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Ser buena gente alarga la vida

Ayudar al prójimo tiene premio en forma de neurotransmisores del placer y hormonas cardioprotectoras.

'Helping hand' es el título de esta foto en que dos hombres ayudan a subir el carrito de un bebé por las escaleras, presentada en la galería de imágenes de Envision Kindness.
'Helping hand' es el título de esta foto en que dos hombres ayudan a subir el carrito de un bebé por las escaleras, presentada en la galería de imágenes de Envision Kindness. Duncan Chando

¿Puede ser que los actos de amabilidad no solo agraden a quien los recibe, sino que también mejoren el bienestar de quien los realiza? Es la pregunta que llevó al investigador Oliver Scott Curry, del Instituto de Antropología Cognitiva y Evolutiva de la Universidad de Oxford, a revisar 27 artículos científicos sobre el tema. Su conclusión: "El incremento en la sensación de felicidad cuando eres amable con otra persona equivale a un salto de 0,8 en una escala del 0 al 10. Es decir, casi un punto entero. En términos científicos, esto se considera un efecto pequeño a moderado", apunta Curry.

La explicación está, según este antropólogo, en que la felicidad es "una recompensa psicológica que nos dice que un problema adaptativo ha sido o está en proceso de ser satisfecho con éxito". Y echar un cable al prójimo es adaptativo porque nos ayuda a convivir. "Ayudar a los demás puede darnos, a veces, un mejor retorno de inversión que ayudarse a uno mismo. Por eso, la evolución favorece la cooperación y la generosidad", añade.

Si es así, no es de extrañar que uno de cada dos encuestados en Europa, Asia y Estados Unidos afirmen haber donado dinero a una organización benéfica o haber ayudado a un desconocido en el último mes, según el último informe de The Giving Index.

Subidón de opioides endógenos

"Nuestros cerebros están diseñados para reconocer la amabilidad y reforzarla. Es algo que llevamos grabado en los genes y es indispensable para la supervivencia, la reproducción y la crianza", dice a Público David Fryburg, médico y fundador de Envision Kindness, una asociación dedicada a estudiar el efecto de la amabilidad en la salud física y mental.

La primera recompensa que recibimos es interna: cuando realizamos un acto altruista, nuestro organismo libera opioides endógenos que producen sensación de placer. Es lo que en inglés se ha bautizado como Helper's High, que podría traducirse por algo así como "el subidón del buen samaritano".

Y, gracias a estudios de resonancia magnética como los de la psicóloga Helen Weng (Universidad de Madison), sabemos que preocuparse por los demás genera un premio en el cerebro, pues se activa el circuito de recompensa, además de la zona encargada de la empatía. "Al contrario, el aislamiento social activa circuitos neuronales implicados en el dolor", señala Fryburg.

Oxitocina antioxidante y cardioprotectora

También está demostrado que los gestos de amabilidad activan la producción de oxitocina, relacionada con la calidez afectiva y los vínculos interpersonales. De paso, esta hormona protege el corazón y reduce los niveles de inflamación del organismo, al liberar óxido nítrico –una sustancia con función dilatadora– en el torrente sanguíneo.

Por si fuera poco, es antioxidante y reduce los radicales libres que hacen que la piel envejezca, según una investigación publicada en Experimental Dermatology. Todo un elixir de juventud que podría explicar la longevidad de quienes practican voluntariados.

Los voluntarios viven más años

En la misma línea, como apunta Fryburg, "las personas que hacen voluntariados de forma habitual tienen una mortalidad un 20 por ciento inferior a la media". Se refiere a un estudio publicado en Plos One en el que, tras analizar la salud de 42.926 individuos de 29 países europeos, constataron que quienes hacían trabajos de voluntariado estaban más sanos que el resto de la población. En concreto, el equivalente a cinco años más de longevidad.

"Practicar un voluntariado ejerce un efecto positivo en el bienestar del individuo, al conectarlo con otras personas a través de un propósito vital. Y eso es crítico para atenuar los peores estresores, como la sensación de soledad", nos cuenta Fryburg.

Mejor una pareja amable

Tan adaptativo es ser buena persona que, según un estudio de 2019 publicado en Journal of Personality, a la hora de elegir pareja estable priorizamos que sea amable por encima de otras cualidades, como el atractivo físico, el potencial para tener altos ingresos económicos o, incluso, el sentido del humor. Es el resultado al que llegaron un grupo de investigadores de la Universidad de Swansea tras interrogar a más de 2.700 jóvenes de todo el mundo.

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