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Israel Israel refuerza su control sobre la mezquita de Abraham de Hebrón

Coincidiendo con la pandemia del coronavirus, el ejército israelí ha dado otro paso para reforzar la ocupación de Hebrón, la ciudad de Cisjordania donde son más patentes los abusos militares. El recinto sagrado donde se halla la mezquita de Abraham tendrá que soportar otra acometida del ejército con la expropiación de más tierras palestinas, esta vez con el pretexto de construir un acceso adaptado para las sillas de ruedas.

Mezquita Ibrahim, para los musulmanes, o Tumba de los Patriarcas para la tradición judía, en la ciudad vieja de Hebrón - EFE
Mezquita Ibrahim, para los musulmanes, o Tumba de los Patriarcas para la tradición judía, en la ciudad vieja de Hebrón - EFE

eugenio garcía gascón

La ocupación militar israelí de los territorios palestinos sigue reforzándose día a día sin que la comunidad internacional se movilice para detener la opresión, la injusticia y la desposesión. Recientemente el ejército ha confiscado tierras palestinas junto a la mezquita de Abraham de la ciudad de Hebrón, al sur de Cisjordania, uno de los lugares más emblemáticos y volátiles de Oriente Próximo.

Paralelamente se han dictado órdenes militares para restringir el desplazamiento de los palestinos en esta zona donde ya se limitó su movimiento hace muchos años. La fisonomía del centro empezó a cambiar tras la guerra de 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania. En la parte antigua de la ciudad viven cientos de colonos judíos que se cuentan entre los más radicales y el ejército ha prohibido la presencia de palestinos, de manera que no pueden acercarse a sus comercios o a sus casas mientras la vida de los colonos florece a sus anchas.

El momento más crítico de la ciudad se vivió en 1994, cuando el médico Israelí oriundo de Nueva York Baruch Goldstein, un colono extremista, entró en la mezquita de Abraham y descargó varios cargadores de su fusil causando la muerte a 19 palestinos que estaban rezando en ese momento. Otra decena de palestinos murieron en las protestas que siguieron a este incidente que sirvió de pretexto al ejército para dividir físicamente la mezquita alegando razones de seguridad.

Ahora, aprovechando la pandemia de la covid-19, Israel ha dado un nuevo paso para consolidar la ocupación. El pasado 13 de mayo los militares promulgaron una orden de expropiación para ejecutar un proyecto que permitirá el acceso a la mezquita de discapacitados en sillas de ruedas, un proyecto que los palestinos han denunciado que se realiza respondiendo a las exigencias de los colonos.
Los palestinos afirman que el ejército ha presentado el proyecto como una medida de carácter humanitario. Sin embargo, los precedentes no pueden tener peor augurio.

La expulsión permanente de la población palestina del centro de Hebrón abunda en esa opinión. Por supuesto, las tierras confiscadas son palestinas una vez más y se pondrán al servicio de los colonos. Por si esto fuera poco, el proyecto se tragará más espacio del lado palestino del complejo. Los judíos alegan que la Biblia dice que Abraham compró una tierra en Hebrón, y que esto les da derecho sobre la ciudad. La verdad histórica es que siguiendo la cronología interna de la Biblia, Abraham vivió en el año 2000 antes de Cristo.

Los historiadores modernos aseguran que el judaísmo no existió hasta el año 900 antes de Cristo como muy pronto, es decir que Abraham, que con toda seguridad es un personaje legendario, no pudo ser judío porque no existía el judaísmo. Una leyenda somete una vez más a la verdad histórica por deseo de la comunidad judía.

El robo de la tierra palestina ha sido una constante por lo menos desde el establecimiento del estado de Israel en 1948. Precisamente este viernes el ministro de Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn, refiriéndose a la próxima anexión a Israel de la Cisjordania ocupada, ha recordado que el séptimo mandamiento dice "no robarás", y ha añadido que el nuevo robo previsto no reforzará la seguridad de Oriente Próximo, incluida la seguridad de Israel.

Un vecino palestino del centro de Hebrón indicó hace unos días que lo que está haciendo Israel "no tiene que ver con un ascensor. Consiste en robar más tierra, en traer a más colonos, en echar fuera a más palestinos. Esto es lo que siempre ocurre con Israel"

La Autoridad Palestina condenó la decisión del entonces ministro de Defensa, Naftalí Bennett, un ultranacionalista religioso que se considera representante de los colonos. La Autoridad Palestina dijo que Bennett llevó a cabo otra decisión "provocadora y malévola" con el fin de reforzar la dominación israelí sobre la mezquita de Abraham. "Es la continuación del proyecto de anexión y judaización", sentenció un responsable palestino.

Bennett sabía que estaba cometiendo una injusticia incluso en el marco de los acuerdos firmados con los palestinos. El acuerdo de Hebrón de 1997 estipula que el ayuntamiento, gobernado por los palestinos, es quien tiene la última palabra en ese tipo de obras. Bennett simplemente saltó por encima del ayuntamiento unas horas antes de abandonar el cargo de ministro de Defensa para dar otra orden que técnicamente es ilegal porque no cuenta con la aprobación de la municipalidad.

Bennett no solo se rio del ayuntamiento sino que acto seguido dio a los palestinos 60 días para que recurrieran su decisión. Evidentemente las posibilidades de que un recurso prospere son nulas. Pero además, para confirmar este extremo, el ejército comenzó las obras en el terreno confiscado inmediatamente después del anuncio de Bennett. Además, el ejército prohibió desde el minuto uno que los periodistas entraran en la mezquita, y que los fieles musulmanes grabaran en el recinto sagrado.

Todo esto se hizo mientras estaban en vigor las restricciones de movimiento derivadas de la pandemia del coronavirus. Cuando las restricciones terminaron, los palestinos corrieron a la mezquita para ver si había habido algún cambio. Se encontraron con soldados israelíes que les bloquearon la entrada. Unos días después, el ejército prohibió que el Comité de Rehabilitación de Hebrón continuará reparando el santuario alegando que carecía de permisos. Un día más tarde se prohibió a los almuédanos de la mezquita que llamaran a la oración. En ninguna otra parte de Cisjordania se puede observar el apartheid con tanta claridad como en Hebrón.

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