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El loco plan de casar a Hitler con Pilar Primo de Rivera

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Hoy sonaría a inocentada pero en su día (1941) se planteó totalmente en serio la idea de cruzar a Adolf Hitler con Pilar Primo de Rivera para crear la primera dinastía fascista de Europa. Pilar, a la sazón hermana de José Antonio Primo de Rivera y fundadora de la Sección Femenina, murió soltera en 1991. Adolf murió en su bunker de Berlín en 1945, amancebado de cara a la galería con Eva Braun, en lo que era una mascarada: Hitler estaba incapacitado genitalmente por un balazo en la entrepierna recibido en la I Guerra Mundial, lo cual explica todo o casi todo.

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La idea de enlazar a la virtuosa hermana de José Antonio Primo de Rivera y al führer es del escritor fascista Ernesto Giménez Caballero, quien en 1941 acude a Alemania con la intención de realizar esta gestión, tal y como relata en su libro de memorias. Caballero creía que esta unión representaría el resurgimiento de la alianza que había existido entre ambos países en tiempo del Imperio de los Hasburgo. El plan de boda también fue secundado por Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y entusiasta germanófilo.

¿Y Pilar, qué opinaba de todo esto? Pilar ya había conocido a Hitler durante una visita a Alemania en 1938, en plena contienda fraticida, y había surgido buena química. Sin embargo, en sus memorias, “se tomó la idea seriamente pero la rechazó porque antepuso el valor de su vida privada y no se consideró con la valía adecuada para llevar a cabo esa misión”, según cuenta el historiador Wayne Bowen en “Pilar Primo de Rivera and the Axis Temptation,”.

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Tres años después de aquella visita, Giménez Caballero acude al ministro de propaganda alemán, Joseph Goebbels para plantearle el plan de enlace entre Hitler y Pilar, aunque fue Magda, la esposa de Goebbels, la que echa por tierra la idea, revelando la inoperancia viril del sátrapa alemán. Éste es el relato de la reunión, según el propio escritor:

-Y, ¿cuál sería la candidata a emperatriz?, preguntó Magda de Goebbels.

-Sólo podría ser una. En la línea de princesas hispanas como Ingunda y Brunequilda y Gelesvinta y Eugenia…Sólo una, por su limpieza de sangre, por su profunda fe católica, y, sobre todo, porque arrastraría a todas las juventudes españolas: ¡la hermana de José Antonio Primo de Rivera!…

Nada respondió Magda. De pronto, sus ojos se humedecieron. Y tomó mis manos y las estrechó. Y, en voz muy baja, me dijo así:

-Su visión es extraordinaria…Su misión también… Y además, audaz, valiente y concreta…

Calló de nuevo para proseguir:

-Mi marido está encantado con usted. Y el Führer desea conocerle. Yo les hablé de esto que ahora vuelve a proponerme de esta manera ya concreta y certeramente personificada. Y que sería posible.

-¿Sería posible? ¿Sería posible? ¡Madga!

-Sería posible…si Hitler no tuviera un balazo en un genital, de la primera guerra…que le ha invalidado para siempre…Imposible, gran amigo, imposible. ¡No habría continuidad de estirpe!…

-¿Y Eva Braun?

-Un piadoso enmascaramiento para la galería…

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[Ernesto Giménez Caballero: “Memorias de un dictador”, recogido por Justino Sinova y Joaquín Bardavío en “Todo Franco”. Los documentos están extraídos de aquí].

¿Y cómo hubiera tratado Pilar a Adolf cuando éste volviera de invadir Polonia, bombardear Londres o inaugurar Mautthausen?

Salúdale con una cálida sonrisa y demuéstrale tu deseo por complacerle. Escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. Nunca te quejes si llega tarde, o si sale a cenar o a otros lugares de diversión sin ti. Intenta, en cambio, comprender su mundo de tensión y sus necesidades reales. Haz que se sienta a gusto, que repose en un sillón cómodo, o que se acueste en la recámara. Ten preparada una bebida fría o caliente para él. No le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que es él amo de la casa.

Anima a tu marido a poner en práctica sus aficiones e intereses y sírvele de apoyo sin ser excesivamente insistente. Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ésta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres.

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[“La mujer ideal” (1958), recogido aquí.]

Por cierto, que la condición de amputado de Hitler le emparentaba con su colega en menesteres fascistas, el Caudillo Francisco Franco, que como es bien sabido sólo tenía un huevo.

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