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Opinión · Tierra de nadie

Los pitonisos

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A María Jesús García Pérez, más conocida como la jueza pitonisa de Luego, le están buscando las vueltas por sus excentricidades cartománticas. Denunciada por anunciarse como tarotista y vidente, el Consejo General del Poder Judicial le ha abierto un expediente por considerar incompatible con su condición judicial eso de ver el futuro y además cobrar por ello. Contra la magistrada se han ido acumulando además otros antecedentes: que ha presidido juicios con su gato, que fumaba en la sala de vistas y que ha ejercido de stripperen Canarias en sus ratos libres. Estas extravagancias y otras que lo son menos, como conceder un permiso penitenciario a un descuartizador o demorar la puesta en libertad de un detenido para irse al gimnasio, le han acarreado varias sanciones del CGPJ.

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Si en alguna de estas ocasiones pudiera estar justificado el escarmiento, pretender castigar a la jueza por leer las cartas e intentar vislumbrar el porvenir entre arcanos mayores y menores no tiene justificación porque es, en realidad, a lo que se dedican algunos de sus togados colegas, que no sólo intentan saber lo que pasará sino que, además, pretenden cambiar el destino con sus autos y resoluciones.

Es el caso del magistrado del Tribunal Supremo, Pablo Llarena, instructor de la causa contra el ‘procés’, que debió de ver en los posos del café su misión histórica como el hombre que paró los pies al independentismo y dio su merecido a los ‘golpistas’, aunque lo suyo más que predicciones han tratado de ser profecías autocumplidas que la Justicia de otros países no han dejado de poner en cuestión y de desnudar, lo que en cierta medida le convierte en otro stripper. A medida que pasa el tiempo se comprueba que donde algunos veían a Nostradamus se dibujan los contornos de Rappel, y que sus poderes advinatorios son francamente mejorables.

Contrariamente a lo que se piensa, la Justicia tiene mucho de predicción y son precisamente las dotes adivinatorias de algunos de estos servidores públicos lo que provoca que den arbitrariamente por probado justamente lo que tienen que probar y extraigan sus conclusiones, no de los hechos incuestionables, sino de la ciencia infusa o del Espíritu Santo, ya sea en forma de llama o de paloma.

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La pasión por los vaticinios, mayormente erróneos, no es exclusiva de la Judicatura y se ha extendido a gran velocidad por la política, donde lo normal en los últimos tiempos es que sus representantes imiten a los economistas y se pasen el tiempo intento explicarse en qué se equivocaron, algo que también le pasa a los periodistas. Prometedores dirigentes han caído en desgracia por esas bolas de cristal averiadas que les hicieron inclinarse por opciones perdedoras. Se vio en el PSOE, se está viendo en el PP y ha alcanzado la condición de paradigma en Puigdemont, a quien se creía un tonto útil de Artur Mas y va camino de entronizarse como el Mandela del soberanismo mientras se merienda en la distancia a su partido y da mordiscos en las canillas a sus socios de ERC.

Si de algo es culpable la pitonisa de Lugo es de ser de esas videntes que preguntan quién es a los que llaman a la puerta, lo que no da mucha confianza a los clientes. Interpelada sobre si había consultado con las cartas su futuro en los tribunales, la buena señora reconoció haberlo hecho y añadió que lo veía muy negro, aunque de momento se haya rechazado la suspensión temporal de seis meses que pedían sus inquisidores. Quizás el CGPJ esté dispuesto en ese caso a ser indulgente. Quien esté libre del pecado de caer en la tentación de los oráculos que tire la primera piedra.

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