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Metanobacterias encontradas en sedimentos marinos, vistas al microscopio de fluorescencia./ JAMSTEC

Los científicos no encuentran los límites de la vida en la Tierra

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Los microbios que forman la biosfera profunda pesan centenares de veces más que los seres humanos.

Ciencias

Aunque habitualmente solo seamos consciente de la vida en la superficie, por debajo del fondo del mar o en las profundidades de las minas más profundas la vida subsiste y lo hace en condiciones extremas. Es una vida microbiana con características que nos resultan muy extrañas pero que cada vez se conoce mejor.

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Los últimos descubrimientos en la biosfera profunda indican que la biomasa (el conjunto de los seres vivos) por debajo de la superficie terrestre representa una cantidad enorme de carbono (entre 15.000 y 23.000 millones de toneladas), aproximadamente unas 300 veces más que el que contienen los más de 7.000 millones de seres humanos, y que su diversidad genética es comparable o mayor que la superficial. Son datos del Observatorio del Carbono Profundo (DCO) que interesan no solo para conocer mejor el ciclo del carbono, sobre el que se basa la vida, sino también su influencia en el calentamiento global o en nuevos avances médicos y medioambientales.

A mayor profundidad hay más presión, más calor, menos energía y menos nutrientes disponibles. Y sin embargo, la vida persiste en esas condiciones y en todo el globo terrestre. Donde los animales y humanos no podrían sobrevivir, las bacterias, arqueas y otros microbios han encontrado formas de hacerlo y se cree que en estas zonas profundas se concentra el 70% de las dos primeras. “Explorar la biosfera profunda es como explorar la selva del Amazonas. Hay vida en todas partes y en todas partes existe una abundancia de organismos inesperados y extraños”, dice Mitch Sogin, del laboratorio oceanográfico Woods Hole de Estados Unidos. Sogin codirige el esfuerzo internacional para explorar la vida profunda, que agrupa a 300 investigadores de 34 países y estos días presenta sus más reciente análisis en la reunión anual de geofísica más importante del mundo, que se celebra en Washington.

Uno de los cilindros de sedimento marino extraídos para buscar pruebas de vida./ LUC RIOLON-JAMSTEC

Un caso de estos microbios son las bacterias llamadas zombis. Invierten casi toda la energía, que al parecer extraen solo de las rocas, simplemente en mantenerse vivas durante millones de años, una escala geológica, mientras que apenas se reproducen. ¿Cómo lo hacen, se preguntan los investigadores? No saben si el metano, el hidrógeno o la radiación natural (del uranio y otros elementos) son la principal fuente de energía, y esa es una de las incógnitas que quieren resolver.

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Todavía no se ha encontrado el límite de la vida terrestre, continuamente se baten las marcas de temperatura, presión o energía disponible que aguanta. Mediante la perforación del suelo marino hasta 2,5 kilómetros de profundidad (con hasta 8 kilómetros de agua por encima) y el estudio en minas y perforaciones en tierra firme hasta los 5 kilómetros, se están encontrando millones de tipos distintos de microbios, que algunos expertos llaman la materia oscura microbiana porque también son muy diferentes de los conocidos. El récord de calor lo ostenta Geogemma barossii, un organismo unicelular que se reproduce a 121 grados centígrados en las fuentes termales del fondo del mar (en la superficie terrestre el máximo de temperatura registrado son 71 grados). “La vida profunda tiene seguramente un efecto importante en los ciclos bioquímicos globales, y por tanto en el mundo superficial, pero todavía estamos lejos de poder cuantificar este efecto”, reconoce Kai Uew Hinrichs, de la Universidad de Bremen.

En realidad la mayor parte del nuevo conocimiento generado por perforaciones y exploraciones es muy reciente. Se ha conseguido en los últimos 10 años, con programas internacionales específicos de investigación, como el International Ocean Discovery Program (IODP) que utiliza barcos de Europa, Estados Unidos y Japón.

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También se plantean los investigadores si la vida se originó en las profundidades y luego migró hasta alcanzar la radiación solar o si empezó en un pequeño lago y migró hacia abajo, así como que si el hecho de que exista vida microbiana profunda en la Tierra hace más probable que también lo haga en otros planetas.

El barco japonés de investigación oceanográfica Chikyu, que ha hecho la mayor parte de las perforaciones suboceánicas para extraer material./JAMSTEC

Y existen preocupaciones más concretas e inmediatas. En los planes de ingeniería para almacenar carbono subterráneamente para disminuir el efecto invernadero no se tiene en cuenta la vida que hay a esas profundidades. “Recientemente demostramos que la alta reactividad de la vida profunda frente a las inyecciones de CO2 llevó a que se atascara el pozo de inyección y el depósito”, recuerda Benedicte Menez, del Instituto de Física Terrestre de Francia. El hecho es que cada vez que se saca un testigo procedente de una perforación, con técnicas similares a las utilizadas en las prospecciones de petróleo se encuentra vida. Todo un mensaje.

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