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Opinión · El desconcierto

La insidia de Rivera

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Con la complicidad activa o pasiva de la presidenta Ana Pastor, que ejerció de buena gallega , Albert Rivera ha lanzado una insidia contra el presidente del Gobierno durante la última sesión de control parlamentario, al sustituir la pregunta prevista sobre Cataluña por otra revestida de sospecha acerca de su tesis doctoral , aprovechando que, al igual que otros doctorandos, Pedro Sánchez había cometido la equivocación de no publicarla, aunque se podía consultar in situ. Lo que ha hecho el líder de Ciudadanos es elevar  a categoría política una maledicencia que circulaba desde hace  años en el milié político e informativo y que a nadie, sea político o periodista, se le ha ocurrido recoger para alimentar eso que Umberto Eco llamaba la máquina del fango. La pregunta es: ¿por qué quien aspiró y aspira  a gobernar con Pedro Sánchez recurre aquí y ahora a un intento de asesinato de carácter del presidente de Gobierno?

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Explicarlo únicamente por la ideología joseantoniana que alienta a Rivera parece insuficiente. Aunque es evidente la radicalización falangista de Ciudadanos, ya que en la medida en que no logra el enfrentamiento en la sociedad civil, que persigue desde 2006, opta por reeditar  el ataque frontal contra Sánchez, Iglesias o Torra, emulando al que  en su día  protagonizara  José Antonio Primo de Rivera cuando calumniaba a  Azaña o a Prieto. Hoy como entonces, la coyuntura política no es muy favorable para los muy poderosos sectores sociales para los que trabaja el líder de Ciudadanos. Basta comprobar la rabieta de la prensa ligada a los lobbies económicos, tanto en Madrid como Barcelona, cuando describen y comentan con metáforas esperpénticas los problemas reales de un gobierno apoyado por la unidad de la izquierda junto  con las restantes fuerzas democráticas nacionalistas.

No es seguro que los dos padrinos de Albert Rivera, el económico y el institucional, apoyen la insidia de Ciudadanos,  incluso es probable que haya sido mucho más papista que el Papa banquero o estatal. Pero parece indudable que el muro del dinero observa con inquietud creciente las relaciones de Pedro Sánchez con Pablo Iglesias, por el temor de verse obligado a pagar la factura multiplicada de los gastos sociales; tanto como altas instituciones estatales contemplan con profundo desagrado el diálogo de la Moncloa con el palacio de San Jaume, ya que temen igualmente que esa España plural del PSOE sea mañana mismo una realidad estatal que pueda sustituir a la España centralista que recibieron del dictador Franco. Probablemente, estimen que Albert Rivera se haya pasado de lo conveniente, pero ya sabe como son los joseantonianos.

Parece una casualidad, pero no lo es, que ayer mismo  el Congreso de los Diputados aprobara la exhumación del general Franco del Valle de los Caídos, precisamente con la abstención de estos insidiosos. Ajenos a la política de reconciliación nacional, defendida por la izquierda desde 1956, tienden a comparar este gobierno de  Pedro Sánchez con el de Juan Negrín o Largo Caballero, sostenido entonces  por toda la izquierda y los nacionalistas, sin tener en cuenta que las circunstancias históricas, políticas, económicas e ideológicas no pueden ser más antagónicas. Quienes todavía en 2018 se resisten a ajustar las cuentas con la dictadura e incluso reeditan el estilo chulesco de los señoritos de Falange, impotentes para romper la actual mayoría parlamentaria que es mucho más sólida de lo que parece, optan  por enfangarse ahora, obviando que en aquellos años en los que la maledicencia también circulaba no recurrieron a ella. ¿O  cuando Rivera aspiraba a gobernar con Sánchez desconocía lo que todo Madrid sabía?

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Nada es hoy más inquietante para la supervivencia del sistema democrático que un partido parlamentario se exprese como si fuera extraparlamentario. Escuchando a Albert Rivera, no se sabe si habla Ciudadanos, Vox, o cualquier otro grupúsculo de la extrema derecha. Arrojar lodo sobre la presidencia del Gobierno, erosionar todas las instituciones democráticas representativas cuando se guarda un silencio simultáneo sobre las fechorías e ilegalidades de las no electivas, es añadir más leña a la propaganda franquista contra los partidos políticos que todavía se escucha en algunos programas televisivos. Esa cantinela, todos son iguales, la derecha como la izquierda, era ya una triste realidad política protagonizada por los intelectuales de Falange, que hoy reaparece justo cuando  Pedro Sánchez y Pablo Iglesias negocian unos Presupuestos que demuestran todo lo contrario.

Ese Podemos de derecha que es Ciudadanos, según Oliú presidente del Banco Sabadell, puede acabar siendo un bumerán para el Ibex-35 . Con insidias como las  arrojadas sobre la presidencia del Gobierno no tienen nada fácil arrodillar a Sánchez, sino, probablemente, todo lo contrario. Olvidan que mañana puede volver a ocurrir lo que sucedió cuando le defenestraron en Ferraz. Que regrese en olor de multitudes a través de las urnas. La experiencia histórica de la  inmensa mayoría de la sociedad española intuye que la defensa del Estado del Bienestar, de la España plural y  el desarrollo del sistema democrático pasa hoy, inequívocamente, por la  firme consolidación de la actual mayoría parlamentaria.Si el presidente Antonio Costa puede gobernar en Lisboa con un gobierno socialista apoyado por el Partido Comunista Portugués y el Bloque de Izquierda, ¿por qué no puede gobernar el presidente Sánchez en Madrid con el apoyo de Podemos y las fuerzas nacionalistas ?

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