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Opinión · Otras miradas

El fascismo era esto y así entró

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Protestaron los medios (los serios y los otros) al día siguiente del debate de candidatos a la presidencia del gobierno porque estos no se enfrentaron directamente a Abascal dejando muy claro que mentía.  El País, muy preocupado, llegó incluso a publicar un editorial en el que se lamentaba que los candidatos no le hubieran enterrado en cifras y datos que pusieran de manifiesto todas las mentiras que dijo. Al día siguiente todo el mundo se quejaba porque a los fascistas hay que ponerles en evidencia y demostrar que mienten. Especialmente molestos parecían algunos periodistas que analizaban las palabras de Abascal y las últimas acciones de Vox (que ha subido el pistón del fascismo criminalizando a los niños migrantes) y decían muy serios mirando a cámara: “sí, esto es fascismo”. Y entonces otra vez se miraba a los candidatos para culparles por su silencio (por cierto que Pablo Iglesias no estuvo en silencio). A buenas horas en todo caso. La mentira ya forma parte de la política y distinguir ahora las mentiras fascistas de las menos fascistas no es tarea fácil a estas alturas ni es cosa de un debate. A estas alturas las cifras y los datos están tan retorcidos que no es fácil para la mayoría distinguir verdades de mentiras, y llenar de ellos un debate político sólo sirve para convencer a los tuyos.

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La cuestión es que el fascismo político ha llegado a las instituciones de la mano de Vox, pero su germen lleva mucho tiempo inoculando el virus de la mano de quienes ahora protestan cuando lo ven con capacidad para entrar en los gobiernos. No veo mucha diferencia entre lo que dice Abascal y lo que dicen personajes como Inda o Jiménez Losantos o tantos otros tertulianos y articulistas que llevan años desinformando conscientemente y con la intención de expandir el odio a los de abajo, la desconfianza en la política y contribuyendo con mentiras tanto a ocultar la realidad como a crear realidades alternativas siempre favorables al poder y contrarias a la democracia y los derechos humanos.  No diré que son fascistas y defiendo que tienen derecho a decir lo que dicen, pero quienes desde medios de comunicación presuntamente serios les dejan decir y hacer son en parte responsables de haber creado una sociedad a la que lo que pueda decir Vox ya no le asusta ni le sorprende. Pero no hace falta irse a Inda y La Sexta para comprobar que esto ha pasado con muchos otros medios. A medida que la desigualdad crece, que la vida de la mayoría se hace más difícil, e incluso insoportable, a medida que el sistema neoliberal aprieta las tuercas y la gente se organiza y protesta, los medios de comunicación, todos los que se deben a los bancos, han apoyado la aplicación de políticas neoliberales, las formas autoritarias y poco democráticas de control de las protestas y han ocultado también el funcionamiento de las cloacas del estado. La mayoría de los medios han colaborado con el poder claramente y con la guerra sucia contra Podemos y otras opciones de izquierdas antineoliberales. La mayoría de los medios han aceptado sumisamente multitud de ruedas de prensa sin preguntas en las que la verdad oficial se repetía aunque fuese mentira; la mayoría de los medios se han prestado a entrevistas en las que el más poderoso recibía más un masaje que una entrevista incómoda. Años y años en los que cuando el presidente o el Jefe de la oposición hablaban, su palabra se ofrecía como verdadera. Y por parte de la clase política, años y años de decir una cosa en campaña y hacer la contraria, de decir una cosa aquí y votar otra en Bruselas, años de engañar a la gente con una mano y de satisfacer a los poderes económicos con la otra.. Y mientras, la realidad de la vida de la gente ha ido por otro lado. Vidas que no han encontrado reflejo en ningún medio, vidas silenciadas, ocultadas, acalladas.

Al fascismo se le combate cuando desde  instancias de legitimación, (el gobierno, por ejemplo) se defiende y apoya a medios de comunicación independientes, veraces y críticos. Se le combate cuando los medios se atreven a informar sobre los excesos del poder, las cloacas, la represión y cuando las instituciones democráticas tienen mecanismos para apoyar a esos medios y evitar que puedan ser coaccionados. Al fascismo se le combate construyendo una sociedad formada y crítica con el poder, favoreciendo una educación que forme una ciudadanía crítica y con capacidad para informarse, y no lo contrario. Al fascismo se le combate con mecanismos que favorezcan la transparencia y el control del poder (del gobierno, pero no sólo) y denunciando cuando dichos mecanismos no están funcionando. Se le combate cuando hay un clima social que no acepta la corrupción y la mentira. Asumamos que en este país la corrupción ha sido la forma de gobierno mucho tiempo y que muchos medios la han ocultado o minimizado cuando afecta a los suyos. Esto nunca hace que la corrupción no se vea, sino que lo que hace es que la ciudadanía piense que todo da lo mismo, que todos son iguales y que no es posible cambiar nada;  que los políticos están ahí para favorecer sus propios intereses.

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Ayer mismo vivimos un día que nos ofreció dos ejemplos muy claros de todo lo que digo. Por la mañana en la SER, en mitad de una información, como quien no quiere la cosa,  llamaron a los CDR “organización terrorista”.  Parece bastante claro por lo que estamos viendo que existe una cierta operación desde el estado para construir un relato de una violencia que no ha existido y a la que se busca equiparar con el terrorismo en una banalización de lo que significó este que no sé cómo pueden las verdaderas víctimas estar calladas (no todas lo están, afortunadamente). Los CDR, además, no han sido acusados, juzgados ni sentenciados por ningún juez. Pero en este clima, ese mismo día por la tarde, en la Asamblea de Madrid, Vox presenta una PNL en la que pide ilegalizar a los partidos independentistas: Ilegalizar las ideas, sin jueces, sin juicio, que lo haga el gobierno. Como dijo el diputado Jacinto Morano de UP en una magnífica intervención lo que allí  se estaba exponiendo era nada menos que el mismo artículo del código penal franquista que se refería al independentismo. ¡Y Ciudadanos y el PP votaron a favor! Dos partidos supuestamente democráticos y uno de ellos de gobierno votaron a favor de un artículo claramente franquista en el que se habla de ilegalizar ideas. Y todo esto después de años de recorte de libertades para la izquierda (no así para la derecha), de medios que ocultan como sea las consecuencias de las políticas neoliberales, de leyes mordaza cada vez más estrictas,  de informaciones (y leyes) que criminalizan las huelgas, la inmigración, las protestas…y todo ello sin que desde las instancias de legitimación social se propongan visiones alternativas de la realidad.

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Al fascismo, finalmente, se le combate haciendo que la política mejore de verdad la vida, construyendo desde la política vidas vivibles y dignas; ahuyentando la inseguridad, el miedo y el dolor de las vidas de la gente. El fascismo no encuentra hueco si hay bienestar y posibilidades de felicidad para la mayoría social. Al fascismo hay que pararlo, desde luego. Pero no lo van a hacer los medios que ahora se fingen muy afectados. Lo haremos nosotros y nosotras de muchas maneras pero, para empezar, tenemos que hacerlo votando el domingo. Y el voto es solo el comienzo, el lunes seguimos.

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