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Opinión · Otras miradas

Cayetana Álvarez de Toledo se tropieza con su tesis doctoral

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Tanta lluvia y cielo plomizo sobre Madrid que al final me ha dado por leer algo de la tremebunda historia de España (qué empresa, qué pasión) y, mirad por donde, he escogido de mi biblioteca la tesis doctoral de Cayetana Álvarez de Toledo que, muerta de risa, me aguardaba al lado de La España Imperial de John H. Elliott.

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¡Menuda sorpresa me he llevado! Tanta, que al final se me pasó este Viernes Santo como estertor místico de crucificado, suspiro de monja o quejío por latigazo de romano, según la liturgia que iban imponiendo las horas.

Sí, en la lectura de esa tesis he encontrado la prueba de que hay dos Cayetanas juntas en un único, magro y muy retratado cuerpo (Vanity Fair): una Cayetana que admira y dedica anhelo y estudio a investigar a quien defiende el pactismo como forma de resolver el conflicto territorial español (dialogar, vamos, como lo piden Sánchez o Iglesias), y otra Cayetana que impreca arrogante al adversario golpista en los debates, lanzándole con aristocrático desdén puntazos de estoque en perspectiva caballera. Dos naturalezas en una sola, ahora veréis, que la doctora por Oxford y política por FAES va dejando todo por escrito.

Portada del libro 'Juan de Palafox, obispo y virrey', de Cayetana Álvarez de Toledo.

Publicar una tesis doctoral es el único esfuerzo serio e intenso que se le conoce a Cayetana, marquesa de Casa Fuerte y (solo en este orden) candidata del PP al Congreso por Barcelona, porque si bien hay una indudable intensidad en sus últimas propuestas políticas (que los violadores den ruedas de prensa desde la cárcel), aun con la mejor de mis voluntades no puedo encontrar en ellas seriedad alguna.

La tesis doctoral de la candidata popular es, en efecto, un trabajo muy sólido sobre un personaje singular de nuestro siglo XVII, Juan de Palafox, obispo de Puebla y virrey de México, y fue refrendada en la universidad de Oxford nada menos que por John H. Elliott, el hispanista que mejor ha retratado la crisis de nuestro Imperio, y al que tuve que estudiar en profundidad para obtener mi licenciatura de Historia.

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Publicada en forma de libro en 2011 bajo el título de Juan de Palafox, obispo y virrey, recupera de forma decidida la contumacia reformista del personaje, la validez teórica y política de sus escritos, su apuesta por el pacto y el diálogo en un momento clave en España en el que tanto Portugal como Cataluña (el Corpus de sangre de 1640) se alzaron en armas contra la Corona (eso sí que fue una rebelión, señores fiscales del Supremo: lean a Cayetana).

Por lo tanto, dedicar sus esfuerzos de doctora a darle aire y renombre a la obra de Palafox y sus escritos solo tiene el sentido de engrandecer su figura para la Historia: ¿y qué es la Historia sino una gran enseñanza?

Bien, ¿pues qué aprendemos de Palafox según nos cuenta esta admirable Cayetana, la historiadora? ¡Es para alucinar!

Palafox defiende con pasión en su obra Historia Real Sagrada, luz de príncipes y súbditos (1638), la diversidad jurídica y política de la Monarquía. El ejemplo que elige es Israel y sus doce tribus, como metáfora del Imperio, tal y como es citado también por el historiador Gregorio Bartolomé García, que recurre admirativamente a la tesis de Cayetana: para que se vea que no la manipulo.

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El rey David es dibujado así como gran estadista encarnación del “gobernante pactista”, que se granjea el afecto y fidelidad de sus súbditos atendiendo las demandas de cada una de sus tribus de acuerdo con sus leyes, costumbres y aspiraciones particulares.

Palafox propone este cambio frente al absolutismo y centralismo dominante, algo que refleja, según Bartolomé, en el pasaje más importante de la Historia Real: “Grande debe ser el arte y la prudencia de los reyes y superiores que tienen en su dominio diversidad de Coronas en procurar de tal forma gobernarlos que parezca el príncipe de cada una; y tal sabiduría es necesaria para que hagan armonía y consonancia entre sí”.

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Es decir, gobernar con el diálogo y el acuerdo, con la Justicia entendida no como persecución, sino como aspiración última dentro de una realidad política diversa.

Pero es Juicio interior y secreto de la Monarquía para mí solo (1646) el escrito político de Palafox que Cayetana Álvarez de Toledo considera más trascendente. Se editó en Madrid en 1665, ya sufridas las sublevaciones de Portugal y Cataluña, a las que hubo que sumar las de Nápoles y Sicilia.

España estaba enferma, ¿por qué? Pues Palafox sentencia con sano juicio que entonces compartía la doctora Cayetana (y del que hoy abomina la Cayetana del PP): la causa por la que muere España es un excesivo centralismo, “… intentar que estas naciones, que entre sí son tan diversas, se hiciesen una en la forma de gobierno, leyes y obediencia, gobernándolas con una misma mano y manera…”, es decir, la bronca letra del aria cantado por el trío de Colón.

Además añade el que fuera virrey para criticar al que culpa de este desatino, el conde duque de Olivares, que éste “se ofendiere” al comprobar cómo se resisten a ser sometidas así las naciones de España, acusándole de “querer gobernar Aragón con las leyes de Castilla, o Castilla con las de Aragón, o a Cataluña con las de Valencia… que es como trocar bocados y frenos a los caballos o reducirlos a uno solo, con que así estos se empinan, aquellos corcovean, los otros disparan y todo se aventura”.

¡Todo se aventura! Y encima se ofende este Olivares: como se ofende hoy la Cayetana del PP, y mucho, con esta España plebeya a la que, la otra Cayetana, la doctora, ayudó en su día a diagnosticar su mal y prescribir sus medicamentos.

Pero donde nuestra doctora subraya más su lado pactista y dialogante es Diálogo político del Estado de Alemania y comparación de España con las demás naciones (1632), que reproduce con mucho detalle en la tesis.

Está escrito en forma de charla entre dos amigos a la vuelta de un viaje por Europa. Y aquí es donde Palafox insiste en un elemento polémico y enfrentado a las ideas de Olivares. Cómo puede hablarse de que España está unida por unas mismas leyes, cuando es su diversidad lo que la caracteriza. Palafox entiende la Corona como una casa en la que todos deben hallar cobijo, en la que se ha de hablar constantemente, encontrar compromisos que obliguen a todos para superar intereses diferentes: sólo así puede perdurar una monarquía.

Qué hermosa conversación, ¿verdad? Cuánto hemos de agradecer a la doctora Cayetana que nos la recuerde y ponga en valor histórico. Entonces me pregunto, si tanto le fascinara en el año 2000 el talante dialogante de Juan de Palafox, y por ello le dedicó infinitos desvelos, ¿qué le ha pasado a la nueva Cayetana para dar ese giro intelectual que a mí me quita el hipo?

La introducción de la misma autora a la edición española de su tesis en 2011 nos da una respuesta  que a mí me suena casi obscena. En ella se reafirma, cómo no, en la trascendencia reformista y pactista de Palafox, pero, señala, que quizás, a vista de 2011, “de haberla escrito hoy, probablemente habría sido menos condescendiente con algunos aspectos de las propuestas reformistas de Palafox y quizá algo más comprensiva con los objetivos de su malogrado benefactor, Olivares”. Toma objetividad científico histórica.

Aclaro que la veo obscena porque es una evidencia de lo bien que le iban ya en 2011 sus relaciones con Pedro Jota y la FAES de Aznar. De ahí a precipitarse al piélago moral del “No es Sí” tan solo medió un pequeño empujón.

Pobre Cayetana, la doctora, ¿en qué recoveco de tan bajo palacio cerebral descansará?

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