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El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, habla con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, durante la cumbre de líderes del G20 en Buenos Aires, Argentina. / REUTERS - SERGIO MORAES

La política agresiva del príncipe Bin Salman lleva a Arabia Saudí hacia el abismo

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Hasta que Mohammad bin Salman se hizo cargo del poder, Riad mantenía una política exterior discreta y supeditada a sus socios. Pero en los últimos tres años, MBS ha puesto en peligro la estabilidad regional e interna con una enorme agresividad que cuenta con el apoyo de Estados Unidos e Israel.

Internacional

En los últimos tres años, la política exterior de Arabia Saudí ha experimentado un cambio radical para peor que no solamente está afectando a ese país sino a toda la región, y de una manera muy grave. Su ejecutor es Mohammad bin Salman (MBS), el príncipe de la Corona de 33 años que guía las riendas desde Riad contra viento y marea.

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Hasta la llegada de MBS, la política exterior saudí funcionaba de una manera táctica y según las circunstancias, pero el príncipe le ha dado un giro de 180 grados y se ha tornado en una política muy agresiva y arriesgada.

Dentro, ha alarmado a numerosos príncipes que, en principio, tienen las mismas aspiraciones que MBS para heredar el trono, aunque todo indica que MBS no quiere que a la muerte de su padre, el rey Salman, se proceda como ha venido siendo habitual desde la fundación del estado. MBS simplemente trata de acaparar todo el poder y de ejercerlo con toda su crudeza según su exclusiva opinión.

En la última gira que le ha llevado a la cumbre del G-20 en Buenos Aires, y a varios países árabes, MBS ha tomado toda una serie de precauciones dentro del país, enviando unidades militares a Riad para garantizarse que durante su ausencia no se producía un golpe de estado.

El caso del periodista Jamal Khashoggi es simplemente la punta de un enorme iceberg, uno de los muchos ejemplos que apuntan en esa dirección: la intervención militar en Bahrein, el obsesivo apoyo a Israel en la cuestión palestina, el bloqueo de Qatar, la detención del primer ministro libanés Saad Hariri, la disputa con Canadá por los derechos humanos o la desastrosa guerra de Yemen.

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Un manifestante ilumina con una vela una imagen del periodista Jamal Khashoggi, asesinado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul.- Osman Orsal/REUTERS

Con MBS, Arabia Saudí se ha tornado en el mayor foco de inestabilidad en la región, junto con su flamante aliado Israel. Mientras el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump aseguran que los saudíes son un foco de estabilidad, la realidad muestra claramente todo lo contrario.

La vieja política exterior táctica y de circunstancias le permitió a Arabia Saudí sobrevivir en las agitadas olas de Oriente Próximo durante décadas. Ahora, numerosos príncipes, primos de MBS, consideran que el camino que ha emprendido pone en peligro mortal no solo al país sino también a la casa real.

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En la nueva andadura, MBS se ha aliado con Israel

Durante décadas, Riad permitió que otros países árabes, como Siria, Irak o Egipto, tuvieran la iniciativa en lo tocante a la política exterior. Pero esos tres países han sufrido un deterioro considerable en los últimos años y MBS los ha querido substituir. La cuestión es que Arabia Saudí no parece estar preparada para un liderazgo de esa naturaleza.

Los descomunales ingresos por la exportación de petróleo tienen los años contados. La gallina de los huevos de oro puede durar aún una o dos décadas, pero no mucho más, de manera que la política exterior agresiva difícilmente se podrá sostener a medio plazo, una vez se ha abandonado la política tradicional de perfil bajo.

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En la nueva andadura, MBS se ha aliado estrechamente con Israel. Netanyahu ha contribuido a que el príncipe no se haya caído a causa del asesinato de Khashoggi, pero la alianza entre esos dos políticos representa un peligro para la estabilidad regional cada día más preocupante.

Durante las pasadas décadas, los saudíes confiaron en sus aliados para todas las cuestiones de guerra, por ejemplo durante la invasión de Kuwait en 1990, o tras la revolución iraní de 1979. Ahora en cambio, MBS ha abierto la vía militar que involucra por primera vez a Arabia Saudí directamente en los conflictos regionales, como se está viendo en Yemen.

La adquisición multimillonaria de armas de Estados Unidos y de otros países occidentales indica que MBS va a continuar por el mismo camino. El príncipe parece dispuesto a consolidar a Arabia Saudí como una potencia hegemónica en la región, aunque hay dudas de que pueda conseguirlo.

Tras las fallidas revoluciones árabes, Arabia Saudí ya intervino en Bahrein en 2011. Su ejército entró en ese pequeño país y contribuyó a aplastar las revueltas. Riad se dio cuenta de que no podía confiar en la administración Obama, que no movió un dedo para salvar al presidente egipcio Hosni Mubarak.

Una situación muy delicada tanto dentro como fuera del país

En Siria realizó un gran esfuerzo para armar a los rebeldes, especialmente a los yihadistas, aunque a la postre sufrió un serio revés con la victoria del presidente Bashar al Assad. En Siria intervino de la mano de Estados Unidos e Israel hasta que Assad dio la vuelta a la tortilla con la asistencia de Rusia e Irán.

El avance houthi de 2015 en Yemen y la muerte del rey saudí Abdullah, permitió a MBS llevar a su país a un intenso conflicto militar directo, el primero en la historia de Arabia Saudí, que ha causado decenas de miles de muertos, conflicto que MBS ha podido sostener gracias al apoyo militar de Estados Unidos y al apoyo político de Israel en Washington.

La persecución de otros príncipes saudíes y las intervenciones fuera de sus fronteras han conducido a MBS a una situación muy delicada tanto dentro como fuera del país, donde se le han multiplicado el número de enemigos. El presidente Trump dijo la primavera pasada que el régimen de Riad “no duraría ni dos semanas sin la protección de Estados Unidos”.

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