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Joana Biarnés, trabajando con otros fotógrafos - Fotograma del reportaje 'Una entre todos'

Mujeres periodistas Los retos, trabas e insultos que soportaron las primeras periodistas de la historia

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No lo tuvieron nada fácil; para destacar en el mundo de la comunicación, las primeras mujeres periodistas tuvieron que esforzarse el triple que sus colegas varones. Hoy, con muchas más reporteras en el terreno, recordamos algunas de las incómodas anécdotas que se vieron obligadas a aguantar por el mero hecho de ser mujer.

Culturas

A finales de 2018 nos dejó Joana Biarnés. Entonces, la prensa nacional recordó con cariño algunas de las peripecias que vivió la primera fotoperiodista española. Muchas de las anécdotas son divertidas, como cuando se coló en un montacargas para charlar con los Beatles o cuando retrató a Dalí adivinando el número de la lotería nacional. Otras no tanto; el día que cubrió un partido de fútbol tuvo que soportar insultos que recibió por el mero hecho de ser mujer. "¡A fregar platos!", cuenta que le gritaron desde las gradas del campo en el documental Una entre todos.

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"Hombre es que una mujer...esto no se ha visto nunca, eh", dice que le soltaron cuando buscaba empleo como periodista. Pero antes de ella hubo otras. Mujeres que, a través de la palabra o la imagen, reflejaron lo bueno y malo de la sociedad que les tocó vivir. Era un tiempo donde el machismo entorpecía sin tapujos el camino de las intelectuales frente al de sus colegas varones.

"Hombre es que una mujer... esto no se ha visto nunca, eh", le decían a Biarnés cuando buscaba empleo como periodista

Nellie Bly es un ejemplo. Su carrera comenzó con 16 años, cuando envió una carta al diario Pittsburgh Dispatch tras leer un artículo titulado What girls are good for (Para qué sirven las mujeres). El texto, de marcado carácter machista, indignó a Bly. Decidió actuar: envió una misiva en la que reivindicaba la independencia y autosuficiencia de la mujer. La joven estadounidense escribió tan bien la carta que el director del periódico no dudó en pedirle que formara parte de su equipo.

A pesar de que el escrito feminista fue lo que llevó a Bly a trabajar como reportera, la joven también sufrió las consecuencias de ser mujer y periodista en pleno siglo XIX. Por ejemplo, cuando quiso vencer al personaje ficticio Phileas Fogg dando la vuelta al mundo en menos de 80 días. Cuando Bly explicó al editor del periódico World que quería narrar cómo superaba la marca que Julio Verne marcó en su libro, éste rechazó la oferta en rotundo. ¿Las razones? Que una mujer necesitaba mucho equipaje además de un hombre que le protegiese para tal aventura. Pues bien, Bly viajó sola con un pequeño maletín un total de 35.000 kilómetros. Lo hizo en 72 días.

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Portada del periódico 'The Wolrd' anunciando el triunfo de Nelly Bly

Antes de que la joven estadounidense creciese como reportera, otra periodista española ya se las había ingeniado para integrarse en un mundo de hombres. Fue Concepción Arenal, una de las pioneras en el feminismo en España. Además de ser de las primeras en escribir sobre la situación de los presos en el país para reformar el sistema penitenciario o sobre la condición de la mujer en la sociedad, Arenal estudió Derecho. Para hacerlo, cogió unas tijeras y se cortó el pelo. Después, se puso una levita, una capa y un sombrero de copa. Sin rasgos femeninos que le delatasen, la joven gallega logró entrar a la Facultad de Derecho de Madrid.

Al descubrir su verdadera identidad, el rector le preparó un examen que superó sin dificultad. Fue admitida. Eso sí, con restricciones. En Feminismo en un mundo global, Amelia Valcárcel explica que Arenal debía ir acompañada por un familiar hasta la puerta del claustro. Cuando acudía a clase, la futura periodista tenía que sentarse en un lugar separado al de sus compañeros. Después no salía del edificio hasta que otro familiar volviese a recogerla.

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Su caso recuerda al de Josefina Carabias, la primera corresponsal que trabajó en Estados Unidos para tres periódicos. Durante la II República, Carabias necesitaba un pasaporte con el que viajar a Marruecos para trabajar como periodista. Como escribió la propia reportera en Crónicas de la república, el comisario le dijo: "Si fuera usted un hombre se lo daría solamente con la partida de nacimiento, si no hay inconveniente militar. Pero tratándose de una mujer, no puedo". Al final, Carabias no tuvo más remedio que llamar a su padre. Éste se vio obligado a ir hasta la comisaría de la calle Leganitos de Madrid para autorizar a su hija (mayor de edad) a recibir el pasaporte.

Dorothy Lawrence en 1915 posando como soldado - Wikipedia

La figura de Concepción Arenal también conecta con la de la inglesa Dorothy Lawrence, quien en secreto se disfrazó de hombre para luchar como soldado. Fue la única mujer británica en combatir en el frente e informar sobre ello. Con un abrigo lo suficientemente grande para esconder su cuerpo de mujer, fue a pedir los papeles de su nueva identidad. Desde entonces, solo algunos compañeros de confianza sabrían que el soldado raso Denis Smith era en realidad una joven periodista inglesa que quería informar sobre la Primera Guerra Mundial.

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Otras, aunque vestidas de mujer, retrataron las penurias de la guerra con nombre de hombre. Fue el caso de Gerda Taro, la primera fotoperiodista que, junto a su pareja sentimental y fotógrafo Endre Friedmann, creó el personaje de Robert Capa. El problema es que muchas de las fotos que realizó la fotoperiodista quedaron a nombre de Friedmann. Esther Pedraza, periodista y estudiosa de Taro, asegura que así fue. "Incluso existen bastantes dudas sobre la autoría de Muerte de un miliciano", afirma Pedraza sobre una de las imágenes más famosas del siglo XX.

"Se cuestiona si fue él o no quien hizo la foto porque entre los dos se intercambiaban las cámaras constantemente. Además, la fotografía tiene el estilo de ella y no de él; uno más emocional, más humano", explica la periodista. 

La dictadura franquista optó por amordazarlas

Gerda Taro murió atropellada por un tanque en España retratando al bando republicano. Tres años después, Franco sumergió al país en un régimen dictatorial que enterró por completo su obra. El machismo de esos años también invisibilizó la figura de otras pioneras en el periodismo. Hoy aún se recupera la de Carmen de Burgos, la primera columnista española.

Al franquismo no le interesó rememorar (y por lo tanto reconocer) el trabajo de una mujer que, bajo el pseudónimo Colombine, opinó sobre la legalización del divorcio, el sufragio femenino o el matrimonio civil. Trabajos feministas y republicanos como los de esta columnista, eran lo primero que la dictadura machista de Francisco Franco buscó silenciar.

Burgos opinó sobre la legalización del divorcio, el sufragio femenino o el matrimonio civil

La experta en Carmen de Burgos, Concepción Núñez Rey, se lamenta del escaso reconocimiento que tuvo la escritora. "Habiendo sido la gran figura de las letras, la pionera de la modernidad y la vanguardia y la figura máxima del periodismo del siglo XX, qué más insulto que la prohibición de su obra durante la época franquista", reflexiona la catedrática y autora de Carmen de Burgos, periodista universal.

Además de sepultar la obra de las del pasado, la dictadura también se encargó de ensombrecer el trabajo de las periodistas del momento, como la de la primera mujer en dirigir una cabecera en España. Mari Luz Morales -Felipe Centeno en sus críticas cinematográficas- tomó las riendas de La Vanguardia en 1936. Tras la victoria del bando sublevado, el régimen franquista no dudó en encerrarla 40 días en un convento de la carretera de Sarrià, en Barcelona. Después, según un artículo del periódico para el que trabajó, aunque la dictadura le intentó privar de su condición de periodista, Morales siguió escribiendo con dos pseudónimos. Unas veces era Jorge Marineda y otras se llamaba Ariel.

El franquismo encerró  a Mari Luz Morales en un convento durante 40 días

Pero no todas las pioneras sufrieron del mismo modo las consecuencias de la sociedad machista. Mari Carmen Izquierdo, la primera mujer en informar sobre deporte en España, confiesa que su figura "despertó cierto paternalismo". Aunque tuvo "todo tipo de colaboración de los compañeros" para que se "familiarizada con una especialidad que no era propia de mujeres", sí que destaca alguna que otra anécdota.

"Vas a aprender periodismo deportivo aquí. Para eso te tiene que gustar mucho el vino y las mujeres", recuerda que le soltó el redactor jefe del periódico As cuando pidió hacer prácticas en el medio deportivo. Desde entonces fue formándose, poco a poco, en un mundo diseñado por y para hombres.

Izquierdo recuerda un día que tuvo que cubrir una carrera ciclista. En el momento que pasó a la zona donde se encontraban los periodistas, llegó el director de la competición tocando el silbato. Las mujeres tenían prohibido pasar donde trabajan sus colegas, según el reglamento de la Unión Ciclista Internacional (UCI). Cuando sus compañeros de profesión vieron que "seguía y seguía y seguía" yendo de un acontecimiento deportivo a otro, Izquierdo no volvió a toparse con el mismo problema. De esta forma, abrió el camino a otras muchas mujeres periodistas en el mundo del deporte en España.

La primera demanda por discriminación de género

En primer plano, una mujer con el puño en alto. En segundo, el símbolo del sexo femenino rodeando el cuerpo de ella. En la parte superior a la izquierda, un mensaje: Mujeres en rebelión. Con esta portada, Newsweek hizo creer a sus lectores que era un medio feminista. El diseño se publicó el 23 de marzo de 1970, el mismo día en que las trabajadoras de la revista estadounidense se armaron de valor para denunciar a la empresa por discriminación de género. Fue la primera denuncia que se interponía en EEUU contra un medio de comunicación por esa causa.

La portada de 'Newsweek' del 23 de marzo de 1970

Una de las 46 mujeres que acusaron al medio fue Lynn Povich. En el libro Good girls revolt (La rebelión de las chicas buenas) Povich cuenta cómo ella y el resto de compañeras tenían que desempeñar funciones muy distintas a las que debieran como profesionales de la comunicación, repartiendo el correo o siendo secretarias. Pero ellas eran periodistas y querían ejercer como tales. Se indignaron a aceptar un papel diferente por el mero hecho de ser mujeres.

Las víctimas también denunciaron que, cuando se encargaban de buscar la documentación y contrastar los datos de ciertas informaciones, eran ellos quienes terminaban firmando el trabajo realizado.

Junto al resto de compañeras, Povich ganó la batalla al sexismo; desde 1964 las mujeres tenían derecho por ley a realizar la misma tarea que un colega varón si tenían la misma capacidad. Fue el primer hito feminista del mundo de la comunicación estadounidense. Cinco años después, Povich fue la primera editora en la historia de Newsweek.

Las acción de las trabajadoras de esta revista desencadenó una ola de demandas: las periodistas de Time, The Reader’s Digest, The New York Times, NBC y de la agencia de noticias Associated Press denunciaron la situación que hasta el momento se vieron obligadas a soportar por ser mujeres y periodistas.

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