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Un instante en 'Un asunto de familia', a cargo de Koreeda.

Entrevista con Hirokazu Koreeda "En familias unidas por el crimen a veces hay más amor que en las de sangre"

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El cineasta radiografía la sociedad japonesa de la crisis en ‘Un asunto de familia’ y pone el acento en los ‘niños invisible’ del país y en la miseria. Palma de Oro en Cannes, la película pasó por el Festival de San Sebastián y aspira al Oscar.

Culturas

“En Japón hay muchas personas que siguen viviendo de la pensión de sus padres muertos. También hay muchas familias que viven de robar”. Atroces consecuencias de la precariedad y la miseria –“el índice de pobreza se ha disparado en el país”– que ahora muestra el cineasta japonés Hirokazu Koreeda en su extraordinaria Un asunto de familia.

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Palma de Oro en el Festival de Cannes, aspirante al Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa, la película, que se proyectó en San Sebastián donde el director recibió el Premio Donostia, es una radiografía social impresionante, pero sobre todo es un soberbio ejercicio creativo. Koreeda llega a todo esto desde un estadio artístico superior que nace en el del cariño y los vínculos de una familia que no tiene lazos de sangre. Es “una familia unida por el crimen”, pero, frente a la conservadora tradición japonesa del círculo familiar, “en las familias con lazos de sangre en Japón no hay mucho cariño y en algunas de las otras, sí”.

Autor de maravillosos dramas familiares con personajes encerrados en el interior de una casa, el cineasta japonés vuelve aquí la mirada a uno de sus primeros largometrajes de ficción, Nadie sabe, y pone el acento en los niños invisibles que no figuran en ningún registro del país. Son niños secuestrados, hijos de parejas separadas, nacidos en la indigencia… Víctimas de la miseria.

En Público entrevistamos al director Hirokazu Koreeda:

Vuelve usted a la familia, pero desde un punto de vista diferente. ¿Cuál es el propósito?

En esta película hay mucha más interacción con la sociedad. El punto de vista es completamente diferente. Las familias tienen un vínculo sanguíneo, pero en ésta no hay consanguineidad. Me pregunté cómo sería ese vínculo, su prolongación.

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Refleja en su película el maltrato, la pobreza, la tradición…

Son cuestiones auténticas. En Japón hay muchas personas que siguen viviendo de la pensión de sus padres muertos. También hay muchas familias que viven de robar en los sitios. La intención con la película no es de denuncia social, sino más bien incidir en si existe realmente una familia así. Pero es verdad que en Japón peligra el sistema del bienestar que cada vez hay más personas que dependen de las ayudas. El índice de pobreza se ha disparado. Temas como las pensiones de los muertos o niños secuestrados no son asuntos que se puedan contar desde las noticias de televisión, donde las reacciones son muy superficiales.

Pero ¿esas realidades se cuentan en televisión?

Sí, pero la gente no entra a profundizar, se ventilan el tema con el comentario de que entierran a la abuela porque quieren el dinero de la pensión y secuestran a los niños para enseñarles a robar. Además, ya no hay televisiones críticas con el gobierno.

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Hay un punto en común con ‘Nadie sabe’.

Sí lo hay, el de los niños invisibles para la sociedad.

¿Hay muchos niños invisibles en Japón?

Cada vez hay más noticias sobre ellos. Son niños que no están inscritos en ningún registro, unas veces porque no van al colegio, otras, porque los trasladan. El Gobierno envía notificaciones, pero se les devuelven todo el tiempo. Es alarmante la realidad, pero también lo es que nosotros lo tengamos alrededor y no nos fijemos en ello.

¿Cómo se enfrenta el país a esta situación?

En Japón existe un grave problema con los registros. Si una esposa huye de casa porque su marido la maltrata y encuentra otro hombre y tiene un hijo con él, este niño es hijo del marido maltratador. Son procesos que el estado complica sin ninguna necesidad y eso lleva finalmente a que el niño no se registra en ningún lado. Mi intención, sin embargo, no es hacer crítica del sistema, sino reflexionar sobre ello.

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'Un asunto de familia'

¿Estas familias unidas por el delito existen, pues, en Japón?

Sí. A mí me interesa siempre presentar otras posibilidades y esta familia está unida por el nexo del delito. Es una cosa real. El nexo es el delito, pero forman una unidad familiar, una comunidad que muchas veces está más unida que la sanguínea. La abuela no podría mantenerse sola, por ejemplo. En Japón, una consecuencia de la pobreza ha sido el deterioro del concepto de familia y muchos ancianos no tienen quién les cuide. Pero la sociedad japonesa mira muy duramente a estas familias principalmente porque no están unidas por la sangre. Sin embargo, en las familias con lazos de sangre no hay mucho cariño en Japón.

La situación de los niños de su película recuerda a ‘Oliver Twist’ de Dickens.

Lo conozco, por supuesto, pero no fue la referencia. Lo que sí tuve en cuenta fue El muchacho, de Nagisa Ôshima. Tuve muy en cuenta esa película.

A pesar de la realidad que cuenta, ¿sugiere finalmente una salvación?

Sí y se resume en el final, cuando parece que el chico ha visto algo, que puede ser un padre, un hermano o el mismo público. El niño en el autobús al final llama a su padre, cuando piensa en la familia, piensa en ese hombre. Y la niña puede ser también una nueva familia.

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