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Xiomara Castro, la líder progresista que quiere refundar Honduras

La primera presidenta en la historia del país centroamericano impulsará reformas para combatir la corrupción y la desigualdad, pero se enfrentará a un Congreso fragmentado e inestable.

Xiomara Castro hace el gesto de la victoria después de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Honduras le entregara la credencial que la acredita como presidenta electa del país, en Tegucigalpa. AFP/Johny Magallanes
Xiomara Castro hace el gesto de la victoria después de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Honduras le entregara la credencial que la acredita como presidenta electa del país, en Tegucigalpa. Johny Magallanes / AFP

Por primera vez en su historia, Honduras estará presidido a partir de este jueves por una mujer, Xiomara Castro (Tegucigalpa, 1959), una dirigente progresista que se impuso en noviembre al oficialismo de derechas, en el poder desde el golpe de Estado de 2009 que truncó el gobierno de Manuel Zelaya, esposo de Castro.

Desde aquel año, el país centroamericano vive en perpetua inestabilidad. El ruido de fondo escuchado estos días en el Parlamento, con golpes, amenazas e insultos cruzados, es el último capítulo de esas turbulencias. El reto que le aguarda a Xiomara es inmenso: refundar un país abonado a la corrupción, extorsionado por el narcotráfico y sumido en la pobreza.

Antes de acometer semejante tarea, Castro deberá poner orden en su propio partido, Libertad y Refundación (Libre). La rebelión de 20 de sus 50 diputados hizo variar el guion previsto para la elección del presidente del Congreso Nacional. Antes de las elecciones del 28 de noviembre, Castro tuvo que pactar una coalición con el populista de derechas Salvador Nasralla para imponerse al conservador Nasry Asfura, candidato del oficialista Partido Nacional. En el reparto de papeletas, el Partido Salvador de Honduras (PSH) de Nasralla se había asegurado la presidencia del Congreso. Pero una veintena de disidentes de Libre (dos de los cuales se retractarían más tarde) votaron a su propio candidato, Jorge Cálix, apoyados por los 44 legisladores del Partido Nacional y buena parte de los 22 diputados del centroderechista Partido Liberal. El embrollo no acabó ahí. Castro expulsó a los disidentes y, con los suplentes a su favor, propició una nueva votación en la que se eligió al candidato previsto, Luis Redondo.

Lo ocurrido en el Parlamento (dos juntas directivas que se autoproclamaron legítimas) augura una legislatura complicada y alimenta la imagen de una Centroamérica ingobernable. Pero el lamentable episodio es solo la espuma de una crisis en la que está instalada Honduras desde que Zelaya fue depuesto por los militares y el Partido Nacional se hizo dueño y señor de todas las instituciones del Estado.

Varias personas hacen fila para recibir atención medica en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), en Tegucigalpa (Honduras). EFE/ Gustavo Amador
Varias personas hacen fila para recibir atención medica en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), en Tegucigalpa (Honduras). Gustavo Amador / EFE

"Hay muchos intereses en juego a izquierda y a derecha. En el Congreso se van a decidir leyes trascendentales que pueden afectar judicialmente a personajes importantes. Xiomara Castro tiene el poder ejecutivo, pero no controla otros poderes, y lo que estamos viendo ahora en el Congreso es una manifestación más de la crisis permanente que arrastra Honduras desde el golpe de Estado de 2009", explica desde Tegucigalpa Joaquín A. Mejía, investigador del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC-SJ) de Honduras.

Para Mejía, Honduras vive todavía una situación de excepcionalidad que la Unión Europea y Estados Unidos pretenden ignorar. Washington continúa siendo un actor fundamental, con una gran incidencia en los avatares de la política hondureña. Lo fue en 2009 por su actitud permisiva ante los golpistas y el reconocimiento de unas elecciones celebradas bajo el estado de excepción, y volvió a ser determinante cuando allanó el camino a la presidencia de Juan Orlando Hernández (2014-2022), el mandatario saliente que ha sido vinculado con el narcotráfico. "Hay que ver de qué manera utiliza Washington ese poder ahora. La diferencia -subraya el politólogo- es que Estados Unidos se va a sentar a dialogar por primera vez con una presidenta que cuenta con una gran legitimidad salida de las urnas, un arma que otros presidentes no han tenido. El diálogo, por tanto, va a ser diferente. Xiomara cederá seguramente en algunas cuestiones, como la seguridad, y podrá obtener a cambio el respaldo norteamericano para que salgan adelante reformas importantes".

Los retos de Xiomara

Para comenzar a revertir las inercias caciquiles de un país dominado por un puñado de familias desde los tiempos de la United Fruit Company, Xiomara Castro propone una agenda progresista que enlaza de alguna manera con el último tramo del gobierno de Zelaya. Proveniente del centroderechista Partido Liberal, el expresidente solo empezó a preocupar al establishment hondureño y a la Casa Blanca cuando decidió moverse en la órbita de Chávez.

Pero el tablero latinoamericano ha cambiado mucho desde entonces. Ya no se habla de izquierda bolivariana sino de frentes amplios y alianzas transversales (Boric, Fernández, Petro…). Y Xiomara, que ha acabado con 40 años de bipartidismo en Honduras, es hoy un exponente más de esa corriente progresista que vuelve a dominar en la región. No es una recién llegada a la política. Encabezó la resistencia al golpe de Estado de 2009 cuando los militares sacaron del país a Zelaya y acompañó a su marido en la fundación de Libre en 2011. Intentó llegar a la presidencia a finales de 2013, pero en esa ocasión fue derrotada por Hernández.

El  Plan de gobierno para refundar Honduras 2022-2026, un documento de 68 páginas donde se detalla el proyecto de país de Xiomara, aboga por la construcción de un estado socialista democrático en el que las políticas públicas sean determinantes en salud, educación o igualdad de género. La lucha contra la corrupción es otro de los pilares del plan. Una estrategia que requiere de una reforma profunda del aparato judicial y policial del país. Los dos mandatos consecutivos de Hernández han sido demoledores para la salud democrática de Honduras, entregada a los carteles del narcotráfico. Juan Antonio Hernández, Tony, hermano del presidente, cumple condena en Estados Unidos por tráfico de drogas.

Varios agentes de Policía pasan por delante de un cartel con el retrato de la presidenta elecra de Honduras  Xiomara Castro, en el exterio del Estadio Nacional, en las vísperas de la ceremonia de toma de posesion del cargo, en Tegucigalpa. REUTERS/Fredy R
Varios agentes de Policía pasan por delante de un cartel con el retrato de la presidenta elecra de Honduras Xiomara Castro, en el exterio del Estadio Nacional, en las vísperas de la ceremonia de toma de posesion del cargo, en Tegucigalpa. Fredy Rodriguez / REUTERS

La hoja de ruta de Castro para los próximos cuatro años pasa por la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), piedra angular de su proyecto. "La ANC -señala el programa de gobierno- será el sustento jurídico para las transformaciones estructurales que mi gobierno ejecutará; constituirá la herramienta fundamental para la refundación del país y crear un Estado que garantice los derechos sociales y económicos, concertando e hilando nuestras esperanzas colectivas".

El mapa del Congreso hondureño dibuja, sin embargo, un escenario político complicado para las aspiraciones transformadoras del nuevo gobierno. Libre y el PSH no llegan a la mayoría absoluta (60 de 128 diputados), por lo que Castro se verá obligada a pactar con sectores de la oposición y a dialogar con los distintos agentes sociales para sacar adelante sus reformas. La fragmentación y la inestabilidad de los bloques políticos aconsejan esa búsqueda de consensos, advierte Mejía: "El Congreso es una olla a presión en estos momentos, y si Xiomara lanza ahora la idea de una Constituyente, sería como poner una tapa a esa olla a punto de explotar. Se necesita ir soltando presión antes. De otra forma, se cerrará esta crisis temporalmente, pero la siguiente será peor".

El sueño de reconstruir un país en ruinas solo será posible si Castro no defrauda las expectativas de esa mayoría social que le respaldó en las urnas en noviembre (51%). Muchos de sus votantes pertenecen al amplio bolsón de pobres que hay en el país (70% de la población). Solo Haití supera a Honduras en el ranking latinoamericano de la pobreza. Para que la migración deje de ser el único horizonte de todos esos desposeídos, Xiomara deberá convertir sus promesas en realidad.

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