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Opinión · Otras miradas

Pedro Sánchez, el presidente 'socialita'

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A simple vista, pareciera que Pedro Sánchez está peleado con Unidas Podemos y que por eso nos va a llevar de nuevo a elecciones generales, las cuartas en cuatro años. Pensándolo más, se ve que con quien pelea es con la realidad y que pretende obligar a los votantes a ponerla como él la quiere por cojones.

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También podría parecer que Pablo Iglesias se está humillando hasta el infinito y más allá, pero -gusten o no sus formas- está dejando cristalino que si no hay acuerdo es porque Pedro Sánchez así lo ha querido – por no volver a hablar de genitales-.

Martín Caparrós, en el New York Times, acaba de rebautizar al Presidente. Si Pablo Iglesias es el jefe podemita, Pedro Sánchez es “el jefe socialita” y el término tiene más que gracia. Si le quitamos la S a PSOE nos queda un POEma sin la “ma” o el apellido de un escritor de relatos cortos de terror.

En ambas acepciones, las nuevas siglas (POE) le cuadran porque:  ¿cómo llamar socialista a un líder que se dice de izquierdas pero se niega a gobernar en esa cuerda, aún cuando es la única opción que le dan las matemáticas? ¿No era Pedro Sánchez el candidato socialista que intentó incluir a Podemos en un acuerdo con Ciudadanos en 2016 pero la Banca, el IBEX, la vieja guardia y El País le hicieron imposible incluir en la ecuación a los morados? Eso le confesó compungido a Jordi Évole en una entrevista clave.

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Con ese relato, el de recuperar la capacidad del PSOE para virar a la izquierda -un relato que ha resultado ser muy corto- movilizó a la militancia socialista y recuperó pírricamente el timón del partido contra los que se creían sus dueños históricos ¿Qué estará pensando el socialismo de base que le aupó al liderazgo desde el subsuelo, en ese contexto, hace tan poco? ¿Qué se dirán los que le gritaron en Ferraz la noche de la presunta victoria del 28 de abril: “con Rivera no”, ahora que se han dado cuenta de que solo Rivera les hizo caso? ¿Por qué Sánchez no ha preguntado a sus bases, tan queridas, si quieren o no una coalición con Podemos? ¿Por qué en la investidura de julio estaba previsto hacerlo cuando ya estuviera aprobada en las Cortes y fuera un hecho? ¿No es un fraude con su propia historia, además de un fraude democrático?  ¿Cómo es eso de deberle todo a la democracia interna y respetarla tan poco?

Y, la pregunta del millón: ¿por qué está haciendo esto? ¿Para llevarse los votos de centro que Rivera va a perder por escorarse a la derecha de ese modo? ¿No serán un número parecido al que el PSOE previsiblemente va a perder a su izquierda (de hecho o por abstención)? ¿Lo hace para conseguir una mayoría que no dependa de los independentistas? ¿Para eso es necesario volar todos los puentes con la izquierda que luego habrá que reconstruir seguro? ¿O es que ha decidido volverse de centro del todo y renegar del relato que le devolvió el partido? ¿De verdad cree que sus bases y los votantes sedientos de izquierda van a tragarse ese sapo?

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Hablamos durante años del choque de trenes entre Gobierno y Generalitat y de cómo era posible y de que había que pararlo y los trenes se chocaron.

Ahora llevamos meses hablando del choque de trenes dentro de la izquierda, de los órdagos cruzados que se han lanzado y haberlos, los ha habido. El mus es tan español que tiene risa que entre tantos órdagos algunos se crean más españoles que otros.

Pero es que ahora el órdago va a ser el más gordo de todos. Pedro Sánchez no está retando a Unidas Podemos con unas nuevas elecciones; a quien reta es al electorado progresista entero. Su nuevo relato corto será: o la derecha o yo.  En abril ganó al grito de que viene el trifachito y con un pacto de no agresión con Podemos. Ahora pretende ganar al aullido de que viene la derecha y la izquierda y yo soy el único salvador.  Lo siento, pero me temo que no tiene liderazgo para tanto y creo que se ha olvidado de donde viene su fuerza. Pareciera que Sánchez le ha cogido gusto a las batallas dificilísimas y ya no distingue entre ésas y las imposibles; que ha perdido el sentido de la realidad. Y ahí anda a tortas con ella. Presidente, no hay manera de ganarle, por mucho manual de resistencia que tenga.

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