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Tres ejes para desarrollar una política industrial avanzada

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José Luis Llorente
Ingeniero Superior de Minas y miembro de econoNuestra

El mundo está cambiando. La entrada en el nuevo siglo ha traído consigo traído consigo una confluencia de factores que venían gestándose desde el siglo XX y que ahora se encuentran, se combinan y se realimentan mutuamente. Entre ellos están la reducción drástica de las reservas de materias primas y fuentes de energía convencionales, el brutal deterioro del medioambiente, la globalización absoluta de todo tipo de mercados o la creciente demanda de productos por poblaciones de todas partes del mundo.

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Hace treinta años los distribuidores importaban productos de China a Europa. Hoy en día, los clientes finales europeos compran directamente miles de productos a través de internet. Y los clientes asiáticos compran productos europeos del mismo modo.

Con el algodón cultivado en India, se teje un vestido en Tailandia, se etiqueta en Europa y se vende en Nueva York. El litio del Congo permite construir baterías que se montan en teléfonos de Corea del Sur que se venden en los cinco continentes. Y hay miles de ejemplos similares.

Por otra parte, los plásticos generados en Europa o en América o en Asia, han terminado convergiendo en el llamado continente de plástico del Pacífico (aunque ya se han detectado otras dos bolsas – nunca mejor dicho – en el Atlántico Norte y el Pacífico Sur) así como en los estómagos de los peces de todos océanos, que también comemos en todos los continentes.

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Y la competencia comercial se ha acentuado drásticamente ya que la difusión de la información se ha acelerado. La tecnología de hace cinco años está obsoleta en un gran número de áreas, ya que el conocimiento ha sido difundido, empleado y mejorado.

Otro factor importante a tener en cuenta es que la evolución tecnológica de la industria y el comercio tiene un impacto social muy importante, principalmente en tres aspectos: la reducción de las necesidades de empleo en los niveles de baja cualificación, las necesidades de formación adicionales y sobrevenidas, y el riesgo del desplazamiento de la producción a los servicios.

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La industria europea, y en concreto la española, debe analizar estos riesgos, que se van a agudizar en la próxima década y convertirlos en oportunidades. Y para ello debe contar con el apoyo decidido y la Administración a través de unas políticas a medio plazo, que no respondan a criterios oportunistas, y que faciliten la evolución hacia una industria real del siglo XXI.

Veamos algunas de las líneas de actuación que debe de abordar la Administración.

El enfoque de Investigación y Desarrollo.

Investigación y Desarrollo (I+D)  son dos actividades científicas y tecnológicas que aportan gran valor a la sociedad, ya que implican la creación de nuevo conocimiento y de nuevas aplicaciones prácticas de las que nos beneficiamos todos a medio plazo.

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El término I+D (según la definición de la OCDE) designa al mismo tiempo tres conceptos diferentes:

  • Investigación básica
  • Investigación aplicada
  • Desarrollo experimental

En ocasiones, la aplicación práctica de los conceptos o productos desarrollados por el I+D conlleva el desarrollo de nuevos modos de actuar, de nuevos comportamientos, o incluso de nuevos modos de pensar, que es lo que llamamos innovación.

También según la OCDE, la innovación es el “conjunto de etapas científicas, tecnológicas, organizativas, financieras y comerciales, incluyendo las inversiones en nuevos conocimientos, que llevan o que intentan quitar a la implementación de productos y procesos nuevos o mejorados”.

Por ello la innovación, que está mucho más ligada al emprendimiento, no es en muchos casos una consecuencia directa del esfuerzo técnico y científico que supone el I+D. El ejemplo más claro es la innovación mediante el negociocopycat (o imitación) en el que un modelo de negocio que ha tenido éxito en un determinado entorno se traslada a otro con las mínimas modificaciones necesarias.

En el caso del copycat, no hay ninguna investigación ni desarrollo previos, ni un valor añadido neto a la sociedad, sino un lucro de oportunidad del implantador de la idea ya desarrollada y probada.

No tiene sentido mezclar I+D con innovación, desde el punto de vista de la Administración, ya que dicha mezcla permite, eventualmente, la asignación de recursos de investigación a actividades que no son propias de investigadores y científicos, y se convierten en una fuente de subvenciones inmerecidas. En el caso de que la innovación esté directamente relacionada con I+D se la tratará como tal, pero no en otro caso.

Por el contrario, sí que se debe considerar dentro de el concepto I+D la transferencia del conocimiento generado hacia la sociedad. Dicha transferencia de conocimiento debe de tener en cuenta la incorporación de las aplicaciones prácticas desarrolladas y también la difusión de nuevas ideas, conceptos, enfoques y conclusiones. Y ambos aspectos debe ser potenciados.

Por otra parte, un planteamiento comúnmente aceptado de todos los países de la Unión Europea, que deriva del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, es el desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible  (Sustainable Development Goals, SDGs) que implican el desarrollo de laeconomía circular, cuyo objeto es limitar el uso de la extracción y consumo de los recursos naturales primarios (fuentes de energía no renovables, agua y minerales) y minimizar los impactos en los ecosistemas naturales y en el ciclo climático global.

Esta política global tiene asimismo un impacto en la orientación que debe darse a los esfuerzos que se deben dedicar en I+D. La política de I+D tiene que tener por tanto una orientación clara hacia el fomento y apoyo a una economía circular.

La llegada de la cuarta revolución industrial.

La cuarta revolución industrial, llamada también Industria 4.0, consiste en la creación de “factorías inteligentes” capaces de interconectar los mundos físico, biológico y digital. Para ello deben ser capaces de integrar y coordinar tecnologías ya existentes y en desarrollo como, entre otros, inteligencia artificial, sistemas cibernéticos, minería (big data) y analítica de datos, computación en la nube, en la niebla y en el borde, ciberseguridad, modelos y simulaciones 3D, realidad aumentada, internet de las cosas (IoT), integración de sistemas heterogéneos, robots autónomos, manufacturación aditiva (3D), nanotecnología, biotecnología, neurotecnología y computación cuántica.

Un punto importante es que el concepto de “factoría inteligente” no se refiere únicamente a la producción manufacturera, a la fábrica tradicional, sino que se extiende a todos los tipos de empresas y organismos de la sociedad, desde la banca a los hospitales y desde la producción de energía a la educación, la agricultura o a la gestión de las administraciones públicas.

La Industria 4.0 promete un incremento enorme de la productividad que, en un marco de crecimiento potencial ilimitado, supondría un aumento de la riqueza, la cual, eventualmente bien repartida, provocaría una importante mejora de la sociedad en su conjunto.

Pero también implica grandes riesgos, principalmente sociales y medioambientales, si se implementa sin regulaciones: lapérdida de empleos, el aumento de la concentración de riqueza y de la inequidad, las nuevas necesidades de conocimiento no alcanzables por amplios conjuntos de trabajadores y, sobre todo, el impacto, directo e indirecto, de las nuevas tecnologías en el medio ambiente y los recursos naturales.

Orientar la implantación de las nuevas tecnologías que conforman la Industria 4.0 es indispensable para hacerlas útiles y no lesivas para la sociedad. Y eso debe hacerse mediante dos tipos de acciones. El primero es, desde luego, la regulación, indispensable para evitar excesos y daños. Y el segundo es la orientación de los esfuerzos de Investigación y Desarrollo  en las líneas más favorables para conseguir un desarrollo industrial equilibrado con las necesidades de la sociedad y el medio ambiente, y el empoderamiento de las relaciones gobierno/ciudadanos, empresas /empleados.

La orientación de la Industria 4.0 centrada en las personas y el medio ambiente y enfocada hacia la economía circular es la mejor garantía para conseguir una revolución constructiva (e incluso regenerativa) de la industria.

Desplazamiento de la industria a los servicios.

Durante los últimos treinta años, en todo el mundo, pero también en España, las empresas industriales se han ido descomponiendo. Originalmente eran empresas integrales, en las que todas las personas que trabajaban en las instalaciones (e incluso fuera de ellas, como transportistas) estaban en la  nómina de la empresa. Después se privatizaron los servicios no esenciales, como la limpieza. Luego, la construcción o modificación de las instalaciones se subcontrató, y posteriormente, dentro del equipo de operación/producción se definieron las categorías profesionales imprescindibles (dirección, mandos intermedios y especialistas muy concretos), y el resto se subcontrató.

De este modo se creó lo que se denomina un ecosistema productivo en torno a cada gran empresa o grupo de empresas. Este es un ejemplo del desplazamiento de la industria a los servicios. Los mismos trabajadores pasan a formar parte de una empresa (técnicamente una empresa industrial, pero que no produce nada) de servicios.

Un modelo muy rentable, pero socialmente muy arriesgado. Porque cerrar una factoría industrial es mucho más barato, pero el impacto en el ecosistema que nutre a esa factoría es brutal.

Y al mismo tiempo es un modelo frágil, ya que las empresas de servicios dependen del poder de compra de sus clientes. Si sus clientes son empresas industriales, están directamente vinculadas a la viabilidad de esa industria.

El siguiente paso en la destrucción del tejido industrial ya es más propio de esta última década: la uberización de la economía, en la que los derechos de los trabajadores caen al suelo en sincronía con la responsabilidad de los empleadores.

Ya el año pasado, en el Foro Económico Mundial (Foro de Davos), se decía que:

“Todos los negocios deben tener una licencia social para operar. La uberización de la economía, tomando como excusa la tecnología para evitar la responsabilidad, no puede aceptarse como guía de la Industria 4.0”.

Hasta el foro del gran capital mundial reconoce el riesgo social que supone el desmantelamiento de la industria. Por tanto, es evidente que una política industrial efectiva debe tener una componente social importante.

El origen de coordenadas es la economía circular.

La economía circular es mucho más que el reciclaje. Reemplaza el concepto de “fin de vida” de los recursos por el de restauración, impulsa y prioriza el uso de energías renovables, elimina el uso de productos tóxicos (que además dificultan la reutilización) y aboga por la minimización de residuos, todo ello a través de un diseño más avanzado de materiales, productos, sistemas y modelos y procesos de negocio.

La economía circular se basa en tres principios:

  • Preservar y mejorar el capital natural controlando los recursos finitos y balanceando los flujos de recursos renovables.
  • Optimizar los rendimientos de los recursos mediante la circulación de productos, componentes y materiales al máximo y el mayor número de veces, tanto en el ciclo industrial como biológico.
  • Impulsar la eficiencia del sistema reflejando las externalidades negativas y eliminándolas.

La puesta en práctica de estos principios se concreta aplicando las siguientes políticas:

  • Diseño sin residuos: Los materiales biológicos no tóxicos se reintegran al medio ambiente mediante el compostaje o digestión anaeróbica y los materiales industriales (polímeros, aleaciones y otros) están diseñados para ser recuperados y reutilizados con la mínima energía y la máxima calidad.
  • Diversidad para crear elasticidad: La naturaleza ha desarrollado gran flexibilidad a través de la variedad, modularidad y adaptabilidad de múltiples sistemas imbricados entre sí. Este modelo debe ser llevado a la industria. La uniformidad globalizada de los sistemas industriales les hace rígidas e inestables.
  • Uso de energías renovables: Las energías no renovables (como el consumo de materias primas) deben ser penalizados ya que son el verdadero cuello de botella de nuestra sociedad y nuestra economía.
  • Pensar en sistemas: Es necesario analizar las relaciones con la infraestructura, el entorno, el contexto social y el medioambiente, y las realimentaciones entre estos elementos. Esto conduce a modelos no determinísticos que no son abordados por la economía lineal actual.
  • Los precios deben representar los costes reales: Deben aflorarse los costes de las externalidades negativas y tenerse en cuenta, eliminando subsidios perversos y aplicando sistemas impositivos acorde con esas externalidades.

La economía circular requiere más que una aproximación tradicional de I+D basada en las tecnologías. Necesita esfuerzos conjuntos de investigadores, centros tecnológicos, la industria, y otros expertos, además de la administración, los consumidores y la sociedad civil. Y todo ello requiere nuevos entornos regulatorios y una adecuada promoción de las investigaciones públicas y privadas en la dirección correcta.

Desde mi punto de vista, la economía circular, junto con los tres ejes de desarrollo mencionados, es el nuevo sistema de coordenadassobre la que crear una política industrial eficiente, sostenible, social y que fomente el desarrollo tecnológico en nuestro país, impulsando el desarrollo empresarial y regulando y limitando sus potenciales excesos. Y la política industrial de la Administración debe de orientarse de ese modo.

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