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Opinión · El desconcierto

Las tribulaciones del amigo invisible de Rivera

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Nunca aparece, por algo es invisible. No da la cara, niega hasta su existencia, pero sus huellas son nítidas en los más importantes medios de comunicación de Madrid y Barcelona, donde se sienta en los mullidos salones de sus consejos de Administración. Desde que se le fue la lengua al banquero Josep Oliu, de la Banca Sabadell, al pedir un Podemos de derecha, el invisible nunca había vuelto a cometer aquel error que precedió la importación de Ciudadanos de la ciudad condal a la capital del Estado. Lo suyo son los buenos dividendos bancarios, los beneficios empresariales, las plusvalías fiscales; nunca los votos, ni mucho menos la política. Hablamos del IBEX-35, ese buen amigo invisible de Rivera.

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Basta leer sus diarios, escuchar sus emisoras de radio y ver sus cadenas de televisión, para constatar la gran tribulación en la que vive desde el seísmo electoral de Andalucía. Inquietud multiplicada por las encuestas que indican que la suma de las tres derechas puede llevarles a la Moncloa por encima del PSOE que, pese a ganar en las urnas, pasaría a la oposición. Nerviosismo que, como no puede ser de otra manera, se refleja en la formación del nuevo gobierno andaluz del señor Bonilla, donde Rivera, sin rechazar el apoyo de Abascal, no para de mostrar su incomodidad de ir de la mano de Vox, formación que no aparecía en la anterior pizarra política del poderoso amigo invisible del ciudadano Albert.

Desde los medios madrileños y catalanes– sean papeles, ondas o pantallas–, la derecha elitista lanza hoy la consigna de sustituir a la derecha popular, PP, y a la derecha populista, Vox, por el PSOE, una vez que Pedro Sánchez rectifique o vuelva a ser rectificado con una nueva defenestración. Todas las plumas y voces del IBEX empiezan a promover la recuperación de aquel gobierno non nato de Rivera y Sánchez, febrero de 2016, que  pueda conseguir hoy cortocircuitar el que pudieran formar Casado, Rivera y Abascal. Incluso los análisis más sutiles sugieren ampliar el hipotético acuerdo del PSOE y Ciudadanos a Podemos, para así configurar un Gran Centro político. Algo así como la caricatura del compromiso histórico de Berlinguer, que estabilizara la inestable II Restauración de los Borbones.

Y es que al amigo invisible de Rivera no le salen los números si las tres derechas ocupan la Moncloa. Con esa ecuación política, el balance de resultados correría grave riesgo. Aplicar un programa de recortes sociales -inevitable desde el anuncio de que Alemania dejará de comprar deuda del Estado español en 2019- necesita  de un gobierno transversal que combine la muy exquisita derecha elitista de Ciudadanos con la izquierda posibilista del PSOE para combatir los extremos radicales, esa sería la cobertura, de Podemos y Vox. La polarización social que provocaría la ejecución de este plan por las tres derechas, sumada a la que ya aplican sobre Cataluña, generaría el escenario social que menos beneficia a los que viven de las plusvalías. Ello se podría evitar dando una cobertura de izquierda a los drásticos recortes que se preparan.

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Pero ni Albert Rivera puede renunciar a la tensión catalana, que es su élan vital, ni Pedro Sánchez regalar a  un Pablo Iglesias todo el espacio electoral de izquierdas. El pirómano de Ciudadanos no puede dejar de alimentar el fuego catalán, el bombero del PSOE no puede dejar de apagarlo, ni la socialdemocracia rosa del PSOE abandonar el terreno social a la socialdemocracia morada de Podemos. La pizarra del IBEX, que sus portavoces periodísticos dibujan con tanta facilidad, va a encontrar, está ya encontrando, numerosas dificultades políticas. Quizás Albert Rivera esté dispuesto a sacrificarse si su amigo invisible se lo ordena, pero es bastante dudoso que Pedro Sánchez vaya a aceptarlo.

Otro gran problema es que la derecha populista de VOX no está tampoco por trabajar para la derecha elitista y cosmopolita de Ciudadanos, creada a imagen y semejanza del amigo invisible. Tanto que, incluso si lograsen rectificar al PSOE, no les resolvería nada. Todo posible pacto de Albert Rivera con el socialismo facilitaría la penetración de VOX en el electorado de Cs y PP, por lo que sería mucho peor el remedio que la enfermedad que desean evitar. Así, todos los cálculos económicos del IBEX, siempre basados en la obtención del máximo beneficio con el mínimo coste salarial posible, desembocan en un malabarismo político, un gobierno del PSOE con Ciudadanos, de muy difícil por no decir  nula viabilidad. Poseen la capacidad de publicitarlo en los principales medios de comunicación, para eso son sus propietarios, pero parece difícil que logren imponerlo en la compleja realidad social.

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