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Opinión · Posos de anarquía

Cuando las hormigas se coman al elefante

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José Luis Feito, presidente de IEE. | EP

“Si se materializaran las propuestas del Gobierno en lo concerniente al salario mínimo interprofesional (SMI), la negociación colectiva, al destope de las cotizaciones sociales y el registro de los horarios de las empresas, se cometería un verdadero empleocidio. Son palabras de José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos (IEE), el brazo ideológico de la CEOE. Tiene que ser muy sencillo opinar de las vidas ajenas cuando sólo por el puesto a dedo que ocupa en Red Eléctrica de España (REE) -y tod@s conocemos el estado del suministro energético en España- se embolsa casi 190.000 euros al año.

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Imagino que pedir a un elefante que no pise ninguna hormiga es complicado cuando éste va y viene a su antojo. Feito es ese elefante y nosotr@s, la clase obrera, las hormigas. Con ese planteamiento, cada vez que este tipo apuesta por la caída de los salarios en un país en el que ya existen millones de personas que, a pesar de trabajar, no escapan de la pobreza, nos pisotea. Cuando, además, se le hace caso, nos rematan.

La ligereza con la que Feito amenaza -porque es eso y no otra cosa lo que este tipo de matones de la macroeconomía hacen- es bochornosa. El modo en que carga contra el Gobierno porque éste quiera que haya personas que cobren 15 veces menos sueldo de lo que el propio Feito se está levantando cada año sólo de REE es insultante.

Este destacado miembro de la élite siempre ha apostado por la precariedad del empleo, porque la clase trabajadora gane menos y se la explote más… eso que llaman competitividad y que ha llenado de miseria el país, de desigualdad, de índices de natalidad de posguerra… Pero todo eso da igual, él y su mezquino círculo de amigot@s son ajenos a todo eso mientras tienen los bolsillos llenos. Siguen caminando por la senda aplastando a su paso toda suerte de hormigueros.

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Sin embargo, llegará un día, confío en que más pronto que tarde, que todas esas hormigas digamos basta, tomemos conciencia del poder que realmente tenemos y de que juntas nos podemos merendar a cualquier elefante, aunque después tengamos que vomitar tan nauseabundo banquete. Ese día no puede tardar mucho y entonces no hablaremos de ‘empleocidio’, sencillamente, de sacar de la circulación a quienes pisoteen a las personas con tal de seguir alimentando sus arcas con dinero manchado de sangre; sí, sangre, porque ésta ya se ha derramado desde lo alto de una terraza.

Eso va grabado a fuego en el historial de Feito y gente de su calaña, tan ajenos a todo ello que ni siquiera se les ha pasado por la cabeza que haya quien piense que, puestos a derramar sangre, no ha de ser la clase trabajadora. Quizás una pensada deberían darle porque, en último extremo, el culpable de la explosión no es quien portaba la dinamita, sino quien prendió la mecha… y Feito y los suyos llevan antorchas.

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