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Opinión · Punto de Fisión

Delgado sale del armario

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Con Villarejo en Público nos está ocurriendo un poco lo mismo que al Atlético de Madrid con Hugo Sánchez. Años de promoción, años de mimarlo, de cuidarlo, de exhibir sus regates y sus goles inverosímiles, y de repente el chaval va y deserta al Real Madrid, empieza a ganar Ligas una detrás de otra, y mete más de cien goles en una temporada mientras que le bastaron diecinueve para ser Pichichi con la camiseta rojablanca.

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Patricia López, probablemente la mayor experta en Villarejología del país (aparte de Villarejo), diría, con mucha razón, que en realidad el centenar largo de goles los anotó ella en un laborioso trabajo de investigación que en cualquier otro país le hubiera valido varios premios periodísticos. Años y años de limpiar cloacas para que al final el mérito se lo lleve una sola palabra (“maricón”) en boca de una mujer imprudente. Sí, es verdad: antes habíamos oído al ecuménico Fernández Díaz conspirando contra políticos catalanes y solicitando la colaboración de la Fiscalía para eliminar adversarios políticos y no se despeinó nadie. Cualquiera con dos dedos de frente diría que es mucho más grave decirle al director de la Oficina Antifraude de Cataluña: “Esto te lo afina la Fiscalía, hacemos una gestión”, que llamar “maricón” a un juez en una reunión entre amigos.

El periodismo, sin embargo, viene a decir que la noticia no está en que un político muerda a otros políticos, aunque sea a traición y con instrumentos estatales, ni siquiera en que una fiscal le pegue un mordisco a un juez, aunque sea cariñoso. La noticia está en que Dolores Delgado, Baltasar Garzón y Villarejo eran amiguetes de parranda, lo cual equivale a un gol de chilena entre cuatro defensas con el viento en contra. Las confidencias, las bromas, las “mariscaditas” y los tragos de orujo revelan una confianza íntima y una cachaza fraternal entre varios servidores públicos y el Darth Vader con gorra de las alcantarillas patrias. En la misma conversación, un momento antes, el inefable comisario se refiere a Garzón con el mismo adjetivo sustantivado que ha desatado la cólera popular: “Te lo podrá decir este maricón que tienes al lado”.

Entre las muchas tonterías que soltó Dolores Delgado aquel día destaca, para su desgracia, la absurda generalización de que prefiere a los tíos antes que a las tías porque los hombres somos “transparentes”, según ella. Y lo decía delante del tipo más opaco y siniestro de España, un Terminator repleto de micrófonos que va por la vida recopilando secretos y miserias. Transparente hasta la médula, Delgado reaccionó como todo un hombre en cuanto aquella bazofia salió a la luz: primero negó que conociera a Villarejo, luego matizó que no tenía ninguna relación profesional con él, después dijo que lo de “maricón” no iba por Grande-Marlaska y al final reconoció que sí, pero que iba sin mala intención. Al fin y al cabo, la orientación sexual de Marlaska es de dominio público: son Delgado y Garzón quienes han salido del armario en esa grabación de hace nueve años. Gol por toda la escuadra.

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