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Opinión · Otras miradas

Podemos, ese arma de autodestrucción masiva

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Hagámonos la pregunta seria, la única que realmente importa aunque hay muchas, para empezar este artículo: ¿con qué siglas conseguiría Iñigo Errejón más votos el próximo 26 de mayo: con Más Madrid o con Podemos? O lo que es lo mismo: ¿cómo tiene más posibilidades de gobernar en la Comunidad de Madrid o de sumar suficientes escaños para que gobierne una coalición de izquierdas? La consiguiente pregunta también se responde sola: ¿qué es mejor para las opciones de que la izquierda sume en la Comunidad de Madrid y evite una coalición de la derecha más extrema: que Podemos vaya con Carmena, como hizo en las anteriores y va a hacer en el ayuntamiento, o que compita con Errejón disparando las probabilidades de que alguien se quede fuera y haya un buen puñado de votos que se vayan a la mierda

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Íñigo Errejón, en el Planetario de Madrid. EFE/ Fernando Villar

Disculpen my english pero es que… ¿De verdad va a competir Ramón Espinar contra Íñigo Errejón por la comunidad? ¿De verdad? ¿De verdad una plaza tan sumamente disputada e importante se va a poner en peligro más de lo que ya está? ¿En serio? ¿Y si pierde el bloque de izquierdas y gana la derechona  por los pelos, como ocurrió en 2015 porque IU no llegó al 5% de los votos necesarios y se quedó sin silla? Conviene mucho recordar que Luis García Montero, lideró la candidatura de Izquierda Unida entonces y se quedó fuera de la Asamblea de Madrid, a pesar de sus 132.207 votos. Su 4,16% no fue suficiente para su culo pero habría sido más de un asiento para Podemos, si hubieran ido juntos, cuando era tan necesario. Cifuentes consiguió gobernar porque la suma de PSOE y Podemos se quedó a un escaño de la mayoría absoluta. Todo el mundo señaló a IU por aquel error de cálculo y aprendió su lección: esta vez no irá sola en ninguna plaza.

Y es que los números son los que son y por eso sorprende que Podemos haya pedido a IU que haga este esfuerzo por la convergencia que, llegada su hora, no está dispuesto a hacer. Si el verdadero objetivo es el proyecto y no el poder, no se entiende la jugada. El histórico de sus experiencias electorales lo dice bien claro: Podemos gana más cuanto más se diluye, cuanto más colectivo es su proyecto.

Dicho todo esto, las siguientes preguntas hay que hacérselas a Don Íñigo. ¿De verdad no había otra manera de hacerlo? ¿En serio pensó que Iglesias se tragaría el sapo por cojones? ¿O acaso pensó que solo así su candidatura saldría adelante? ¿Tanto miedo le tiene? Los allegados de Errejón dicen que no era un plan, que lo decidió en las últimas semanas tras el análisis de los resultados andaluces. También dicen que las perrerías que le han hecho en los últimos tiempos no fueron el desencadenante. Por ejemplos, le impusieron de número dos a Sol Sánchez de IU -y se enteró por los medios- y no le dieron ni un euro para hacer precampaña mientras le criticaban por no estar en ello. Los suyos confirman que si hubiera planteado esta opción en los órganos internos correspondientes es más que probable que se hubiera votado que no, en caso de que hubiera llegado a votarse, porque Podemos está por la labor de auto reivindicarse y le habrían obligado a tragar o a irse. Prueba de ello es la batalla sucia que ya se libró por dónde iban los candidatos de Podemos en la lista de Carmena para las municipales. Podemos intentó colar a los colaboradores de Julio Rodríguez por delante de los concejales de Podemos con los que Carmena lleva colaborando cuatro años. La alcaldesa se enfadó y decidió que la lista no se la hace nadie.

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Supongo que Errejón pensó que la guerra sería inevitable y que le favorecía el factor sorpresa, a pesar  del factor “traidor” y de la infinita capacidad sincericidia de Pablo Iglesias. El líder morado dice en su carta con voz triste: “Vuelvo a sentir vergüenza de que se hable de nosotros por maniobras de este tipo” y se lamenta de haber tenido que interrumpir su baja de paternidad por este asunto.  Obvia el hecho de que su misiva personal exhibiendo la herida y la venganza subsiguiente es material inflamable para el fuego eterno del fango mediático y, a estas alturas, nadie se cree que lo hagan sin saber. Ahora ya, a su carta se suman las declaraciones de Pablo Echenique, el secretario de organización, pidiendo a Errejón que entregue su acta de diputado y afirmando que no lo hace por muerto de hambre -“de algo tendrá que vivir hasta mayo”, dijo en la Ser-. Irene Montero, en “Al Rojo vivo”, en la Sexta, por su parte, tampoco se ha quedado corta y ha seguido con el discurso de la pena y la traición y ha afirmado que Íñigo y Manuela– a la que dicen apoyar- les han “engañado”. En fin, que no son de callar y que en política hablar tanto no es bueno, sobretodo porque su victimismo ya no cuela.

Y, dicho todo esto, hay otro detalle importante: ¿la carta de Pablo Iglesias no es además un ninguneo a sus órganos internos, a sus inscritos y hasta a la que es su mujer y líder del partido en su ausencia? ¿No habría que meditar bien y consultar a alguien más que a sí mismo la decisión de presentarse a unas elecciones con una candidatura tan claramente fratricida? ¡No son unas primarias! Será, más que nunca, izquierda contra la derecha más bruta y da mucha rabia ver como la izquierda caníbal se lo pone más difícil todavía.

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