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Opinión · Contraparte

La cena de las empanadillas

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Montserrat Galcerán (@galceran_montse)

Catedrática de Filosofía y concejala en el Ayuntamiento de Madrid

La cena de las empanadillas es la comidilla de los últimos días, después de que Manuela Carmena revelara los entresijos de la operación de Errejón al sumarse a la plataforma Más Madrid. La explicación de la alcaldesa rezuma toda la bonhomía que exhala su persona, pero hay algunos datos que no acaban de cuadrar.

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La alcaldesa dice que se trató de una cena de amigos en el curso de la cual Iñigo Errejón tomó esa decisión. Lo presenta como algo natural, como una decisión casi intrascendente que surgió de la forma más sencilla en una cena entre amigos. Durante su transcurso tuvo la mala suerte de romperse un tobillo al traer unas empanadillas, razón por la cual tuvo que ser hospitalizada. Esa es su versión pero hay algunos datos extraños en ella.

1. En primer lugar, al tratarse de empanadillas, es de suponer que se trataba de los entrantes o de un plato al inicio de la cena. A no ser que fuera una cena multitudinaria tipo buffet. En cualquier caso resulta extraño que si era al inicio y con la consiguiente conmoción que tiene que seguir al hecho de que la anfitriona se rompa un tobillo, la cena prosiga y culmine con una decisión tan trascendente. Hubiera sido más lógico dar la cena por terminada y quedar para otro día y no proseguir y culminar con una decisión tan importante.

2. De ser cierta esa suposición, a partir de ese momento la alcaldesa no tomó parte en la conversación, de modo que la decisión la debió tomar el propio Errejón en conversación con el resto de los amigos, aunque como digo, resulta chocante que se quedaran conversando mientras la anfitriona era llevada al hospital.

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3. Por otra parte, ¿quiénes eran esos amigos? ¿Acaso tenían suficiente entidad para tomar una decisión de este tipo? ¿Serán los integrantes de la plataforma Más Madrid, tal vez alguno de los concejales, alguna personalidad madrileña? ¿O tal vez personas que nada tienen que ver con el Ayuntamiento y la Comunidad pero que mantienen vinculaciones tan estrechas con el entorno de la alcaldesa que pueden tomar decisiones de este calado? Interrogantes sin aclarar de los que convendría tener alguna respuesta.

Conclusión. La historia no resulta convincente, de modo que o bien el relato es falso y la famosa cena no era más que el corolario de una serie de conversaciones, como una especie de broche final que no precisaba de mayores debates, - en cuyo caso la decisión no es en absoluto fruto de la improvisación- o bien, quienes tomaron la decisión fueron los “amigos” que se quedaron debatiendo en ausencia de la alcaldesa que por necesidad tuvo que ausentarse dada la rotura del tobillo. En ese caso cabría seguirse preguntando si estos “amigos” intervienen con asiduidad en las decisiones de la alcaldía, si son ellos quienes están detrás de algunas decisiones de su equipo que no son debatidas con los concejales y concejalas. En ese caso el personalismo de Carmena no sólo sería un cesarismo imperdonable, sino además la cara visible de un entramado que desconocemos. Ya no el rostro de una multitud como tal vez fuera durante la campaña de 2015, sino de fuerzas económicas y de intereses por descubrir.

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