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Machismo institucional ¿Las juezas no cuentan?

Ni rastro de mujer alguna. La imagen de Felipe VI con la cúpula del Tribunal Supremo tomada con motivo de la apertura del año judicial choca con la realidad social, donde las mujeres son mayoría en la carrera judicial.

Los miembros de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo con Felipe VI, en el centro. A su derecha, Carlos Lesmes, presidente de este órgano judicial. Foto: poderjudicial.es

MADRID.- Una imagen recorre las redes sociales estos días. Es la fotografía de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo, tomada el pasado 4 de septiembre con motivo de la apertura del año judicial: son trece hombres togados. En el centro, su presidente, Carlos Lesmes, y Felipe VI. No hay rastro de magistrada alguna, a pesar de que las mujeres son mayoría en la carrera judicial... y en la sociedad.

La imagen se denuncia cada año, en especial por el movimiento feminista. Pero ahora es cuando comienza a chocar entre la población general. Nunca, desde la fundación del Tribunal Supremo en 1812, una mujer participó de las decisiones de su órgano de gobierno hasta el año 2004, cuando fue elegida una juez para uno de estos puestos: Milagros Calvo, la primera magistrada que accedió al Supremo, en 2002, y quien salió votada por sus compañeros. Pero sólo duró un mandato.

Desde entonces ninguna otra magistrada ha alcanzado la cúpula judicial ni, por lo tanto, ha posado en esta foto de familia. La Sala de Gobierno del Supremo está integrada por los presidentes de las cinco salas jurisdiccionales y de otros cinco magistrados elegidos por votación directa de sus compañeros. Está presidida por el presidente del Supremo.

La fotografía se ha convertido en símbolo del techo de cristal que impide que las mujeres accedan al poder real en un mundo gobernado por el Derecho como es la Justicia. Unas cifras para ilustrarlo: en enero de 2016 había 2.812 mujeres juez, frente a 2.554 hombres. Las mujeres representan el 52,4% de la carrera judicial. Mas datos: esta dura oposición fue aprobada en 2015 por 35 personas, de las que 25 eran mujeres (el 70,8% del total).

Milagro Calvo, primera magistrada en llegar al Supremo, durante una jornada de puertas abiertas. Foto: poderjudicial.es

Milagros Calvo, primera magistrada en llegar al Supremo, durante una jornada de puertas abiertas. Foto: poderjudicial.es

Pocas son las mujeres que alcanzan la cúpula judicial. Tampoco sirve de explicación que hace falta tiempo para el recambio generacional, porque han pasado casi 40 años desde que la primera mujer accediera a esta carrera reservada hasta entonces para los hombres. Fue en 1977 cuando Josefina Trigueros se convirtió en la primera mujer juez.

Más ejemplos. En España hay 17 Tribunales Superiores de Justicia y sólo uno está presidido por una mujer: Pilar de la Oliva, presidenta del TSJ de la Comunidad Valenciana. Antes había dos presidentas, pero la llegada de Carlos Lesmes de la mano del PP a la institución que elige la cúpula judicial -el Consejo General del Poder Judicial- ha provocado esta disminución.

El escándalo de la discriminación de la juez Vivas

En ocasiones los frenos al ascenso de la mujer al poder ni siquiera son sutiles. Así ocurrió en marzo de 2015 cuando el CGPJ eligió como presidente del TSJ de Murcia a un juez frente a Pilar Alonso Saura, una magistrada que lo superaba en méritos, curriculum y que estaba 1.160 puestos por encima de él. Esta discriminación sexista fue denunciada por la minoría progresista de este órgano. El Tribunal Supremo anuló el acuerdo, pero el CGPJ repitió el mismo nombramiento para el cargo de Miguel Pasqual del Riquelme, una vez subsanado el "déficit de motivación" que tuvo la primera elección.

Jueces para la Democracia denuncia que la etapa de Lesmes ha acarreado una disminución del número de mujeres en los cargos de libre designación, que conforman la cúpula de la Justicia en España, de tal manera que se incumplen los principios de mérito y capacidad que tendrían que presidir estos nombramientos.

El actual presidente del CGPJ -órgano de elección directa por el Parlamento- se ha significado por orillar a las mujeres y por elegir para los puestos clave a personas de su confianza. Así, es muy llamativo el caso ocurrido el pasado julio, con la designación de Antonio Recio para presidente de la Audiencia de Barcelona frente a la magistrada Àngels Vivas, que tenía un curriculum y mérito muy superior y que fue discriminada por razón de sexo. Vivas aún está a la espera de que el Supremo resuelva su recurso presentado por vulneración de derechos fundamentales.

Àngels Vivas tiene una antigüedad de 33 años de ejercicio activo y está en el puesto 159 del escalafón de la carrera judicial. En cambio, el CGPJ eligió a Recio cuando cuenta con una antigüedad de 25 años y se encuentra en el número 1.359 del escalafón. Por si fuera poco, Vivas lleva 25 años trabajando como magistrada de órganos colegiados -una de las capacidades que se valoran para presidir una Audiencia-, mientras que el elegido por Lesmes llevaba sólo 10 años. Vivas tenía una experiencia superior en cargos gubernativos, no en vano fue Decana de Barcelona, miembro de la sala de gobierno del TSJ y presidenta de una sección de la Audiencia.. Son pruebas de la discriminación por razón de género que ha presentado ante el Supremo.

Àngels Vivas, magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona.

Àngels Vivas fue discriminada en julio y el CGPJ nombró como presidente de la Audiencia Provincial de Barcelona a un hombre con un currículum muy inferior al suyo.

Lesmes se movió para evitar este nombramiento entre los vocales del CGPJ, entre otras cosas porque no perdona que Vivas firmara el Manifiesto de los 33 jueces, donde defendían el llamado “derecho a decidir”. Un ejemplo más del "machismo institucional" y del "sectarismo" en que incurre el CGPJ, según esta asociación progresista.Más ejemplos de discriminación. De las 49 Audiencias Provinciales que hay en España, tan sólo ocho de ellas están presididas por mujeres. Esther Erice, presidenta de la Audiencia de Navarra, considera que este CGPJ no es paritario a la hora de elegir la cúpula judicial.

¿Acaso no hay juezas de Civil en España?

La primera mujer en convertirse en juez fue Josefina Trigueros, en 1977. Dos años después, en 1979, llegó la primera generación de mujeres que aprobaron la oposición ya en democracia. Eran tres pioneras: María Elisabeth Huertas, Celsa Pico Lorenzo y María Dolores Márquez de Prado.

Hay 10 mujeres en el Supremo de un total de 79 magistrados. "¿Qué ocurre aquí? ¿Es que todas las mujeres tienen que ir a la Sala de lo Social? Celsa Pico, la segunda magistrada en llegar al Supremo en toda su historia, suele pinchar con esta pregunta a sus compañeros para denunciar la discriminación que sufren cuando ya no manda el escalafón sino la libre designación.

Y es que la Sala de lo Social del Supremo -que dirime los recursos en el ámbito laboral- está compuesta por once magistrados, de los que cuatro son mujeres.

Pirámide de la carrera judicial. Relación de hombres y mujeres, junto a sus edades, en los años 2016 y 2006. Fuente: CGPJ

JUEZAS EN ESPAÑA. Pirámide de la carrera judicial durante los años 2016 y 2006. Fuente: CGPJ

A Celsa Pico le choca, por ejemplo, que jamás haya llegado una magistrada de oposición entre los diez integrantes de la Sala de lo Civil del Supremo, cuando las mujeres son mayoritarias en esta jurisdicción, el 65% del total de jueces de toda España. "¿Es que no hay juezas civiles en España?", se pregunta Pico mientras recuerda que la única en acceder a esta Sala fue Encarnación Roca, quien entró por el llamado quinto turno, reservado para catedráticos.

En la Sala de lo Contencioso Administrativo del Supremo hay cuatro mujeres entre los 30 magistrados -entre ellas, la propia Pico-; en la Penal se encuentra Ana Ferrer y en la Militar Clara Martínez de Careaga.

Muchas claudican

La elección de magistrados para la cúpula judicial se basa en criterios de mérito y capacidad. Celsa Pico encuentra que en estos criterios de selección priman circunstancias como la asistencia a cursos o la impartición de clases académicas: "Tendría que valorarse más el trabajo de día a día, las sentencias que ponemos, porque las mujeres tienen las de perder" ya que, en muchos casos, ellas "claudican" ante las necesidades familiares como la enseñanza de los hijos.  Ella lo ve entre parejas judiciales, cuando ambos son jueces: "las mujeres claudican y dejan que sean ellos los que avancen".

Otros factores que influyen es que las juezas no se involucran tanto en el mundo asociativo de la carrera, desde donde pueden recibir impulso de determinados padrinos que las podrían amparar. Además, existen autolimitaciones de las propias magistradas, quienes tienen otros intereses familiares y sociales y optan por no presentarse.

"La invisibilización de las mujeres dentro de la carrera judicial y en el conjunto de la sociedad resulta incompatible con un Estado social y democrático de derecho", destaca Esther Erice, presidenta de la Audiencia de Pamplona.

Erice destaca que existe una desigualdad estructural en los cargos de libre designación, incompatible con el Estado de Derecho, y defiende la necesidad de impulsar medidas para remover los obstáculos en la promoción de jueces, tal y como establece el Plan de Igualdad dle CGPJ aprobado en 2013.

Machismo judicial y otros frenos

Gloria Poyatos, presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas, es tajante: la famosa fotografía de la apertura del año judicial es un símbolo machista. " Esa imagen es un insulto a la dignidad de las mujeres juezas, porque las invisibiliza con un mensaje simbólico de negación de su existencia y de su importante aportación a la justicia", sostiene.

Esta Asociación defiende una novedosa regulación de los méritos y del sistema de valoración curricular, de tal manera que se otorgue un valor objetivo al tiempo empleado por los jueces y juezas en el cuidado de familiares, así como a la disminución de las cargas de trabajo judiciales en función del número de hijos o de dependientes con discapacidad, conforme a las normativas destinadas a facilitar la conciliación de la vida personal y laboral, así como con el Plan de Igualdad de la Carrera Judicial.

Para Poyatos, el problema de sub-representación de la mujer en la cúpula judicial se reproduce con menor o mayor virulencia en la justicia de todos los países y considera que debe ser investigado por especialistas. "Lo más curioso -explica- es que se constata que cuanto más prestigio social tiene la carrera judicial en un país menos mujeres hay".

Así, los porcentajes de representación femenina no son mejores en los tribunales europeos: en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sólo 7 puestos de los 39 están ocupados por mujeres, y en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sólo hay 16 mujeres de un total de 47 miembros.

En sus 70 años de existencia, la Corte Internacional de Justicia de las Naciones Unidas, solo ha tenido 4 juezas entre sus 106 integrantes; de los 52 puestos de sus relatorías, 19 nunca han sido ocupados por mujeres y no se ha conocido ninguna Secretaria General de la ONU, concluye.

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