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Kaputt (segunda parte)

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Ay Bernabé, perdón, Mariano, quién te ha visto y quién te ve! Hasta el 20-N, todo era recuperar la confianza con el cambio de Gobierno para comenzar a superar la crisis y dejar así atrás la prima (de riesgo) de Zapatero.

Pero veamos lo que ayer por la tarde explicó Rajoy a sus conmilitones del Partido Popular Europeo. Dijo: "Necesitamos reformas estructurales... Pero para que estas reformas puedan asegurar una Europa nueva, es preciso, ya sin más dilación, poner en marcha todos los medios y recursos disponibles para contener la hemorragia de la deuda soberana".

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Vaya, vaya, ¿en qué acto de la campaña del 20-N hemos oído hablar a Rajoy de la crisis española en el contexto de esta "hemorragia de la deuda soberana"? ¿Acaso en su debate con Rubalcaba? Por supuesto que no. Y, uno, claro, se pregunta: esta hemorragia que ya lleva su tiempo y que era evidente en plena campaña electoral, ¿cuándo la ha descubierto Rajoy?

Ahora que va a asumir la presidencia del Gobierno, esta hemorragia requiere una operación urgente. Rajoy: "Soy consciente de que estas intervenciones requieren de un entorno de seguridad y de una mayor disciplina que eviten la irresponsabilidad presupuestaria. Pues adelante, hagámoslo. España lo apoyará...".

En román paladino: ahora que Zapatero (aplaudido por Durão Barroso, Merkel, Sarkozy, Trichet y Obama) ya se va, saque el BCE su bazuca y arregléme a mi, Rajoy, que inspiro toda la confianza que se puede pedir, el soberano problema de la deuda. Fíjense ustedes: Rajoy, que había criticado a Zapatero por proponer el "atajo" de los eurobonos, habla ahora de "intervenciones", sin atreverse, claro, a apuntar al BCE, no sea que su presidente se ofenda. Pero he aquí que este discurso quedó desfasado ya no digamos desde que fuera escrito sino incluso antes de ser pronunciado en Marsella en la tarde de ayer. Porque el presidente del BCE, Mario Draghi, fulminó esas expectativas en su rueda de prensa celebrada en Fráncfort varias horas antes de la alocución de Rajoy.

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Se mostró Draghi sorprendido de que se interpretasen sus palabras ante el Parlamento Europeo, en el sentido de que si la cumbre aprueba un refuerzo de la disciplina fiscal, el BCE intervendría masivamente en los mercados para fijar límites a los tipos de interés de los bonos o a las primas de riego. De bazucas o intervenciones decisivas, y un eventual préstamo del BCE al FMI, para contener hemorragias, nada de nada.

Barroso en un diálogo captado por los micrófonos, mientras se hacían las fotos, explicó a Rajoy que el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, con el que se entrevistó el próximo presidente español el miércoles, es junto a Obama partidario de la expansión fiscal. "Esto de la expansión fiscal", se oye farfullar a Rajoy. "Yo no tengo alternativa a la reducción del déficit...". Barroso le da ánimos: "La nuestra (alternativa) es la buena".

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Ya Margaret Thatcher dijo al lanzar su programa de austeridad y liberalización salvaje de 1979 que "no hay alternativa". En inglés se convirtió en un acrónimo muy popular: TINA (There Is No Alternative). Tanto la fallida petición de Rajoy a cortar la hemorragia como el show de Merkozy coinciden en lo mismo: Kaputt.Es decir: todo se ha perdido, estropeado o arruinado.

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