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El mapa napoleónico de España que dinamitó las nacionalidades históricas

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Cuando Napoleón Bonaparte invadió España se encontró un país que seguía viviendo bajo el yugo oscurantista de la Iglesia y la Corona en su peor versión: Fernando VII, un rey ultramontano que llegó a reinstaurar la Inquisición en tiempos en Inglaterra ya estaba poniendo en marcha la Revolución Industrial.

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Napoleón colocó a su hermano José Bonaparte en el trono español y envió al exilio al Borbón. Bonaparte, que pasaría a la historia como “Pepe Botella” por motivos equívocos, pudo haber sido el mejor monarca de España, si no fuera porque el país se negó a salir de su ancestral atraso.

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Uno de los proyectos de José I fue racionalizar la distribución territorial de España, que hacia 1809 era un auténtico caos, que giraba en un “sinfín de enclaves y exclaves de los reinos, señoríos y realengos del Antiguo Régimen”, tal y como describe el compañero Mohorte en un imprescindible artículo en Magnet.

José Bonaparte, fatal de pelo.

Tal día como hoy hace 209 años, el 17 de abril de 1810, entró en vigor la nueva división administrativa de España, que dividía al país en 38 prefecturas y se pasaba por el arco del triunfo cualquier vestigio histórico, optando por la elegancia de la línea recta y primando las divisiones geográficas frente a los nacionalidades históricas. Además, repartía el territorio equitativamente entre las prefecturas, excepción hecha de Madrid (Distrito Federal) que quedaba jibarizada. Un auténtico sindiós para los nacionalistas:

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-Navarra se convirtió de un plumazo en Bidasoa, tenía la capital en Pamplona y subprefecturas en Pamplona, San Sebastián y Olite, mientras la que queda del País Vasco recibe el nombre de Cabo Machichaco (¡!), con capital en Vitoria.

-La actual Comunidad Valenciana quedaba dividida, aproximadamente, en dos: Cabo de la Nao (con capital en Alicante) y Guadalaviar Bajo (Valencia, con subprefecturas en Segorbe y Castellón de la Plana).

-Galicia queda bastante reconocible, si bien las actuales provincias quedan rebautizadas como Tambre (Coruña), Miño Bajo (Pontevedra, con capital en Vigo, como es razonable), Miño Alto (Lugo) y Sil (Orense).

-La Rioja desaparece -en realidad nunca existió como tal hasta 1982- y su territorio se integra en Burgos... bueno, mejor dicho en “Arlazón”.

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-El otrora glorioso reino de León se convierte en Esla y pierde incluso la capitalidad, que se traslada a la muy noble ciudad de Astorga.

-Del mismo modo, Mérida le roba la cartera a Badajoz como capital de Guadiana y Guadajira, mientras al norte Cáceres hace de capital de Tajo y Alagón, en una prefectura que absorbe incluso a Talavera de la Reina (enclavada en Toledo actualmente).

-Cádiz también pierde su actual capitalidad a manos de Jerez en la prefectura llamada Guadalete, y Huelva se funde en una gran unidad de destino con Sevilla, dentro del llamado Guadalquivir Bajo.

[El listado completo de prefecturas puedes verlo en Wikipedia].

Por descontado, la división territorial napoleónica no gustó a nadie y nunca llegó a ser efectiva. No solo porque José Bonaparte duró en el trono lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, sino porque su propio hermano le saboteó a la primera de cambio: “En pleno proceso de implantación de su corona, su hermano Napoleón decidió anexionarse todos los territorios al norte del Ebro. Así, mientras los terrenos del sur sí conocerían levemente a las prefecturas, Cataluña y Aragón se convertirían en departamentos”.

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— Tudmur (@tudmur) 17 de abril de 2019

Visto en el Twitter de . Con información de Magnet y Wikipedia. Mapa: Wikicommons.

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