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Opinión · Otras miradas

Carmena: feminazis, maricones e inmigrantes, no Catalunya

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Vaya por delante que los nacionalismos, sean catalán, español o de cualquier otro sitio, me producen alergia. Todos la misma alergia, cuyos síntomas son prevención, hartazgo por la limitación intelectual y sospecha de corrupción encubierta.

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Dicho está.

Esta misma semana, en una visita a Barcelona, la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha responsabilizado al independentismo catalán de la aparición de VOX. Ha situado la aparición de una ultraderecha fuerte en España entre las consecuencias del 1 de octubre. Francamente, al oírla me pesó lo reducido y caduco de dicho análisis.

Recuerdo los movimientos del partido de Santiago Abascal durante la campaña a las elecciones andaluzas del pasado 2018. La extrema derecha arrancó con el “España se rompe” y consiguió movilizar a una parte de la población, de manera que parecía que iba a conseguir un par de escaños. No tardaron mucho en darse cuenta de que ese camino no les iba a procurar tan pingües beneficios como las mujeres, en general, y el feminismo y la violencia machista en particular. Aparecieron entonces con fuerza, durante la segunda semana de campaña, la idea de los “chiringuitos” feministas dedicados a la lucha contra la violencia de género, y la de que respondían a la caradura de unas feministas a las que tacharon de “fundamentalistas” y “supremacistas”, de interponer denuncias falsas e incluso de matar a sus criaturas. Ahí sí que consiguieron que la cosa se pusiera calentita y, de paso, 12 escaños que nadie se esperaba.

En mi opinión, yerran quienes creen, como Carmena, que dicha victoria –lo fue— resultó fruto de una denuncia contra el procés o el “España se rompe”. Se trataba de machismo y misoginia puros y duros. Machismo y misoginia que no han dejado de alimentar. Y de criminalizar brutalmente a los y las inmigrantes con un racismo alegre y desinhibido. Cuando un partido alimenta una idea lo hace porque tiene comprobado que aumenta su popularidad, o sea sus votos.

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A la ultraderecha de VOX, no nos engañemos, le han dado votos el odio hacia las mujeres o los inmigrantes. Y contra el movimiento LGTBI.

Cabe recordar aquel argumentario del partido publicado por el periodista Antonio Maestre en el que se afirmaba que los participantes en la fiesta del Orgullo “impregnan el centro de la ciudad de un hedor insalubre e insoportable”. O que protagonizan “escenas sexuales grotescas a la vista de familias con niños”. De ahí ya han pasado, como en el caso de las feministas, a acusarles de fundamentalistas, supremacistas y beneficiarios de “chiringuitos” pagados “por todos los españoles”.

Los fachas saben que todo ello no solo da resultados, sino que se esparce y mancha como el pringue que produce la putrefacción: la consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía, Rocío Ruiz, de Ciudadanos, no ha tardado en sumarse a sus tesis chiringuiteras. El Partido Popular, por descontado, ya estaba ahí. De la misma forma que la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se sumó a la LGTBIfobia arguyendo que no se podía recluir la fiesta del Orgullo porque “es escenario de las familias”.

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No aprendemos. Todo esto lo conocemos bien, o deberíamos conocerlo. Todos los movimientos represivos y la extrema derecha en general se han basado siempre en un odio descarnado que tiene tres patas: las mujeres libres y el feminismo, el colectivo homosexual y transexual, y el racismo contra la inmigración.

¿Hace cuánto que no oímos a la extrema derecha hablar de Catalunya, del procés, del “España se rompe”? Pues eso.

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