Alemania que no pasó desapercibido en la cancillería, aunque Berlín no formuló ninguna crítica públicamente. Grenell es conocido por sus declaraciones contrarias a la Unión Europea.

El Gobierno de Merkel ha pedido a Washington explicaciones por unas declaraciones de Grenell al conocido medio neoconservador Breitbart News en las que el embajador dice sin pestañear que durante su estancia en Berlín va a tratar de “empoderar a otras (fuerzas) conservadoras en Europa”.

La pinza de Estados Unidos e Israel está contribuyendo a romper Europa, aunque los principales responsables de esta situación son los líderes europeos, cuya pasividad alienta a los enemigos de Europa. En Alemania, distintos partidos políticos han advertido a Grenell que no interfiera en la política interior del país, aunque esto es algo que se les permitie hacer a estadounidenses e israelíes.

En la entrevista con Breitbart, Grenell explicó que atribuía el surgimiento de los populismos en Europa, que él favorece, “al fracaso de las políticas de izquierda”. “Quiero definitivamente empoderar a otros conservadores a través de Europa, a otros líderes”, dijo el embajador de Estados Unidos en Alemania.

El anillo se cierra con los comentarios que Grenell realizó a favor del canciller austriaco Kurz, de quien dijo ser un defensor. Kurz ha criticado con frecuencia a Merkel, especialmente su política de inmigración, y, como se ha dicho, gobierna con el Partido de la Libertad, de orígenes neonazis y antisemitas, aunque ahora proyecta su odio contra los musulmanes.

La falta de vergüenza de Grenell se puede medir con la misma vara de la negativa de Netanyahu a recibir a Federica Mogherini este fin de semana pasado. Una cosa y la otra están ligadas y explican bien la deriva de la Unión Europea, carente de recursos para responder a esos ataques.

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