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La canciller alemana Angela Merkel y la secretaria de Estado Annette Widmann-Mauz conversan con las jugadoras del SV Rot-Weiss Viktoria Mitte 08 como parte del evento 'Deportes e integración' en Berlín. REUTERS/Kay Nietfeld

La inmigración divide al Gobierno de Angela Merkel

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El plan del ministro del Interior de expulsar en la frontera a solicitantes de asilo ya registrados en otro país de la UE choca con la canciller y los socialdemócratas

Internacional

La presentación del “plan maestro sobre inmigración” iba a producirse el martes, pero se canceló en el último momento. No hubo explicaciones concretas sobre las razones, pero el secreto a voces tardó poco conocerse: el proyecto no contaba con la aprobación de Angela Merkel.

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Horst Seehofer, el ministro del Interior y la Patria, como se denomina su cartera, es el hombre detrás del plan de 63 puntos que prevé endurecer las políticas migratorias y en materia de asilo de Berlín. La política de puertas abiertas hace ya tiempo que terminó, pero el Gobierno alemán prepara un nuevo endurecimiento legal.

“Tengo la responsabilidad con este país de mantener el orden. Y no puedo posponerlo hasta que el infierno se congele”, aseguró Seehofer, exlíder de la CSU (Unión Socialcristiana), los conservadores bávaros aliados del partido de Merkel.

Las discrepancias en el seno del bloque conservador, que se remontan a esa decisión de la canciller de 2015 de abrir la frontera a los refugiados de la ruta de los Balcanes, amenazan con crear la primera crisis del Ejecutivo, formado hace apenas tres meses después de medio año de arduas negociaciones.

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La canciller está de acuerdo con la mayor parte del “plan maestro” de Seehofer, incluyendo la creación de unos centros de internación (conocidos como ‘centros-ancla’) para todos aquellos solicitantes de asilo mientras se tramita su caso, un proceso que se puede alargar 18 meses.

División del conservadurismo alemán

No obstante, Merkel no apoya la expulsión inmediata en las fronteras de aquellas personas que quieran pedir asilo en Alemania pero ya hayan sido registradas anteriormente en otro país de la Unión Europea.

La canciller alemana, Angela Merkel, habla con el ministro del Interior, Horst Seehofer, antes de la reunión semanal del gabinete en Berlín. REUTERS / Michele Tantussi

El objetivo del ministro del Interior alemán de evitar la entrada en el país de personas que buscan asilo puede suponer una violación del tratado de Dublín, el marco según el cual se determina qué país de la UE es responsable de cada solicitud. Aunque la regla general es que se debe realizar en el primer país del grupo comunitario en el que se entró, hay excepciones, como puede ser el caso de las reunificaciones familiares de menores no acompañados.

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El temor de Merkel es que si Alemania comienza a actuar de esta manera, otros países también comenzarán a expulsar a solicitantes de asilo de sus fronteras. Aunque según denuncian diversas oenegés, esta es una situación que de facto ya se da en algunos puntos de la geografía europea, como en Ventimiglia (frontera entre Italia y Francia) o en Ceuta y Melilla, con las conocidas como devoluciones en caliente.

El malestar entre algunos sectores conservadores alemanes con Angela Merkel viene de lejos. Seehofer, exlíder de la CSU, siempre ha sido uno de los principales críticos, aunque las tensiones nunca se han traducido en ruptura. Quizá esta vez, debido a la proximidad de las elecciones regionales de Baviera el próximo octubre, las discrepancias sean más difíciles de subsanar.

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Los conservadores bávaros han endurecido su retórica y sus políticas, especialmente por la presión que supone el crecimiento en las encuestas de los ultraderechistas de AfD (Alternativa por Alemania). Los radicales, que son la principal fuerza de la oposición a nivel estatal, siguen marcando el tono de los debates en Alemania.

Todavía no hay fecha de presentación del ya famoso “plan maestro” sobre inmigración del ministro del Interior y Patria. Sin embargo, no parece que se estén acercando las posiciones. Un ejemplo: en la jornada del miércoles Seehofer ha cancelado su participación en una cumbre sobre integración a la que sí ha asistido Angela Merkel.

El choque entre los conservadores alemanes ha coincidido con la visita a Berlín del canciller austríaco Sebastian Kurz, quien lleva por bandera su postura de mano dura contra los inmigrantes. Kurz no se ha querido posicionar en el debate alemán, pero sí ha dejado claro su voluntad de crear entre su propio país, Italia y Alemania “un eje de los que quieren luchar contra inmigración ilegal”.

En este sentido, el alemán Seehofer ya ha anunciado su intención de reunirse con su homólogo italiano, Matteo Salvini, el extremista y xenófobo líder del partido Liga. Según el político alemán, los dos ministros están “en total acuerdo” en materia de inmigración y seguridad.

Los socialdemócratas anuncian plan propio

Los planes de Seehofer para la política migratoria tampoco gustan al tercer socio de Gobierno, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), quienes los consideran “desastrosos”. “Aquellos que quieren propuestas concretas sobre temas de asilo no pueden confiar en Seehofer y en la CSU. Es por ello por lo que el SPD está desarrollando en estos momentos su propio plan”, ha anunciado Ralf Stegner, miembro de la dirección de los socialdemócratas alemanes.

El debate en torno a la inmigración y la integración de los refugiados se ha reavivado recientemente debido al escándalo de la oficina de Bremen al aceptar erróneamente cerca de 1.200 solicitudes de asilo.

Según numerosos analistas, la actual situación y los rifirrafes entre la canciller y el ministro del Interior podrían suponer un aumento de los votos a los ultraderechistas de AfD.

“Europa ha visto un crecimiento de los partidos populistas, quienes atizan, sin vergüenza alguna, sentimientos xenófobos. Desafortunadamente, la disputa actual entre Merkel y Seehofer solo hace que añadir más fuego a esa hoguera”, concluye en una columna del medio internacional alemán Deutsche Welle el periodista Marcel Fürstenau.

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