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Andrés Manuel López Obrador saluda a sus seguidores tras conocer los resultados en México. (MARIO GUZMÁN | EFE)

México inicia un histórico giro a la izquierda con López Obrador

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Una gran concentración de poder permite la posibilidad de cambios profundos.

Internacional

Los operarios trabajaban hasta ayer en las obras para abrir al público a partir de este sábado la residencia presidencial de Los Pinos, cerrada en las últimas décadas, coincidiendo con la investidura del nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Su mandato no solo implica que la izquierda vuelva a gobernar después de 70 años, también se trata del gobernante con mayor concentración de poder del México moderno. Su aplastante victoria —triplicando en votos al segundo—en unos comicios que acabaron con el tradicional sistema de partidos ha generado grandes esperanzas en una sociedad hastiada por la violencia y la corrupción.

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Permitir el acceso a su residencia presidencial es uno de los muchos gestos simbólicos con los que ha intentado transmitir el cambio de formas. AMLO—como se le conoce— confía en que su peculiar estilo y sus planes de dar portazo al neoliberalismo sean suficientes para cumplir las expectativas de millones de mexicanos. Más que un izquierdista convencido, López Obrador es un nacionalista económico.

El nuevo presidente tiene por delante la difícil tarea de solucionar el problema de la violencia —uno de los temas más demandados—y el narcotráfico, recuperar la industria nacional y ser capaz frenar la emigración. Para AMLO estos problemas están relacionados entre sí y deben abordarse de una forma integral. Es lo que él mismo ha definido como la cuarta gran transformación en la historia de México.

López Obrador cuenta con una pista de salida privilegiada para llevar a cabo los cambios profundos que desea implementar. Su partido, Morena controla las dos cámaras legislativas y la oposición es prácticamente inexistente porque los viejos partidos han quedado obsoletos. Desde las elecciones de Julio ya ha utilizado este poder para impulsar su agenda legislativa que, por el momento, se ha basado en iniciativas para incrementar los poderes del presidente en detrimento de los estados federales. Este tipo de acciones junto con las consultas populares para decidir sobre proyectos ya iniciados con la anterior administración le han valido la etiqueta de populista y autoritario.

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Fuentes del grupo coordinador de Morena en el Senado explican que todavía están acostumbrándose a tener poder y que a veces llevan a cabo errores de novatos. Un asesor bromea recordando la fuerte caída que sufrió la bolsa azteca cuando aprobaron una ley que regula las comisiones interbancarias. “Hundimos la bolsa, wey”, explica uno de los muchos jóvenes que integran el partido. La idea que tiene la formación es aprovechar el impulso de la ilusión de los primeros meses para llevar a cabo asuntos que posiblemente después serían espinosos. “Si aguantamos bien los primeros 100 días, nos consolidamos”, resumen.

Sin duda la decisión más comprometida hasta ahora ha sido la creación de un nuevo cuerpo policial militar que tenga como objetivo mejorar la seguridad. Esta nueva Guardia Nacional quiere luchar contra el narcotráfico sin arrastrar la corrupción de los cuerpos de seguridad actuales. El problema es el gran poder político que se le da a este cuerpo. La misma ONU se ha pronunciado para expresar su rechazo a esta iniciativa porque supone la entrada de facto del ejército en política.

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En un mismo sentido, fuentes de Morena también aseguran que AMLO también negociará con los Narcos para encontrar una solución a la violencia. Todavía no existe un plan oficial sobre la mesa, pero las opciones que hay sobre la mesa pasan desde la legalización de la marihuana y la amapola hasta —según fuentes de Morena—provocar el ascenso de un cártel concreto para debilitar al resto y reducir la negociación a un interlocutor.

A ésta última posibilidad hay que añadirle el factor político: existe connivencia entre los narcos y muchos gobernadores de estados que tienen siglas diferentes a la formación de AMLO.

Los politólogos mexicanos coinciden en que se trata de un momento fundacionalen el que se puede acabar consolidando un régimen político de nuevo tipo. La oposición es inexistente por el momento. Los otros partidos se encuentran en un complicado proceso de recomposición que puede suponer incluso la desaparición de siglas como el mítico PRI, partido hegemónico durante décadas. El papel de controlar al gobierno, por tanto, se espera que recaiga en la sociedad civil y en los medios de comunicación al principio de su mandato. Una de las claves será ver si la corriente social que posibilitaron la victoria de López Obrador es capaz de mantenerse después de su mandato.

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Las clases pudientesmexicanas viven la llegada de AMLO como una tragedia y desde Julio no han dejado de correr bulos sobre supuestos anuncios de expropiaciones. Laura, que alquila su casa en el centro del DF a 10 personas cree que López Obrador es el “demonio” que traerá a México un sistema como el de Cuba o Venezuela.

El empresariado se encuentra dividido entre los que apoyan al nuevo presidente en su agenda de reindustrialización y mayor proteccionismo, y los que lo rechazan radicalmente por razones ideológicas. Después de 20 años siendo la referencia de la izquierda, ha desarrollado una buena relación con la comunidad empresarial, aunque esta difícilmente lo votara.

Sintonía con Trump

Pese a lo que pudiera parecer de entrada, esta visión más proteccionista le ha valido para tener una cierta sintonía con Trump, que ve con buenos ojos su objetivo de limitar la inmigración, pese a situarse en las antípodas ideológicas.

Aunque la política exterior mexicana quedará en un segundo plano, el contexto internacional le obligará a lidiar con el fenómeno de las caravanas de migrantes y la hostilidad de Estados Unidos. López Obrador ya ha anunciado que quiere que su vecino del norte financie una suerte de ‘Plan Marshall’ para los países centroamericanos para eliminar las causas que obligan a la gente a irse de su país.

Las esperanzas puestas en que sea capaz de solucionar los problemas que llevan lastrando a México de hace años son muy altas. Las incógnitas sobre su éxito también. ¿De dónde sacará el dinero para financiar lo que anuncia? ¿Evitará que su amplio poder le conduzca al autoritarismo? ¿Podrá controlar al narco? En seis años se verá.

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