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Montaje del historiador Jesús Rodríguez Morales que permite comprobar con poco o nulo margen de duda la identidad de Gerda Taro fallecida. | Robert Capa e International Centre of Photography.

La historia detrás de la última foto de Gerda Taro en su lecho de muerte

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Un general británico retirado, Sir John Kiszely, puede haber identificado en su casa la última fotografía, una vez fallecida, de la primera mujer fotoperiodista caída en el campo de batalla, Gerda Taro. Hijo de un médico húngaro, Janos Kiszely, que sirvió con las Brigadas Internacionales, Kiszely compartió esta semana en Twitter una fotografía de su padre atendiendo a una mujer, aparentemente muerta durante la batalla de Brunete, en 1937.

Sociedad

* Investigadores de la Asociación Brunete en la Memoria

El paso por la Guerra Civil Española, y más concretamente por la batalla de Brunete, de la fotoperiodista Gerta Pohorylle, conocida como Gerda Taro, ofrece cada cierto tiempo una nueva sorpresa en forma de fotografía o de documento inédito.

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Primero fue el testimonio del tanquista que provocó el accidente que le costó la vida a Gerda, gracias al cual se pudo determinar el lugar exacto del atropello; luego vino el descubrimiento de La Maleta Mexicana, una caja llena de rollos de negativos fotográficos guardados durante 70 años en el exilio mexicano. Más tarde, coincidiendo con el 80 aniversario de esa batalla, pudimos ver por primera vez una fotografía hecha por el belga Mathieu Corman que mostraba, ya en 1938, el automóvil que trajo a Gerda Taro en su último viaje al campo de batalla de Brunete.

Casi simultáneamente la revista de fotografía FV publicaba el certificado de defunción de esta fotoperiodista, otro documento de alto valor histórico que fue redactado en noviembre y no en julio o agosto de 1937, como cabía esperar.

Cada uno de estos tesoros documentales ha permitido ir conociendo algo más de la historia de los últimos días de vida de Gerda, inmersa junto a miles de combatientes en la ofensiva republicana de julio de 1937 al pie de la sierra de Madrid.

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Hospital militar en Torrelodones

Siguiendo en esta dinámica de nuevos hallazgos, hace solo dos días reapareció otra fotografía, dramática, nítida y de gran calidad, que muestra al médico internacionalista Dr. Janos Kiszely limpiando el rostro ensangrentado del que parece ser el cuerpo sin vida de Taro.

Vista completa de la última foto de Gerda Taro, una vez fallecida.

Tan importante como esta única foto conocida de Gerda muerta, es la anotación manuscrita en el reverso, que sitúa la escena en Torrelodones y no como cabía esperar, en uno de los tres hospitales militares republicanos que entonces funcionaban en El Escorial. En este último lugar, según el testimonio de una enfermera que la atendió, fue donde el 25 de julio recibió tratamiento médico por las gravísimas heridas sufridas tras resultar arrollada por un carro de combate propio entre Villanueva de la Cañada y Valdemorilo mientras la aviación alemana bombardeaba durísimamente el entorno de Brunete y su cementerio. El Escorial sería también el lugar donde moriría Gerda un día más tarde.

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Camino de las ambulancias

No hay contradicción entre la muerte de Gerda en El Escorial y esta nueva foto del que sería su cuerpo en Torrelodones: ambas cosas pueden ser perfectamente compatibles a la vista de cual era la red de evacuación de bajas que había establecido el Ejército de Maniobra (cuerpos de ejército V y XVIII) mandado por el general Miaja para la ofensiva republicana de julio de 1937.

Según el plano de carreteras y sentidos de circulación que existen por duplicado en los archivos militares de Ávila y Madrid, las evacuaciones de combatientes entre El Escorial (sede de los hospitales del V cuerpo de ejército, uno de los cuales atendió a Taro) y Madrid (destino final de los heridos transportables y de una parte de los muertos) pasaban inexcusablemente por Galapagar y Torrelodones antes de dirigirse a Madrid por Hoyo de Manzanares, Colmenar Viejo y El Goloso. A Torrelodones, atravesando El Pardo, también llegaban las ambulancias vacías procedentes de Madrid en su camino de vuelta hacia el campo de batalla.

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Reverso de la foto aportada por John Kiszely.

De creer en lo que dice el reverso de la foto, el local sanitario situado en Torrelodones donde se tomó esta imagen podría haber estado en uno de estos tres lugares dependientes de la sanidad militar del XVIII cuerpo de ejército: en el puesto de clasificación y distribución de heridos situado en Villa Julia, a 800 metros del paso a nivel ferroviario; en Villa Solana, donde funcionaba un hospital con tres equipos quirúrgicos y 40 camas; o en la finca El Tomillar, situada en el kilómetro 21 de la carretera a Hoyo de Manzanares, donde radicaba un depósito de material médico y de ambulancias y que, por su proximidad al Canto del Pico (sede del alto mando republicano) y a la principal vía de evacuación, pudo ser también el eventual puesto de mando sanitario de todo el Ejército de Maniobra.

De estos tres lugares citados, nuestra preferencia a la hora de situar la foto que nos ocupa se decanta por este último lugar, que hoy sigue existiendo.

25 de julio de 1937

Lo que nos hace pensar que la foto reaparecida el 16 de enero (ya había sido publicada durante la GCE), es que el cuerpo de Gerda Taro, una vez esta hubo fallecido en el hospital republicano que funcionaba en el edificio de los Sagrados Corazones de El Escorial, fue llevado a Torrelodones para que se pudiera mejorar su aspecto y quizás verificar su identidad, ya que en Madrid, tras ser conocida su muerte, le esperaba un destino diferente al de los otros cientos de caídos en combate.

Señalado con una flecha, el antiguo convento de los Sagrados Corazones, convertido en hospital militar durante la Guerra Civil Española. Allí murió Gerda Taro. | Archivo Municipal del El Escorial.

Eso parece mostrar la foto, en la cual el Dr. Kiszely lleva puesto un delantal mas propio de morgue que de quirófano. Él estaría limpiando del rostro de Gerda la sangre seca que ha brotado de boca y nariz con el cuerpo todavía sobre la camilla que lo ha transportado hasta Torrelodones. La posición de las manos y la ausencia de sangre en la ropa parece indicar que estaba siendo preparada para el traslado a Madrid.

Conocida y querida en la zona republicana, fue velada primero en la Alianza de Escritores Antifascistas y luego trasladada a París, donde fue enterrada en el cementerio de Père-Lachaise.

Funeral histórico

Una gran multitud acompañó a Gerda Taro en ese cementerio parisino. El poeta francés Louis Aragón, que asistió al funeral, declaró unos años más tarde: "El pueblo de París hizo un entierro extraordinario para la pequeña Taro, donde se habían reunido todas las flores del mundo. Capa, a mi lado, estaba llorando y cuando la procesión se detenía, escondía sus ojos en mi hombro".

Montaje del historiador Jesús Rodríguez Morales que permite comprobar con poco o nulo margen de duda la identidad de Gerda Taro fallecida. | Robert Capa e International Centre of Photography.

En 1942, los nazis y sus secuaces franceses borraron de su sepultura las palabras "Reportera fotográfica en Ce Soir, muerta el 25 de julio de 1937 en el frente de Brunete, España", atestiguando el compromiso de la joven con nuestro país.

Actualmente, su tumba se encuentra en la parte posterior del memorial dedicado a las victimas del campo de concentración de Ravensbrück, en la división 97º del cementerio. Decía su compañero Endre Ernö Friedmann, luego Robert Capa: "Si tus fotos no son buenas, es porque no estás lo suficientemente cerca". Esta regla básica para los fotoperiodistas le costó la vida a Gerda, la joven y coqueta periodista a la que los soldados republicanos llamaron la pequeña rubia, que murió seis días antes cumplir los 27 años. Siempre estuvo cerca, a veces demasiado.

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