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Opinión · Tierra de nadie

Lola, Balta y el Big Bang

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Lo del Consejo de Ministros empezó siendo una reunión de estrellas más un astronauta, y ya no se descarta que asistamos en poco más de 100 días al descubrimiento del tercer agujero negro de la galaxia, toda una rareza en la observación astronómica. La que ahora parece sufrir un colapso gravitatorio es la titular de Justicia, Dolores Delgado, que ya ha empezado a salir de la órbita y que en cualquier momento puede sucumbir a su propia gravedad.

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La historia empezó de una manera cósmicamente tonta. Se dio cuenta primero de que la ministra aparecía con nombre en clave en unos papeles del excomisario Villarejo, actualmente en la trena, en los que se la relacionaba con unas gestiones para evitar la extradición a Guatemala de un empresario. La de Justicia negó la mayor y explicó primero que ni conocía al señor de las cloacas ni había tenido relación con él. Después, matizó que lo que no tuvo nunca con el prenda fue una relación “profesional”. Y finalmente, ha revelado que recordaba haber estado tres veces con el sujeto, la segunda de ellas en una comida acompañando al entonces magistrado Baltasar Garzón, y a cuya transcripción, procedente de la fonoteca de extorsiones de Villarejo, estamos asistiendo por entregas.

De lo conocido hasta el momento no hay nada que acredite que la entonces fiscal realizara gestión alguna a favor del empresario, lo cual, además de corrupción, hubiese sido del género tontísimo por la sencilla razón de que el tal Pérez-Maura tiene nacionalidad española y eso impedía de saque su extradición, que fue denegada por la Audiencia. Sabido esto, lo que le puede costar el puesto es la versión cambiante de su relación con Villarejo que, a tenor de la grabación ahora conocida, no sugiere que fuera esporádica sino más bien de compadreo sideral.

Haber comido una o cien veces con quienes se supone que formaban una mafia policial adscrita a las alcantarillas del Estado no es delito, pero se entiende que aparecer vinculada a tan malas compañías ha debido resultar insoportable a la ministra de Justicia en un momento en el que se presenta a Villarejo como el enemigo público número uno, el mayor chantajista del reino y del rey, al menos del emérito. Lola y Balta, que así se dirigía a Delgado y a Garzón el excomisario con notable familiaridad, están en un aprieto.

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El eclipse de la ministra está permitiendo observar además otro singular caos cósmico. A saber: Lola y Balta son amigos o muy amigos, pero Balta odia a Margarita Robles, otra estrella oscurecida del Ejecutivo, a la que acusa de haber encargado en su día un informe para atribuirle conexiones con narcotraficantes y una vida disoluta. Uno de los autores de ese informe es, por supuesto, Villarejo, al que Balta, lejos de odiar, aprecia tanto como para participar en sus comidas de celebración junto a Lola y otros policías de su presunta red corrupta a los que su despacho de abogados defiende en los tribunales.

De su amistad con Balta se infiere que Lola odia también a Robles, con la que comparte cielo en el Consejo de Ministros, donde también orbita Fernando Grande Marlaska, de cuya orientación sexual hizo mofa Lola en la comida con Villarejo que nos está siendo retransmitida. Y, obviamente, con tres estrellas en rumbo de colisión no puede esperarse nada bueno.

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Al astrónomo Pedro Sánchez el singular fenómeno le ha pillado con el telescopio cambiado, al otro lado del charco, en un viaje con el que pretendía tomar distancia de tanto meteorito que le estaba cayendo encima de su tesis. Impedir que su ministra de Justicia se desvanezca es una prioridad porque no hay quien resista tanta catástrofe interestelar en tan poco tiempo. A lo tonto se teme un Big Bang.

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