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Opinión · El desconcierto

A río revuelto, ganancia de errejones

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Nadie duda del resultado de la consulta de los inscritos de Podemos, validando el pulso de Iglesias a Sánchez, pero tampoco casi nadie duda sobre su probable repercusión en los electores de Podemos, poco favorable al líder morado según indican los sondeos. Son esos casi cuatro millones de ciudadanos los que cortarán o no la coleta política a Pablo Iglesias cuando se convoquen nuevas elecciones. Máxime, si el rechazo a la investidura reabre las urnas cerradas el 28 de abril. Probablemente por ello, la rumorología morada alcanza sus más altas cotas. Ya se sabe, cuanto más revuelto está el río, mayor ganancia de pescadores. O, en la ría morada, cabría decir de errejones, dada la suma de egos universitarios en pugna.

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El pulso de Pablo Iglesias corre el serio riesgo de terminar como un bumerán en su rostro. Si fracasa, en su objetivo de obligar a Sánchez a aceptar sus condiciones, la formación morada puede volver a entrar en una seria crisis interna de la que apenas acabó de salir en abril. Del mismo modo que cerraría no pocos moratones internos si lograse poner un pié en la Moncloa, se multiplicarían si le dieran finalmente el portazo anunciado por Pedro Sánchez. No es nada casual el perfil bajo de Irene Montero en este órdago personal al PSOE. Al fin y al cabo, es la sucesora in pectore, si Podemos se viera obligada a pagar un elevado precio en el caso de votar en contra de la investidura de Sánchez.

Tampoco es casual que esta cuenta atrás hacia la investidura de Sánchez vaya en paralelo a la multiplicación de los rumores que indican que vuelve el Séptimo de Caballería Mediática de Errejón. Tras el fracaso de Más Madrid, que ha abierto la puerta a más derecha, parece que ahora se proyecta Más España con la evidente intencionalidad de retar a Podemos en el resto de España después de haberlo hecho trizas en la capital. El propio interesado no lo confirma, pero tampoco lo descarta. Incluso ve hoy un espacio electoral vacío entre el PSOE y Podemos. Probablemente, la creciente crisis política en Ciudadanos, sumada a la existente en su antiguo partido, le lleve a un proyecto transversal.

Así, de un Podemos de derecha, auspiciado por la Banca Sabadell, fracasado por la rebelión de Rivera contra el Ibex, podríamos pasar a un Ciudadanos de izquierda, auspiciado por Errejón. Aunque por ahora no son más que especulaciones, el hecho cierto es que quien más y quien menos en el mundo morado cuida bien o recupera sus relaciones con Errejón. Incluso una señora tan amiga de Pablo Iglesias como es la alcaldesa Ada Colau, ha invitado como pregonera de la Fiesta de la Mercé a Manuela Carmena, que justo acaba de cargar sobre las espaldas de Iglesia el haber perdido el ayuntamiento de Madrid. Sin olvidar, además, que se habla de Manuela Carmena como candidata de Errejón a la presidencia del Gobierno.

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Sea como fuere, lo cierto es que Pablo Iglesias siembra hoy con la aventura de la crisis de los sillones lo que Iñigo Errejón cosechará probablemente mañana. Quizás este pulso entre Errejón e Iglesias sea el que subyace en el reto de Sánchez e Iglesias, de difícil por no decir que nula comprensión política, dado que nunca se confrontan ideas o propuestas como siempre ha ocurrido en todas las polémicas entre las fuerzas de izquierda, tanto en España como en el resto de Europa. Nadie explica por qué el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista de Portugal apoyan desde fuera el gobierno socialista en Lisboa, mientras que en Madrid votar la investidura de Pedro Sánchez equivale a una herejía para Iglesias.

¿Cuántos Podemos hubo en el nacimiento de Podemos? Este vicio genético es el que hoy envenena a la formación morada a la vez que al resto de la izquierda no socialista. Ni siquiera ha sido abordada porque, inexplicablemente, los morados nunca se han constituido como partido político. Hace cinco años asistí como periodista al parto de Podemos, en el Teatro del Barrio de Madrid. Le pregunté a Pablo Iglesias si el nuevo proyecto no vendría a agudizar más aún la división de la izquierda. Cinco años después, aquellos temores llevan camino de confirmarse. La crisis de los sillones, si no es encauzada, puede terminar con la implosión de Podemos y la atomización de la izquierda no socialista.

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