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Opinión · Posos de anarquía

Mete a Franco en tu casa

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La cantidad de fascistas aborregad@s que hemos podido ver este fin de semana en el Valle de los Caídos debería darnos pie para aplicar su propia doctrina. Son este tipo de personajes los que cuando uno defiende el acogimiento e integración de las personas migrantes, arremeten diciendo “¡llévatelas tú a casa!”. Hagamos lo mismo con Franco, que lo metan ellos en sus casas.

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El viejo saldrá sí o sí del Valle de los Caídos. La red de fachas en España es tan grande, que en lugar de hacer el ridículo, como este fin de semana cacareando el Cara al Sol, deberían organizarse si lo que quieren es seguir rindiendo pleitesía al dictador asesino.

Dado que es seguro que el apenas metro y medio de fascismo saldrá por la puerta de atrás del mausoleo, mientras somos millones de español@s los que nos descojonamos de la risa brindando por ello, l@s fachillas pueden ir preparando una hoja de cálculo para ir turnándose y acoger los restos en su propia casa. ¿Puede haber algo más bonito para un facha que tener en su propia casa a la momia del dictador? Una semana por facha y, así, tendrían asegurada la peregrinación de Paquito por toda España.

¿Por qué limitar el disfrute del viejo a un único punto cuando puede recorrer todo el país? Claro que sí, fachas de España, movilizáos en la dirección correcta, levantando el brazo como hacéis pero para portar el cajón de Franco y llevároslo a vuestra casa. La tecnología está de vuestro lado: podéis montar una web al estilo Airbnb, en la que solicitar al viejo, calificando el estado en el que lo recibísteis y colgando vuestros vídeos con poses envuelt@s con la bandera del pollo. A la vuelta del año, el que haya recibido más votos, podrá disfrutar de una semana extra con el viejo.

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Eso sí, por favor, que sea una web en abierto, para que la gente demócrata podamos seguir partiéndonos de risa, como este fin de semana, cada vez que vemos las toneladas de caspa que destiláis, el modo tan humillante en que os arrastráis venerando a una momia en la que, si yo pudiera, orinaría antes de hacerlo desaparecer de una vez por todas en la incineradora de un vertedero.

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