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Opinión · El desconcierto

El bumerán del último minuto de Iglesias

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No será este comentarista, desde luego, quien se asombre hoy del desenlace de la negociación entre el PSOE y Unidas Podemos, dado que, como venía sosteniendo desde junio, era la crónica anunciada de un fracaso. Quienes han estado esperando una cesión de Pedro Sánchez en el último minuto, sobre la que se ha basado y aún se basa Pablo Iglesias, ya saben que el Godot de los sillones no llegará como no llegó el personaje de la obra de Beckett. De hecho, la estrategia del último minuto es ya el bumerán del último minuto. Ahora  mismo les corresponde, como al resto de las fuerzas políticas, pasar por el veredicto de las urnas del 10 de noviembre salvo, eso sí, que Unidas Podemos decida apoyar en el último instante, lo que parece bastante improbable, un programa común con el PSOE.

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La ruptura de la colaboración de Sánchez con Iglesias cierra, por lo menos hasta finales de 2019, la perspectiva de progreso abierta con la moción de censura contra Rajoy. Es el segundo regalo que los progresistas hacen a la derecha después de la donación pública del ayuntamiento de Madrid al trío conservador. Para rubor propio y ajeno, la crisis de los sillones municipales, que enfrentaba ayer en un mismo partido a Iñigo Errejón contra Iglesias por el sillón número dos de Carmena, vuelve a reeditarse hoy con la actual crisis de los sillones ministeriales protagonizada ahora por dos partidos, el que rechaza concederlos y el que hace de su obtención condición sine qua non para la formación de un gobierno progresista.

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Afortunadamente, la sociedad española es mucho más madura que la nueva clase política, muy bien descrita a mitad del siglo pasado por Milovan Djilas. Pese al previsible aumento de la abstención, todas las encuestas indican hoy que los españoles continuarán rechazando a Casado, Rivera y Abascal. Las tres derechas no son ni pueden ser una alternativa de poder al gobierno progresista de Sánchez. Bastará verlos en su salsa, en campaña electoral, para que el enorme cabreo de la izquierda sociológica sea inmediatamente sustituido por la sensatez política. Las urnas reeditarán, probablemente, el resultado del 28 de abril; eso sí, corregido en Ciudadanos y Podemos tanto como aumentado en el PSOE y PP.

Será entonces cuando veamos lo que el viento electoral se lleva  y sus previsibles efectos en los partidos más perjudicados. Quienes como Rivera han cortado la mano derecha tendida de  Sanchez,  y quienes como Iglesias, han optado por la amputación de la izquierda, pueden verse, si son correctos los sondeos, muchísimo más afectados a la  baja en sus respectivas formaciones. Porque podría volver a reproducirse el actual bloqueo político, si internamente no se viese reflejada la nueva correlación de fuerzas parlamentarias que pudiera surgir el 10 de noviembre. Salvo que el 10 de noviembre sea una foto fija del 28 de abril, muy improbable, habrá movimientos.

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Incluso el mismo Pedro Sánchez, más que probable vencedor del 10 de noviembre, va a verse obligado a ponerse en guardia, ya que la vieja guardia socialista podría volver a especular  con un cambio de cromos entre su cabeza y la de Rivera. El apoyo público a Pablo Iglesias de la sin par pareja González-Cebrián, y el resurgido agit-prop del susanismo, no es un mero suma y sigue de los publicistas de la derecha, que han pasado de calumniar a encumbrar al lider morado , sino que podría ser un primer paso en la tentativa de los camisas viejas socialistas de sacar a Albert Rivera de Ciudadanos a cambio de intentar sacar a Pedro Sánchez del PSOE, para conseguir, por fin, la coalición con Ciudadanos. No quieren a Sánchez en solitario en la Moncloa, sino bien controlado desde la derecha.Todo depende de lo que suba el PSOE y baje Cs, pero este abrazo del oso con Podemos, que ni siquiera es un partido, es ya una inquietante realidad.

Lo que la negociación política no ha podido resolver va a tener que hacerlo la votación del 10 de noviembre. Ni hubo, ni hay, ni habrá el último minuto de Sánchez que espera Iglesias. Esa oportunidad la perdió  cuando no supo aprovechar el error del secretario general del PSOE al vetarle. Le pudo mucho más la soberba que la inteligencia, y al igual que al general cartaginés Aníbal, que no sabía rentabilizar las batallas que ganaba, perdió la que había ganado. Por ello, ese último minuto que todavía espera es ya el bumerán de Iglesias camino de convertirse en el ýltimo minuto electoral, salvo que él mismo, en el último instante, opte por el programa común. Si no es así, los electores progresistas deberán responder qué es ahora más importante: ¿la elaboración de un programa común o la confección de un gobierno de coalición?

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