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Vista del puerto de Algeciras. / Raúl Bocanegra

Andalucía El narcotráfico repunta en Algeciras ante la falta de medios para controlarlo

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Unas 3.000 personas viven del tráfico de drogas en la comarca del campo de Gibraltar, que se ha convertido en uno de los puntos principales de entrada de la cocaína en Europa. Los clanes locales y las mafias sudamericanas actúan casi con total impunidad ante la falta de recursos policiales y judiciales para atajar el problema.

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Las grúas azules, ingentes monstruos de acero, dominan el paisaje. Miles de contenedores, como un enorme caleidoscopio de colores, se apilan en el puerto. Enfrente, justo enfrente, el Peñón de Gibraltar. Un poco más allá, en esa dirección, a 50 kilómetros escasos, la Costa del Sol. Y al otro lado, hacia la derecha, a 14 kilómetros, Marruecos. Esto es Algeciras, el Campo de Gibraltar, una comarca en la que confluyen dos aguas, las del Océano Atlántico y las del Mar Mediterráneo.

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En las últimas semanas, la zona ha estado en el foco del debate político y ciudadano, debido a la actividad de las bandas de narcotraficantes que actúan allí. Las noticias que llegan de Algeciras, a pesar de los esfuerzos del ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, por rebajar la tensión y hacer ver que el que lleva la batuta es él, parecen describir un territorio comanche en el que el rey es de nuevo el narco, que le está doblando el pulso al Estado, en una situación similar a la Galicia de los años 80 y los 90. Excesos en la playa con un niño muerto, guardias civiles apaleados, rescate inverosímil en un hospital, incautaciones masivas de cocaína, detenidos en el puerto, con un agente incluido… . Ese es el menú que los informativos nacionales sirven a diario.

¿Qué hay de cierto en todo ello? ¿Es la Comarca del Campo de Gibraltar la nueva Galicia? En cuestiones de narcotráfico, toda prudencia es poca. La verdad puede estar aquí o allí. Pero algo parece claro. El Estado aún tiene una posibilidad de ganar el pulso. Según las diversas fuentes consultadas por Público —vecinales, policiales, judiciales, gubernamentales e institucionales— la situación, aunque grave, no es todavía como la de Galicia en los años 80 y 90. La diferencia estriba en que el narco aún no se ha infiltrado en el Estado. No hay un entramado de cargos públicos ni de jueces ni de policías ni de fiscales a sueldo de los narcos, ni tampoco el blanqueo de capitales se realiza a gran escala en negocios locales, salvo en pequeños establecimientos a nombre de familiares, como locutorios, restaurantes, negocios de hostelería, tiendas de ropa, compra de apartamentos para alquilar después, etcétera.

Existe una sensación de que los narcos han perdido el respeto a las fuerzas policiales

No hay, por tanto, un cártel en el Campo de Gibraltar que empape la economía local, que filtre el dinero del narco hacia el pequeño comercio y corrompa las estructuras oficiales de poder. En Galicia, en los años de Oubiña, de Miñanco, todo esto sucedía: “El narcotráfico tenía ramificaciones entre abogados, alcaldes, guardias civiles y empresarios”, dejó escrito el periodista Nacho Carretero en su libro Fariña (editorial Libros del KO), hoy secuestrado por la justicia.

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Lo que sí hay son síntomas, aquí y allí, que indican que en poco tiempo se puede llegar a eso, que el Estado pueda perder el pulso. Porque lo que sí existe es una economía de la droga, de la que, según algunas estimaciones, más o menos precisas, viven unas 3.000 personas, agrupadas en distintos clanes y bandas, en el Campo de Gibraltar. Y lo que también existe es una sensación de impunidad y de pérdida de respeto y del miedo a las fuerzas policiales.

Al hachís se le une la cocaína

En Algeciras siempre ha existido contrabando de tabaco y de hachís y, por tanto, de mafias asentadas en torno a estos negocios. Ahora, entre los numerosos clanes que actúan en la zona destacan, según fuentes policiales, tres: los Pantoja, los Castañitas y el de Abdellah El Haj, conocido como "el Messi del hachís".

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Sin embargo, desde hace unos años, al hachís se le ha unido la cocaína, con todo lo que ello implica: más riesgo, más dinero. El puerto de Algeciras se ha situado como una de las principales zonas de entrada de cocaína a Europa. “La cocaína por vía marítima ingresa a Europa, principalmente, a través de España, que concentra el 50% de las incautaciones en el continente. Los principales puertos de entrada son Algeciras y Valencia y, de forma secundaria, los puertos del sur de Portugal, Rotterdam (Holanda), Amberes, (Bélgica) y Hamburgo (Alemania)”, se recoge en el estudio El tráfico de cocaína como mercado ilícito global: el papel de España, escrito por la investigadora Andrea Giménez-Salinas Framis y publicado por el Real Instituto Elcano.

“El transporte marítimo es el más utilizado, por el volumen de cocaína que puede transportar y el bajo coste que supone su empleo. Se usan desde lanchas rápidas hasta buques de carga con contenedores, que suelen llevar camuflada la cocaína junto a otros productos”, analiza Giménez-Salinas. “Se detectan a través de los equipos de análisis de riesgos. Se cruzan datos, tras su análisis, sobre empresas que podrían ser sospechosas de traficar con droga y se examinan los contenedores. También hay controles aleatorios a través de un sistema de escáner de los vehículos y contenedores”, dice la Fiscalía al respecto.

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El puerto de Algeciras se ha situado como una de las principales zonas de entrada de cocaína a Europa

“En los últimos años se ha aumentado la vigilancia sobre este tipo de transporte y, por este motivo, se ha virado hacia un método alternativo denominado gancho ciego o rip off, que consiste en la introducción de la mercancía ilegal en contenedores legales sin que ello se advierta por parte de la empresa transportista. Para ello, es necesaria la connivencia de diversas personas que, en origen y destino, puedan introducir y sacar la droga sin supervisión”, escribe Giménez-Salinas. “En estos casos personas ajenas a las empresas de transporte, con acceso al contenedor en origen o en destino (portuarios, empresas auxiliares del muelle…) se encargan de meter la droga y sacarla, sustituyendo el precinto del contenedor para que no se note la manipulación”, abunda la Fiscalía.

A finales de abril, la Agencia Tributaria y la Policía Nacional se incautaron de un cargamento de nueve toneladas de cocaína, que venían ocultas en un contenedor de plátanos, y que si se hubieran vendido íntegras al menudeo hubieran valido más de 500 millones de euros. Interior aseguró entonces que se trataba de la mayor incautación de droga efectuada en Europa, la mayor incautación de cocaína efectuada por los cuerpos policiales españoles, la mayor cantidad intervenida en un contenedor en Europa y el mayor golpe al narcotráfico en nuestro país en todos los medios de transporte. Entonces, se difundió que la droga pertenecía al Cártel del Golfo, una organización mexicana, una de las más poderosas del mundo.

En Algeciras, explican a Público fuentes policiales, los narcos de Sudamérica, los del Cártel del Golfo y otros, subcontratan lo que necesitan, en algunos casos se trata de mano de obra en el puerto, en otros casos, un piloto, en otros, un transportista. Para ello utilizan las redes del hachís que se han consolidado durante años en la zona. Ahí entran los clanes locales del Campo de Gibraltar. El estudio de Giménez-Salinas confirma esta práctica: “La cadena de distribución de la cocaína ha dejado de estar en manos de unos cuantos actores para, como ocurre en Europa hace ya unos años, dar cabida a pequeñas organizaciones que participan como intermediarios formando una extensa red global y que, de forma conjunta y con acuerdos negociados entre las organizaciones participantes, desarrollan el negocio a escala mundial”.

Desde finales de 2000, los cárteles mexicanos están irrumpiendo con fuerza, poco a poco, sin levantar sospechas

Los mexicanos llegaron a España hace dos décadas, cuando la presión del Estado sobre los narcotraficantes gallegos ya se había hecho sentir, y cuando los pudieron controlar el negocio en EEUU. Entonces, los cárteles mexicanos comenzaron a mirar a Europa. “Si bien su presencia es menor que la colombiana, se nota un aumento en las operaciones realizadas contra estos grupos en los últimos años y una presencia estable de la mayoría de cárteles importantes de México. Desde finales de 2000, los cárteles mexicanos están irrumpiendo con fuerza y lo hacen de forma paulatina sin levantar demasiadas sospechas. Los miembros que se refugian en nuestro país resultan clave para seguir el negocio, pero también reclutan miembros locales y generan nuevas redes para el desarrollo del mercado en Europa”, analiza Giménez Salinas.

La violencia es una de las señas de identidad de las organizaciones mexicanas. Las bandas del Campo de Gibraltar han comenzado a contratar sicarios, afirman las fuentes consultadas por Público, para protegerse unas de otras. Hay quien cree, aunque no está claro aún que sea así, que los cárteles del Golfo y de Tijuana entrenan a jóvenes pandilleros a los que después envían a España para que se intenten integrar en las organizaciones que ya operan a nivel local y acaben por hacerse con el control de ellas. El hecho es que existe un aumento de la tensión que se hace sentir en las barriadas más desfavorecidas de la comarca, donde las tasas de paro son excesivas y la tentación del dinero fácil y rápido está ahí.

Las bandas han comenzado a contratar sicarios para protegerse unas de otras

Así, para los clanes no resulta complicado reclutar efectivos, con cada vez menos respeto por la autoridad y cada vez menos escrúpulos. Hay tiroteos en los barrios donde manda el narco. Tampoco les resulta complicado burlar a la ley. Cada vez utilizan mejores medios y conocen mejor las razones por las que caen, por las que les pillan. Utilizan teléfonos encriptados con borrador de mensajes y mensajerías instantáneas, que son imposibles de interceptar. En una de las últimas operaciones, Interior se incautó de un sistema de radares que servía para detectar la presencia policial en la costa. Así, podían avisar a tiempo a los pilotos de las lanchas. Policías y fiscales sienten que van por detrás. “No vamos a tiempo real”, dicen.

Seguir el rastro del dinero

“Hay que seguir el dinero. ¿Cómo cayó Al Capone? Pues eso. O se sigue el dinero o van a seguir haciendo lo que hacen”, indican los policías. Es importante parar los alijos, pero eso no desmantela las organizaciones. Su capacidad de compra es tal que si se detiene a un grupo, automáticamente se buscan a otro, insiste la Fiscalía. Lo importante es saber quiénes son los jefes, los que mandan, los que parten el bacalao. Sin embargo, las investigaciones de blanqueo no resultan fáciles por dos razones fundamentales.

Por un lado, está la impropia falta de medios de investigación de que disponen guardias civiles, policías y fiscales, lo que no les permite contar desde el inicio de las investigaciones con informes patrimoniales lo suficientemente concretos y detallados. Ello, unido “a la sobrecarga de trabajo de los Juzgados de Instrucción hace muy difícil sacar adelante este tipo de causas en unos plazos de tiempo razonables”, admite la Fiscalía Antidroga de Cádiz en su última memoria. “Son necesarios más equipos de blanqueo porque los que hay tienen muy pocos componentes y los informes se retrasan bastante. Además sería necesario una mayor capacidad de análisis financiero sobre personas que pudieran estar relacionadas con esas actividades, aunque es muy complicado llegar hasta ellas si no hay algo que llame la atención sobre su modo de vida o alguna relación con el narcotráfico”, añaden fuentes de la Fiscalía.

Lo importante es saber quiénes son los jefes, los que mandan, los que parten el bacalao

Y, por otro lado, está la propia estructura con la que operan ahora las mafias. “En la actualidad coexisten una diversidad de grupos (desde grandes mafias a pequeños grupos) que compiten y se alían por una porción del mercado. Las organizaciones que actúan en Europa son, en un gran porcentaje, estructuras mucho más flexibles y horizontales que las organizaciones criminales tradicionales construidas en torno a un claro liderazgo que centraliza la jerarquía organizativa. Hace ya unos años que se alerta en la literatura científica sobre la existencia de formas más reticulares en las organizaciones, con una mayor descentralización del poder, mayor horizontalidad e intercambiabilidad de funciones entre los miembros, con un perfil mucho más mercantil”, afirma Giménez-Salinas.

“El que tiene el dinero va subcontratando a clanes familiares. Forman una red, en la que se van subcontratando a diferentes empresas. Por eso ellos (los líderes, los jefes) siempre están con las manos limpias. Aprovechan la infraestructura local que ya tienen, y también el puerto Tánger-Med. Allí saltarse los controles es mucho más fácil que aquí. Se aprovechan los contenedores donde va hachís y ya están metiendo también cocaína, para probar”, afirman las fuentes policiales. Sin embargo, dice la Fiscalía sobre este último extremo, aún no se ha detectado de manera fehaciente la entrada de cocaína desde Marruecos.

Coexisten diversos grupos (desde grandes mafias a pequeños clanes) que compiten y se alían por una porción del mercado

En Cádiz no hay organizaciones que blanqueen para los narcos. Cada clan blanquea su dinero como puede, considera la Fiscalía. O lo guarda. No se han descubierto grandes infraestructuras de blanqueo. “El dinero ganado lo gastan en costear el día a día, hacerse algunas casas tipo chalet, comprar coches de lujo. En numerosas ocasiones el dinero lo tienen guardado en las casas, en zulos. También hay bastantes casos en que malgastan el dinero en drogas, prostíbulos”, dicen las fuentes de la Fiscalía.

La detención, a principios de este año, en febrero, de José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, el histórico narco gallego, en una investigación por blanqueo de capitales dirigida por la Audiencia Nacional, parece confirmar esta tesis. Miñanco vivía en Algeciras desde abril de 2015 en régimen de semilibertad, supuestamente con un trabajo como vigilante de un aparcamiento. De lo que ha transcendido de las investigaciones, Miñanco utilizaba una empresa en Marbella y otra en Algeciras para blanquear el dinero de la droga que continuaba distribuyendo. Es decir, lo blanqueaba como podía.

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