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Opinión · Mundo Rural s.XXI

VOX a la Conquista del Mundo Rural

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Fernando Fernández (@FFernandezSuch) y Ariel Jerez (@ArielJerezNova).

Miembros del Área de Mundo Rural, Sostenibilidad y Soberanía Alimentaria PODEMOS

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Hace un año intentábamos abrir el debate preguntándonos si ya vivíamos en España el proceso de Le Pen-ización de ciertos sectores del medio rural como ha sucedido en nuestro país vecino. Hace un año se trataba de poner en orden una serie de impresiones sobre la realidad rural, constatando sentimientos de abandono y frustración que se acumulan entre la población rural, agravados por las dificultades de un sector agrario que no puede vivir de lo que produce en las coordenadas hipercompetitivas del mercado global insostenible. Insistíamos que desde el mundo rural existe la sensación de incomprensión por el desdén y ataque cultural permanente por parte de grupos sociales urbanos, que juzgan su realidad desde fuera. Todo ello forma un caldo de cultivo innegable para que arraigara una fuerza política de extrema derecha.

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Ha transcurrido un año, y el campo conservador de nuestro país ha visto como se rearma un partido de ultraderecha de corte fascista (VOX), como nueva fuerza que está condicionando los discursos de Ciudadanos y el Partido Popular en pugna por el espacio conservador. Lejos de centrarse, ninguna de las fuerzas conservadoras parece consolidar los nichos ideológicos que pueden considerarse homologables a la democracia cristiana y el liberalismo existentes en Europa y todas juegan al y yo más, en defensa de un patriotismo rancio y ultraliberal.

 

La gente con trayectoria de compromiso personal, afectivo y efectivo con el medio rural, tenemos perspectiva para comprender ese sentimiento de abandono y la consiguiente instrumentalización del mundo rural desde prácticas políticas caciquiles y clientelares, que, si bien tiene bases rurales, no podemos olvidar que han sido constantemente reorganizados por los partidos políticos desde las ciudades. Las bases de la “modernización” puestas por el franquismo reafirmaron los intereses y poderes retrógrados y oligárquicos, y hoy podemos constatar cómo vaciaron de población el campo y han dejado ecosistemas rurales a merced del abandono como primer riesgo ecológico, y a la explotación por la vía de nuevas formas de colonización interna.

La gente que militamos en el mundo rural desde claves de futuro, estamos alarmados escuchando hace años a cuadros sociales y dirigentes agrarios que advierten la preocupación existente en sus organizaciones por cómo se reaccionan a los discursos de identidad cada vez más simplificadores ante problemas que requieren profundos cambios políticos. Ayer mismo nos comentaban como un dirigente agrario de máximo nivel autonómico, en un grupo de wassap de una entidad en principio progresista y con más de 100 personas, compartía y animaba a la participación en un acto organizado por Vox dirigido a ganaderos.

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La mayoría de los analistas políticos que explicaban el resurgimiento de los fascismos en Europa, concluían que en España no habían cuajado hasta la fecha, porque el Partido Popular abarcaba un rango ideológico que iba desde el centro liberal a la extrema derecha. El estallido de la Gürtel en el PP acabó con esta situación que, en el contexto de la crisis catalana, impulsa una dura competición por recomponer un marco centralizador que profundiza la confrontación identitaria entre los pueblos de España. El trasvase de intención de votos al interior de un campo ideológico, hoy casi más reaccionario que conservador, podrá constatarse pronto en las elecciones andaluzas. Estas fuerzas, en buena medida, responsables históricas del retraso de nuestro mundo rural, y que llevan muchos años gestionando diputaciones y ayuntamientos, fondos PAC, grandes infraestructuras, grandes explotaciones agrarias y cotos de caza, inflaman estos sentimientos de impotencia y frustración ciudadana, auténticos tahúres envueltos en banderas. Porque saben que en el mundo rural se ganan elecciones, que los tres diputados de provincias como Palencia, Zamora, o Cuenca o Guadalajara, son fundamentales para sumar las mayorías del país.

El primer esfuerzo aglutinante de toda esa corriente identitaria que se erige en la “esencia de la ruralidad” tomó forma como sabemos en la “Alianza Rural Española” constituida el 12 de julio de 2017. Esta alianza, formada por 150 organizaciones y liderada por la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA, paradójicamente el sindicato hoy representante de la agroexportación), la Real Federación de Asociaciones de Caza de España, la Asociación Internacional de la Tauromaquia y con la participación de partidos políticos como “Acción Nacional Ibérica. ANATUR” y “Tradición y Futuro”.  No obstante, esta primera iniciativa tuvo un recorrido limitado. La primera macro manifestación programada “En Defensa del Mundo Rural y sus Tradiciones” (3/3/2017) no se llegó a celebrar, y su nueva convocatoria descentralizada (2/07/2017) apenas tuvo capacidad de movilización. La anhelada macro manifestación  se decidió posponer para el 2019, llevando a la Alianza a una intensa crisis que se desata en enero de 2018 por razones que dejaban entrever la difícil coordenadas de politización de un mundo rural largamente des-politizado y donde se denunciaba la instrumentalización de aficiones e identidades deportivas-recreativas culturales como la caza, pesca e hípica

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Estas exploraciones señalaban ya una estrategia que VOX desarrollaría de manera mucho más activa y estratégica a lo largo de 2018. Con agilidad, sabiéndose heredero natural de una red de grandes propietarios y grandes intereses en el medio rural, en los últimos meses, todos sus esfuerzos en la estrategia rural van dirigidos sobre todo a penetrar en dos colectivos: Por un lado, en el sector de la caza contraponiendo sus demandas e intereses a las del sector ecologista a los que identifica como los destructores de la esencia rural, “poniendo verdes a los rojos” de Podemos en todo momento, y con el apoyo de los medios de comunicación locales y regionales. Generando una falsa confrontación con una sociedad urbana a la que presentan como ignorante amenaza para el mundo rural y la naturaleza. Por otro lado, en el rural es donde quedan más productores y consumidores del sector de la tauromaquia, donde VOX sabe explotarlo sin complejos como dispositivo que vincula la fiesta nacional como principal rasgo, la gallardía, a nuestra identidad nacional. Con cazadores, peñas taurinas, los engranajes laborales de cotos de caza, dehesas de lidias, y los grandes propietarios e industriales agrarios que se articulan en alguna de las organizaciones agrarias VOX los presenta como casi la única sociedad civil rural reconocible, a pesar de que sabemos que existen otras muchas realidades sociales organizadas más allá de estas.  Vox empieza a agrandar de manera acelerada su presencia y protagonismo en el mundo rural con actos quincenales programados en capitales de provincias de todo el país en los que la exaltación de la caza o la tauromaquia han sido elementos claves, hasta la convocatoria del acto organizado por Vox en Vistalegre en el mes de octubre.

En primera fila del acto de Vistalegre, el presidente de la Federación Española de Caza, no por casualidad, sino que previamente lo habían hecho localmente todas sus federaciones autonómicas. En el contexto de las andaluzas, el pasado día 21 de noviembre en Sevilla, Vox convocó un acto electoral con el título “La caza también vota”. Con la excusa de presentar su programa para el mundo rural y la caza, y allí se presentaron parte de la cúpula de la Federación Andaluza de Caza en un acto de lleno absoluto

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Vox ha retomado el mismo discurso de Alianza Rural Española. Santiago Abascal aprovechaba el simbólico primero de mayo en una Feria de Maquinaria Agrícola (Lerma, Burgos) para exponer el extrañamiento que tienen tan fácil explotar en estas condiciones: "Hay un disentimiento cada vez más creciente, una situación en la que el mundo urbano se pone de espaldas al mundo rural, deja de entender los problemas de los agricultores y cazadores".  

La caza está siendo utilizando como ariete altamente emocional en política. El Partido Popular nos tenía acostumbrado a esto en el Congreso. En España han sabido confrontar con una la ética animalista cada vez más extendida en el medio urbano, con un claro sesgo generacional, que lamentablemente no llega a comprender la importancia que la actividad cinegética sigue teniendo en la gestión territorial y la cultura del mundo rural.

Si bien es verdad que el comportamiento de los cazadores necesitaría renovarse de actitudes menos prepotentes, más cívicas y respetuosas con otros colectivos que hacen también uso del mismo espacio natural compartido, no pueden soslayarse otras dimensiones de esta actividad que también pesan sobre la vida cotidiana del mundo rural. Porque sin ser mayoritaria, (ni el fútbol lo es), sigue siendo una actividad extendida socialmente, la gestión cinegética constituye un sector importante para la dinamización rural, y la gestión de los cotos aporta ingresos muchas veces imprescindibles a pequeños ayuntamientos. Además, el conocimiento científico puesto al servicio de la biodiversidad, subraya la necesidad de esta actividad de gestión cinegética como recurso ambiental ineludible. Sin embargo, es curioso observar cómo tanto a la derecha reaccionaria, como al sector animalista más radicalizado, parece que les interesa mostrar imágenes que muchas veces reconoceríamos en la película La Escopeta Nacional, película que cumple cuarenta años como nuestra Constitución.

A los sectores reaccionarios que intentan presentarse fraudulentamente como “la reserva y autodefensa moral del mundo rural amenazado”, dos cuestiones.  En el actual contexto tecnológico, el mundo rural no es un espacio aislado del resto de la sociedad, hay personas a las que les gustan estas actividades y otras a las que no. Incluso es necesario recordar que buena parte de los sectores ideológicamente más conservadores y que son cazadores, pescadores y aficionados a la tauromaquia viven en las ciudades. Y la segunda, todavía mucho más importante:

A la complejidad solo se puede responder con mayor complejidad, toda solución simplificadora será productora de frustración y sufrimiento en el medio plazo. Lo verdaderamente vital para el mundo rural en las próximas décadas es pensar en cómo enfrentar la despoblación,  como mantener vivos los pueblos, como reactivar los sectores agrarios y ganaderos para que sean viables, el futuro de los regadíos en un contexto de cambio climático, la gestión de la fauna salvaje en una sociedad que aprecia cada vez más la biodiversidad, los incendios forestales o las condiciones de trabajo de los temporeros agrícolas, sobre los que toda la sociedad tenemos derecho a opinar, a una cuestión donde las necesidades de la población rural o agraria se contraponen a las de la urbana.

Estamos en una batalla de relatos, y por ahora solo el reaccionario está manejando los tiempos. Es necesario y urgente, remangarse junto a otros sectores que existen en la sociedad civil, para desvelar su fraudulenta estrategia reaccionaria de 1) explotar el sentimiento de abandono que tiene la población rural aumentado en un contexto de crisis que la ha golpeado particularmente;2) la propuesta simplificación patriotera de volver a hacer España grande de nuevo con los defensores del latifundio que siempre han logrado reducir los efectos de las reformas agrarias emprendidas; 3) la ocultación con banderas y discursos inflamados de los grandes problemas que el mundo rural tiene que afrontar en las próximas décadas, de los que muchas veces son responsables directos y 4) la invención de falso y anónimo enemigo, el ecologista, que amenaza desde las ciudades.

Por ahora, el voto a Vox es un voto masculino, y fuertemente concentrado en el centro del país y en barrios o localidades de alto poder adquisitivo.  Al volcar los resultados de las elecciones de 2016 en un mapa de España por municipios, el rastro de Vox se intensifica significativamente en la zona centro (Madrid, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Segovia) y norte del país (Valladolid, Burgos, Soria, León, Zaragoza, Huesca). También en algunas áreas del sur, especialmente en Murcia y en Las Palmas, y en algunas localidades de Castilla y León como Tordesillas (Valladolid), o Santa Colomba de Somoza (León) En todos ellos el porcentaje de votos obtenido por el partido de ultraderecha suponía más del 1% del total. Pero pronto tendremos los resultados de las elecciones andaluzas y nos acercarán más a la realidad sociológica de lo que hay debajo de Vox. Algunos sondeos les llegan a dar incluso tres escaños y ahora si muchos más extendidos en todo tipo de localidades.  Almería es la provincia donde más parece crecer y como era previsible sobre un discurso agresivo y radical contra la inmigración. Es absolutamente hipócrita que, en medio del mar de plásticos de la agricultura de Níjar, Elegido o Roquetas, uno de los lugares donde la población inmigrante sufre peores condiciones de vida y donde más plusvalía se obtiene de una masa temporera sin derechos, sea donde encima, arraigan estos sentimientos. En estos mismos lugares, en las elecciones del 26J de 2016, el porcentaje era insignificante. Elegido (0,15%) Roquetas del Mar (0,15%) y Níjar (0,11%) mientras que ahora están apuntando al 4%

Ante este escenario es necesario plantear claramente una serie de cuestiones que implican a diferentes actores, con los cuales es necesario trabajar los antídotos al avance del fascismo en el mundo rural.

En primer lugar, el sector de la caza no es homogéneo, ni en lo social, ni en lo económico, y tampoco en lo político. De hecho, podemos encontrar muchos dirigentes de Federaciones Autonómicas de Caza que son militantes de Izquierda Unida, e incluso dentro de PODEMOS, hay gente cazadora y personas que desempeñan cargos en asociaciones provinciales de caza. Tenemos también alcaldesas y concejales de pueblos para los que el alquiler de los cotos es fundamental, y tenemos también ganaderos y ganaderas que saben que la caza ayuda a controlar poblaciones de corzos o jabalís que constituyen actualmente el principal reservorio de la tuberculosis y que amenazan producciones agro-ganaderas que son vitales para esas comarcas. Desde el campo progresista debemos mostrar los discursos de nuestra gente en el mundo rural y combatir el marco ideológico polarizador que impone Vox como mundo rural-caza-derechas responsables frente urbes-animalistas-izquierda ignorantes irresponsables.  Si bien pueden condenarse actitudes deleznables de una parte minoritaria del mundo de la caza, no puede criminalizarse el conjunto de su actividad desde una ética que si bien puede ser mayoritaria en las urbes, no necesariamente conoce ni la compleja gestión de la nueva “realidad natural” con la que tiene que convivir el mundo rural (impactos de desastres naturales agravados en el contexto de cambio climático, especies vegetales y animales invasivas, peligro de incendios por el abandono de montes…), no termina de hacerse cargo del impacto de esta confrontación virtual campo ciudad que algunos explotan tan alegremente alimentando una nefasta polarización sobre temas menores y banales.

En segundo lugar, creo que el propio colectivo de cazadores y pescadores debe empezar a hacer un esfuerzo por debatir, y de alguna manera mostrar las diferencias respecto a esta asignación de roles.  Los cazadores a los que no les hace gracia esta simbiosis con VOX, por ejemplo, están abocados a generar posiciones de desmarque que los distinga de aquellos que están utilizando sus asociaciones de caza para fortalecer una alianza política de ultraderecha. Un recorrido donde el conjunto de la sociedad civil progresista, de los pueblos y las ciudades, tiene que ayudar a marcar posiciones de lo los sectores críticos que ya existen.

En tercer lugar, las asociaciones agrarias y ganaderas como principales vectores de esa sociedad civil rural tienen que abrir un diálogo con sus propias bases, una vez que existen muestras de que sus bases están participando en actos de esta fuerza sin calibrar sus consecuencias, impidiendo el uso de sus aparatos organizativos para animar a la participación en sus actos, pero, sobre todo, recuperando los espacios de formación sociopolítica que siempre existieron en las organizaciones sociales. En concreto, es necesario prestar atención y reelaborar y actualizar los discursos sobre la inmigración y sus derechos laborales, la coexistencia de la fauna salvaje con la ganadería, como elementos centrales de contención de la estrategia demagógica de Vox.

En cuarto lugar, los partidos políticos de izquierdas debemos hacer una reflexión importante sobre nuestra forma de pensar y actuar sobre el mundo rural al que muchas veces nos acercamos de manera residual. Es necesario salir del espejismo animalista, donde una sensibilidad hacia la fauna mascotizada, que vive en cómodos sofás y pisa mucho más asfalto que tierra real, se permite el lujo intelectual y moral de enjuiciar la relación de quienes conviven cotidianamente con una naturaleza cada vez menos natural. El animalismo puede expresar un horizonte moral al que hay que atender en el actual contexto de cambios, pero está muy lejos de ser el vector intelectual del ecologismo político que necesitamos en este contexto y está muy lejos de ser per se de izquierdas. En el Área Rural de Podemos, elaboramos un “Documento Marco de Posición sobre la Caza” junto con el Círculo Animalista Estatal, que participó activamente en su elaboración para hacer compatible su demanda con una gestión razonable de una actividad hoy irrenunciable para la gestión ambiental. Es un documento progresista, ecologistas, social y que permite avanzar a todas las partes. En estos temas tan sumamente sensibles en el medio rural, la gestión discursiva de estas confrontaciones identitarias será vital, sobre todo teniendo un panorama de prensa regional tradicionalmente tan adverso.

Es necesario activar coaliciones que permitan agitar nuevas articulaciones políticas, generacionales y profesionales para poder agitar las banderas progresistas que tienen todavía su sitio en el mundo rural: la Soberanía Alimentaria, la defensa de un Mundo Rural Vivo, los precios remuneradores y la justicia de la cadena alimentaria, el empleo verde ligado al patrimonio natural y cultural, la agroecología y tantos otros. Es necesario aumentar la visibilidad de estas banderas junto a redes y plataformas, organizaciones, asociaciones, que promueven miles de proyectos locales, concretos y reales, con una gran capacidad de propuesta. Son muchos los agricultores y agricultoras, ganaderos y ganaderas que quieren una sociedad más justa y comparten ideales progresistas; miles son los jornaleros y jornaleras, y personas muy comprometidas en los pueblos, trabajando desde muchos años, en proyectos cooperativos y ayuntamientos. Hoy es más necesario que nunca poner todo esto en valor para incorporar al mundo rural a un proyecto de país progresista, y disputar la fraudulenta identidad rural que alimentan unas derechas cada vez más irresponsables.

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