Cargando...

Secciones

Publicidad

Opinión · Punto de Fisión

Es que van como putas

Publicidad

El otro día, en twitter, un homínido justificaba las violaciones cargando la responsabilidad sobre la víctima, todo un clásico del patriarcado desde que los monos se bajaron de los árboles. Aludía en un par de frases hediondas a semen a la hora tardía, al vestuario y al irrefrenable impulso visceral que nos arrastra a los machos a cumplir con nuestras obligaciones biológicas por encima de leyes, mandamientos, empatías, éticas y dedos de frente. No fue culpa mía ni de dónde estaba ni (de) cómo vestía” apuntaba el buen hombre, atiplando la voz. “Este es el último cántico de quienes se pasean a las tres de la mañana en minifalda como quien deja un filete en el plato junto al perro mientras se va al baño”.

Publicidad

La sintaxis revela mucho de una personalidad, no digamos ya el estilo. A veces revela demasiado. Comparar a una mujer con un filete en un plato y a un violador con un perro lo dice todo sobre ciertas ideologías que deberían haber quedado arrinconadas en un rincón de la prehistoria, junto con el canibalismo, la esclavitud y la trata de blancas. Lo más revelador, sin embargo, de ese montón de palabras son precisamente las últimas -“mientras se va al baño”-, que hablan del lugar exacto donde han sido excretadas. Por desgracia, ni la esclavitud ni la trata de blancas han sido extirpadas de nuestra sociedad más que nominalmente, al tiempo que el canibalismo ha sufrido una refinada metamorfosis de la que el pensamiento -por llamarlo de algún modo- del homínido es una buena y oportuna muestra. Un perro y un filete en el plato.

Twitter no es otra cosa más que una multitudinaria taberna que amplifica opiniones, frases y aforismos que, la mayoría de las veces, nunca debieron haber salido de la taberna. Lo mismo vale una sentencia de Schopenhauer que una de Pepe Pérez o un poema de Machado que un eructo. En ocasiones, y por desgracia, vale mucho más el eructo, intensificado en virtud de su propia estupidez y ramificado mediante su rápida propagación pública. Son los inconvenientes de una tecnología que prima la celeridad sobre la profundidad, la tontería sobre la inteligencia y el rumor sobre la certeza. No hace falta añadir, aunque tampoco está de más decirlo, que el filósofo ocasional que compara a una mujer con un filete y a un violador con un perro es admirador incondicional de Vox.

Publicidad

Una de las idioteces más difundidas en los últimos tiempos es la opinión de que todas las opiniones son respetables, un relativismo mal entendido que equipara a Schopenhauer con Pérez y a Machado con el eructo. Por supuesto, nunca, en ningún caso, puede sostenerse la noción de que la víctima de una violación es responsable de la misma a tenor de las circunstancias. Al igual que la idea de que los inmigrantes vienen a robar, la de que las mujeres deben instalarse en la cocina o la de que los negros son seres inferiores, se trata de una opinión constitutiva de delito. Antes estos pensamientos criminales se mantenían bien ocultos bajo siete llaves, pero el auge de la ultraderecha los ha sacado del armario en una especie de versión retrógrada del orgullo facha. Aunque nada más humillante que considerar a un violador al mismo nivel que un perro. Para el perro, se entiende.

Publicidad

Publicidad

Publicidad