Cargando...

Secciones

Publicidad

La periodista y escritora Anna Pacheco./ Sofía Suárez

Anna Pacheco "Nos vendieron que el hijo del obrero tiene las mismas oportunidades, pero hemos descubierto que no es verdad"

Publicidad

La periodista Anna Pacheco publica su primera novela, 'Listas, guapas, limpias' (Ed. Caballo de Troya), un relato crudo y cargado de verdad sobre el camino a la vida adulta.

Culturas

Hacerse mayor implica contradicciones. No es fácil hacerse mayor en medio de la precariedad o desde la periferia de un barrio obrero, al mismo tiempo que estudias derecho en la universidad y tienes que enfrentarte a inseguridades y miedos que nunca habías experimentado: que te hacen sentir inferior al lado de compañeros con dinero, que te alejan de tu amiga de toda la vida y te hacen ser cruel con tu familia y mirar con condescendencia el lugar donde has crecido.  

Publicidad

En Listas, guapas, limpias (Ed. Caballo de Troya), la primera novela de la periodista Anna Pacheco, se empieza a dibujar ese camino hacia la vida adulta de la mano de su protagonista, una joven de un barrio del extrarradio de Barcelona. Un recorrido difícil donde todo empieza a definirse y a la vez todo es una incógnita. Donde no hay conciencia de clase ni feminismo establecidos, pero sí una necesidad de reaccionar ante comentarios y situaciones que nos hacen enfadar, pero no llegamos a comprender todavía el porqué.

El nombre del libro es una referencia a lo que nos decían las abuelas cuando éramos jóvenes. ¿Qué significa eso de ser limpias y por qué lo has rescatado para el título del libro?

Yo creo que algunas abuelas tenían esa idea aspiracional de que las nietas consiguieran eso que ellas no habían tenido y lo expresaban a través de unos pilares que lo resumen bastante todo: la inteligencia, por esa capacidad de tener estudios superiores; la belleza, que en este caso está atravesada por la cuestión de género; y luego la cuestión de la pulcritud, que es un aspecto muy clasista: “Tú parécete a ellos, ve vestida como ellos y quizá te hacen un hueco en ese mundo en el que posiblemente ganes más dinero”. Creo que este punto, sobre todo para muchas de nosotras nacidas en los 90, explica el porqué de querer llevar determinadas marcas, de querer ir vestidas de determinadas formas… Para, de alguna forma, estar limpitas a los ojos de los demás.

El libro muestra un cisma generacional. Nuestros padres han estado en el mismo trabajo 30 años y sus aspiraciones eran un coche, una casa y, si todo iba bien, una segunda residencia. En nuestro caso nos hemos dado cuenta de que los trabajos que queríamos tener no existen o no te pagan por ellos. ¿Qué hacemos con esa frustración? ¿Qué aspiraciones podemos tener en un contexto de precariedad?

Publicidad

Esta es un poco la clave. No solo la ruptura que hay entre la nieta y la abuela, sino también entre las nietas y las madres. La mayoría de nosotros hacemos trabajos que no son vitales. Y en esas nos movemos, aspirando a esos trabajos que se supone que nos tienen que aportar. A mí me sigue haciendo mucha gracia esta idea de pero, ¿qué te aporta este trabajo? Bueno, pues los trabajos aportan sobre todo dinero. Nos tenemos que quitar esa idea perniciosa y súper neoliberal de buscar en el trabajo un aporte moral.  

"Nos tenemos que quitar esa idea perniciosa y súper neoliberal de buscar en el trabajo un aporte moral"

También está esta idea un poco extraña y aspiracional de nuestra generación: estamos permanentemente enfangados en esta precariedad y a la vez tenemos la sensación constante de no sentirnos realizados. A veces salimos expulsados del sistema, pero otras, salimos por la frustración de sentir que podríamos estar haciendo algo mejor o que no estamos realizados o que nosotros o nosotras no hemos nacido para esto. Esto, evidentemente, tiene un peso en nuestra forma de vivir el mundo, que es muy diferente a la de nuestros padres. 

Publicidad

Las que nos dedicamos al periodismo sabemos muy bien a qué nos referimos cuando hablamos de frustración. ¿Qué tal lo llevas? Estás presente en muchos proyectos, pero siempre has expresado esa ansiedad que provoca el tener que llegar a todo para poder medio vivir y estar ahí, no podemos desconectar y nos autoexigimos decir a todo que sí, aunque sea por 50 euros.

Obviamente creo que también tiene que ver con diferentes tipos de profesiones, pero en las relacionadas con la industria de la comunicación y la cultura nos hemos convertido en marcas por nosotras mismas, en las que actualizar el Instagram ya no es tanto ocio, que también, sino una forma de contar al mundo nuestra historia y, al final de todo ello, capitalizarlo de alguna manera, aunque sea de forma inconsciente.  

Publicidad

Parece una distopía, pero es un poco así, es una angustia permanente de tener que estar presente

Esto, si lo piensas, es absolutamente terrorífico, porque al final la división entre trabajo y recreo es cada vez más fina, más confusa y más complicada para nosotras. Yo veo como cada vez que no cuelgo algo en Instagram o cada vez que siento que estoy desconectando más de lo que debería empiezo a sentirme mal, porque pienso que los demás se olvidarán, que ya no me van a volver a llamar o que estoy desapareciendo del mundo online y, por ende, del mundo offline. 

Parece una distopía, pero es un poco así, es una angustia permanente de tener que estar presente y, ciertamente, es una angustia justificada, porque muchas veces lo que requieren de ti también tiene que ver con los seguidores que tienes o con el impacto que creen que vas a tener por tu nombre.  

La protagonista viene de un barrio de la periferia, estudia derecho, pero está claro que no parte desde la misma posición que, por ejemplo, su amiga Ane. ¿Siguen siendo las universidades espacios hostiles para la clase trabajadora?

Más que hostiles es que seguimos siendo un poco la excepción. Esto lo certifiqué en el libro La clase obrera no va al paraíso de Arancha Tirado y el Nega, en el que aparecían unos datos de 2012 - 2013 del Ministerio de Educación en los que decía que los hijos de trabajadores manuales eran un menos del 10% y que la universidad, pese a todo, seguía siendo un entorno enormemente elitista.  

La protagonista se encuentra en un momento en el que ni ella ni su familia son capaces de predecir las diferencias de base que hay entre ella y sus compañeros. A nosotras lo que nos vendieron era que el hijo del obrero va a la universidad y que luego tendrá las mismas posibilidades y las mismas oportunidades y lo que hemos ido descubriendo es que eso no era verdad. 

Me parecía interesante situar ahí el conflicto de la novela. La protagonista quiere ser como ellos y piensa que, quizá, leyendo unos cuantos libros y aprendiendo a hablar de unas formas más sofisticadas puede disimular en ese ambiente y no tendrá problema. Pero todo es tremendamente elitista y en el libro ya se está tejiendo ese nuevo escenario laboral en el que, de nuevo, los hijos y las hijas de la clase trabajadora lo van a tener bastante difícil.

La protagonista cuenta que ella quería estudiar Historia del Arte, pero que su padre la convenció para hacer “una carrera de verdad”. La sombra de los padres y nuestro deseo de no decepcionarles, ¿es también un signo de clase?

Sí, las carreras culturales o más vinculadas a las Humanidades siguen siendo territorio de la clase media - alta y, en cambio, la clase trabajadora, posiblemente, ni se plantea estudiar estas carreras porque no las ve ni a corto ni a largo plazo como una forma realista de ganarse la vida y, casi por inercia, tienden a descartar estas carreras y a optar por otras que son puramente aspiracionales.  

"De nuevo, las hijas y los hijos de la clase trabajadora lo van a tener bastante difícil"

Sigue estando esta idea de elegir la carrera casi por una razón puramente cosmética o estética. A los padres de clase trabajadora les encanta como suena “nuestra niña hace derecho”, “nuestra niña va a ser doctora”. En el otro extremo están esas carreras que muchas veces son hasta difíciles de explicar, como Humanidades o Ciencias Políticas. Entonces sí, muchas veces se eligen carreras más seguras, empujados por padres y madres que se están partiendo el lomo para que tú estudies y que, por lo tanto, quieren que todo eso se concrete en cosas tangibles. ¿Esto da dinero o no da dinero? ¿Esto va a mejorar la vida o no?

La protagonista muestra constantemente condescendencia hacia su barrio, sus amigos, su familia… Ella ahora se encuentra entre dos mundos y no acaba de encajar en ninguno. ¿Cómo vivimos ese salir del barrio o del pueblo para estudiar?

Tenía muchas ganas de explicar esta idea porque la había hablado cientos de veces y, además, me parece una idea cruel y que tiene que ver con esa violencia intrafamiliar, esa violencia que ejerces tú con las personas que encima te están permitiendo esa serie de privilegios que ellos no han tenido. Hay un momento de conflicto que genera dolor por ambas partes, tanto para los padres como para la propia persona que llega con esos aires de superioridad moral porque sabe un par de palabras nuevas o ha probado un plato nuevo. Ese momento de dolor, ese momento de conflicto, que con los años se pasa, me parecía muy real y muy necesario de explicar.  

Además, en el caso que yo quería contar, la violencia se amplifica porque ya no es la adolescencia, es decir, tú eres bochornosamente más mayor cuando ejerces esa violencia hacia tus padres y ya no tienes la excusa de ser el adolescente desganado que dice tres palabras mal dichas, sino que ya empiezas a ser una persona adulta, ya has pasado la universidad y, precisamente, eso es lo que hace más violento y vergonzoso tu regreso al hogar. Me parecía muy clave hablar de ese momento.

La protagonista es también una chica que duda constantemente, que se siente culpable por casi todo (por no saber de música, por masturbarse). Es interesante cómo la culpa y la inseguridad forman parte de la vida de las mujeres desde muy jóvenes.

Yo también hago una lectura de género. Es decir, no es lo único que hace que la protagonista tenga todas esas inseguridades y esos miedos que, sin duda, la aplastan, pero sí que hay una cuestión de género que es esencial y que se ve mucho en las relaciones sexuales o en las relaciones que tiene ella con su propio sexo. Yo creo que se le junta un poco todo. Por un lado, esa ilusión de un nuevo mundo en el que siente que todas las herramientas que le hacían la mejor del barrio, la lista, la guapa y la limpia, ya no son relevantes en el nuevo espacio

"Luego está esa cuestión de descubrimiento y un despertar sexual muy condicionado por el patriarcado"

Luego está esa cuestión de descubrimiento y un despertar sexual muy condicionado por el patriarcado. Esa idea coitocéntrica que nos dice que la mayor parte de las mujeres llegan al orgasmo a través de la penetración. También está la parte del amor romántico heteronormativo. Ella está deseosa de buscar relaciones románticas, de gustar a los chicos. Está viendo todos los flecos sueltos del amor romántico y diciendo “Ostras, qué complicado todo, qué extraño y qué miedo a la vez”.  

Generalizando mucho, nuestra generación se ha preocupado tarde de nuestro deseo y nuestro placer. Nos hemos lanzado al sexo y a las relaciones más preocupadas por gustar a los chicos y chicas y por encadenar relaciones, como le pasa a la protagonista, que por disfrutar y vivir relaciones sexo – afectivas plenas y sanas. ¿Piensas que, por ejemplo, las chicas de la generación Z tienen una relación más cercana y natural con su deseo y su sexualidad?

El libro se sitúa en un pasado de unos 10 años y, en ese sentido, yo soy un poco optimista y sí creo que están cambiando cosas y que hay ciertos debates que han llegado a las aulas y que antes no llegaban. Pese a todo, tampoco te diría que todas las adolescentes de hoy en día tienen relaciones saludables, sanas y, sobre todo, recíprocas y feministas, ni mucho menos, pero sí creo que hay ciertas conversaciones que se están teniendo ahora en ciertos ambientes y ciertos círculos que antes no existían tanto.  

En el libro está la idea de replicar relaciones románticas, una detrás de otra mientras, a la vez, vemos que todas las certezas se están derrumbando. Yo lo que veo en mi entorno es que la gente y las parejas se siguen derrumbando y reinician ciclo nuevo cada tantos años y cada vez hay una imposibilidad mayor de mantener ese amor hasta el final.  

En la novela, la protagonista tiene un novio detrás de otro y en el otro lado está la amiga que tiene esa relación larga de toda la vida, pero en realidad las dos son como yonquis del amor romántico. Creo que eso sigue estando absolutamente en nuestro día a día, esta idea de engancharnos, de probar y fracasar permanentemente y este miedo a explorar nuevas relaciones sexo-afectivas o nuevas formas de relacionarnos con la gente.

La relación entre las dos amigas es muy contradictoria, muy basada en la competencia, en la superioridad por parte de la protagonista.

Sí, se están haciendo patentes las diferencias entre cada una de ellas, porque las dos se están redireccionando a espacios distintos, cada una está madurando de una forma diferente y cada vez encuentran menos puntos en común, porque sobre todo una de ellas, la que está empezando a desclasarse, está mirando con cierta superioridad intelectual a su amiga de toda la vida.  

"Mucha gente desaparece, hace una especie de reinicio y se olvida y, por el contrario, hay gente que es capaz de unir los dos mundos"

Se está produciendo ese momento de juzgar a tus amigos del barrio o del pueblo, sentir que ya no son interesantes, que ya no te aportan. Odio esa palabra por lo que hablábamos del trabajo y es una idea muy capitalista. ¿Qué te tienen que aportar tus amigos más allá de diversión o de un buen rato? Ella ya empieza a ver a los amigos de una forma capitalista. En esa relación contradictoria, que empieza a ser conflictiva, les une un pasado en común y la cosa queda en el aire, si serán capaces de mantener esa relación o no. Yo he visto como mucha gente desaparece, hace una especie de reinicio y se olvida y, por el contrario, hay gente que es capaz de unir los dos mundos. Creo que ellas están en ese punto.  

En el libro también está presente la figura de la abuela. Un momento un poco impactante es cuando le cuenta cómo conoció a su abuelo. De ahí surge la pregunta de cómo han vivido nuestras abuelas, cómo han sido sus vidas. No las conocemos.

Hay algo que nos une a muchas y muchos de nosotros y es esta especie de amnesia colectiva. Nos hemos preguntado vergonzosamente tarde quiénes eran nuestros abuelos y abuelas, a qué se dedicaban. En Catalunya hubo una fuerte migración de gente de Andalucía, Extremadura durante los años 50, 60 y 70 y es ahí donde se enmarca la historia de la protagonista. 

Ella descubre de forma casi accidental la vida de su abuela. Son nuestras abuelas las que han vivido una vida completamente distinta y te has preguntado muy pocas cosas sobre ellas.

Publicidad

Publicidad