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Uno de los CatHotels diseñados para proteger a los gatos en la ciudad. / LlobreGats

PROTECCIÓN ANIMAL Arte y reciclaje para cuidar a los gatos en el espacio urbano

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Los CatDonalds y los CatHotels, construidos a partir de contenedores en desuso, una iniciativa para combatir el hambre y el frío de los felinos en la ciudad desarrollada por LlobreGats

Sociedad

Conciliar el cuidado de los animales con la sostenibilidad en el espacio urbano. Este es el propósito de LlobreGats, una organización sin ánimo de lucro compuesta por José Luis Rodríguez, que figura como Presidente, y Josefa Rodríguez, un matrimonio del municipio de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) con pasión por conseguir mejorar la vida los gatos y, al mismo tiempo, fomentar la reutilización de residuos. El cuidado de los felinos y el reciclaje. “Nos dedicamos al reciclaje solidario, a la reutilización” señalan. “Al cuidar del medioambiente de nuestras ciudades, es importante cuidar de la fauna que convive con nosotros, en este caso los gatos” explican a Público.

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La iniciativa, cuentan, surgió porque “cada vez que llovía, cada vez que hacía frío y había que salir de casa para ir a alimentar a los gatos, ellos estaban allí helados bajo los coches y se nos partía el alma”. “Decíamos, ‘tenemos que inventar algo, tenemos que hacer que los gatos puedan tener la comida asegurada y sin empaparse en la calle’” y explica que, como él trabaja en un punto limpio, se les ocurrió “reutilizar los contenedores que la empresa municipal dejaba de usar. Los contenedores ya tenían permisos para estar en la vía pública, así que los atábamos a una farola o a un árbol y ya está”. Así nacieron sus CatDonalds y CatHotels, ya con nombre propio. La idea de decorarlos es “para ganarse a la ciudadanía”: a la mayoría les ponen pegatinas que compran ellos mismos, mientras que para otros cuentan con la ayuda de “grafiteros solidarios”, como @tuttigraffiti.

Uno de los CatDonalds. / LlobreGats

A la hora de diseñar las estructuras, lo hacen dependiendo del lugar, el entorno, la colonia y los materiales de los que disponen en ese momento. Los CatDonalds, comederos y bebederos para los gatos, tienen un agujero a cada lado y dentro introducen unas garrafas -todo reutilizado-asegurándose de que el pienso no llega a estar en contacto con el agua para evitar que se pudra y se generen hedores. “En la parte de atrás ponemos un estante donde los voluntarios pueden llevar, por ejemplo, sus latas de comida húmeda para evitar el uso de bandejas u otras cosas que al final terminan inundando la zona y ensucian el suelo” explica José Luis. Los gatos, además, acuden ellos mismos a los CatDonalds, primero se les deja un caminito de comida para que puedan localizarlos y “a partir de ahí, se acostumbran”.

Los CatHotels son contenedores más grandes y se sitúan en espacios más abiertos que no constituyen “vía pública pura y dura”, y allí les instalan “dos cajitas de poliespan procedentes de hospitales, para que puedan meterse allí dentro y estar protegidos del frío, del calor o del ruido”. En el interior disponen de luz led -por pilas recargables- reutilizada y les practican drenajes para que pueda salir el agua cuando llueve.

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Con esto, continúa, “conseguimos que los vecinos lo vean como algo limpio, decente, e incluso que nos avisen para que instalemos contenedores en su barrio”. José Luis cuenta que en el tiempo que ellos llevan actuando no han vivido ningún envenenamiento masivo –lo que es, junto con el riesgo de atropello, el principal peligro al que se exponen estos animales en zonas urbanas-. Dice que, lo que hacen, “también sirve para que la gente se conciencie” y que incluso empiezan los propios vecinos a ser quienes informan sobre qué les está pasando a los gatos. “Se teje una red de informadores que protege a los animales”, explican. “En nuestra ciudad ha tenido tanto éxito que no ha habido ni un solo acto vandálico en los más de cincuenta contenedores instalados. Se ha corrido la voz y otros voluntarios también empezaron a decir que querían eso en sus ciudades”.

Así, cuando alguien necesita que instalen uno de estos puntos en su zona, lo primero que debe hacer es ponerse en contacto con ellos a través de su página web. Después, lo recomendable es que acudan a su correspondiente Ayuntamiento porque, como aclara José Luis, “los CatDonalds y CatHotels no dejan de ser algo instalado en la vía pública”. LlobreGats relata que de esta manera los Ayuntamientos de la zona van generándose conciencia los unos a los otros. El Ayuntamiento de la localidad de Abrera –próxima a Sant Boi de Llobregat- a petición de un grupo de voluntarias, les ha encargado recientemente la instalación de estos puntos en su zona y ya están preparándolos. “En el punto limpio hemos recogido unos neumáticos y unas pancartas de partidos políticos en campaña electoral, y con ello e hicimos unas literas para que los gatos puedan dormir dentro de un CatHotel. Es algo que no habíamos hecho nunca, también vamos innovando en función de los materiales”.

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Los CatHotels se construyen a partir de contenedores más grandes. / LlobreGats

José Luis y Josefa que, anteriormente, habían colaborado durante más de diez años como voluntarios con las instituciones municipales afirman que “los actuales responsables en el municipio siguen utilizando nuestros CatDonalds como estructura, siguen poniendo allí la comida para los animales”. “De una cosa tan tonta como es un contenedor tirado, adaptándolo y poniéndole una pegatina decorativa, se puede conseguir algo”, indican, “además se le pone el sello del Ayuntamiento y con ello ya es algo oficial”.

LAS CIUDADES TAMBIÉN SON DE LOS GATOS

LlobreGats ha logrado en solo dos años, desde que comenzaran con el proyecto, atender a 80 colonias en su municipio, lo que abarca a más de 800 animales.
Estas colonias, cuentan a Público, varían mucho de tamaño: en algunas hay dos o tres gatos, pero otras llegan a alcanzar los 30. Existe también una suerte de gatos a los que se les denomina “itinerantes”, que van de una colonia a otra. Sin embargo, muchos permanecen siempre en la misma, y hay colonias que cuentan con su propio cuidador, lo que genera, explica José Luis, que “muchos de los animales lleguen a ser adoptables”.

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En el tiempo que el matrimonio colaboró con las instituciones municipales llevaban a cabo el método CES (Captura-Esterilización-Suelta) y conseguían esterilizar unos 250 gatos cada año, cuentan que se creaba “una simbiosis” entre ellos y el refugio municipal, y conseguían dar 20 gatos en adopción al mes. Sin embargo, José Luis cuenta que “algunos que no pueden ir a un refugio porque se estresan e incluso pueden llegar a morir”. “Hay gatos que no son adoptables. Para muchos, las casas no son su entorno. Ellos han nacido fuera, su entorno es ese; lo que hay que tratar es de establecer un equilibrio”, expone el Presidente de LlobreGats.

Ahora, cuentan, para la European Green Week –que organiza la Unión Europea para fomentar las ciudades sostenibles-, les han aceptado “una solicitud para colaborar como promotores y tenemos que organizar un evento. Lo haremos en Abrera, con el fin de promover las ciudades sostenibles verdes, con el mediambiente, el reciclaje y la reutilización”.

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