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La imagen de Susana Díaz en uno de los carteles para las elecciones al Parlamento Andaluz del 2-D, en una calle de la localidad malagueña de Ronda. REUTERS/Jon Nazca

Análisis Susana Díaz se queda

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El PSOE de Andalucía convoca a su comité director para el próximo lunes mientras las ocho ejecutivas provinciales apuntalan a la presidenta en funciones. Si Ferraz intenta echarla, los suyos darán la batalla

Política

La previsible pérdida del Gobierno de Andalucía después de 36 años, que se producirá irremediablemente en semanas -salvo inesperado giro de los acontecimientos-, ha causado un terremoto monumental en el PSOE y ha quebrado, en un santiamén, la frágil tregua y el periodo de entendimiento y colaboración que se había iniciado hace unos meses entre la sede federal de Ferraz y la andaluza de San Vicente tras la llegada a La Moncloa de Pedro Sánchez.

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Mientras el secretario de Organización federal, José Luis Ábalos, rectificaba pero sin rectificar del todo en realidad, su toque de atención a Susana Díaz, los cuadros del partido en Andalucía y los ocho dirigentes provinciales se dedicaban a apuntalar a la presidenta en funciones para que intente lo que ahora parece imposible: gobernar. Y si no es posible finalmente, también para lo que venga: un tiempo en la oposición.

A Díaz le quedan más de dos años en el cargo, salvo que dimita o se la carguen

Díaz, al contrario de lo que ha pretendido Ferraz -y según varias fuentes pretende aún- no va a dimitir. Todo lo contrario. Se queda, según afirman todas las fuentes consultadas. Y si Sánchez quiere realmente liquidarla y mueve sus fichas para hacerlo, los socialistas andaluces darán la batalla. “Se va a encontrar con un muro”, resumía gráficamente una de las fuentes consultadas por Público. “Lo primero es el partido. Ahora toca unidad para afrontar los procesos electorales que vienen”, aseguraba otra.

Díaz fue elegida -por primarias- en un congreso regional que se celebró el último fin de semana de julio del año pasado, celebrado apenas un mes después de su derrota ante Sánchez. Por tanto, a Díaz le quedan todavía más de dos años en el cargo, hasta que tenga que celebrarse un nuevo congreso regional, salvo que dimita o pretendan dimitirla.

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Las armas de Sánchez

Para liquidar en este momento procesal a Díaz, Ábalos y Sánchez, en el caso de que quisieran, no disponen hoy de las mismas armas de las que dispuso hace unos años el exsecretario de Organización, César Luena, quien fulminó de un plumazo a instancias del hoy presidente del Gobierno la Federación Socialista de Madrid, que dirigía entonces Tomás Gómez.

Los Estatutos Federales que salieron del 39 Congreso, elaborados bajo el síndrome de aquel traumático comité federal en que Sánchez fue forzado a dimitir, indican en su artículo 5 bis que el relevo de un secretario general -secretaria general en este caso- debe ser motivado, votado en secreto en un comité director, y después refrendado por la militancia: “El inicio del proceso de revocación o censura de un Secretario General requerirá ser motivado y acordado, mediante votación secreta, por un mínimo del 51% de votos del Comité Federal u órgano equiparable a otro nivel territorial”.

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El relevo de Díaz debería de ser motivado, votado en secreto en un comité director y después refrendado por la militancia

Continúa la redacción del artículo 5 bis: “Adoptado el acuerdo de inicio del proceso de revocación, la remoción de la persona titular de la Secretaría General deberá ser aprobada por la militancia y afiliados/as directos/as del respectivo ámbito en una consulta que deberá celebrarse en el plazo de un mes desde el acuerdo de censura del Comité Federal u órgano equiparable a otro nivel territorial”. “En caso de que la remoción sea decidida en la consulta por la mayoría de los votos emitidos, se producirá al cese de la Comisión Ejecutiva Federal u órgano equiparable a otro nivel territorial, nombrándose inmediatamente una Comisión Gestora por el Comité Federal o el órgano equivalente a otro nivel territorial”, remata el artículo.

Como referencia, el resultado en las primarias de mayo de 2017, hace un año y medio, fue en Andalucía de un 63% para Díaz y de un 31% para Sánchez. Es posible que la pérdida del Gobierno y el shock pudiera decantar una votación del lado del presidente, pero también es posible que no. Si Ábalos y Sánchez deciden pasar ahora, en las próximas semanas, del guiño que este lunes y este martes ha lanzado a los sanchistas andaluces a la acción, lo único que se puede asegurar como cierto es que el PSOE consumirá energías de nuevo, a pocos meses de las municipales, autonómicas y europeas, en otra lucha interna, y con los mismos protagonistas que la anterior.

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Susana Díaz (c.) preside la reunión de la ejecutiva del PSOE-A para analizar los resultados de las elecciones al Parlamento de Andalucía del 2-D. REUTERS/Marcelo Del Pozo

La batalla aplazada

Así que es posible que, como ya avanzó Público, los sanchistas aplacen la batalla y se dediquen a cortejar a alguna candidata o candidato de cierta entidad que se atreva a retar a Díaz en el medio plazo, cuando llegue el Congreso regional. El próximo lunes ha convocado el PSOE de Andalucía su comité director, el máximo órgano entre congresos. Allí se podrá comprobar el nivel de bronca interna. Las fuentes consultadas creen que, después de la rectificación de Ábalos, no será especialmente movido, pero en este ambiente, nada se puede predecir con seguridad.

Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, delegado del Gobierno en Andalucía, y sanchista desde la primera hora, manifestó esta mañana al respecto de la situación: “Ha sido un duro golpe sin paliativos, [que obliga a] entrar en un proceso de reflexión autocrítica para ver por qué los socialistas andaluces conectar no hemos sabido con las demandas de los ciudadanos y no se ha sabido transmitir fielmente las muchas cosas buenas que ha hecho el PSOE en Andalucía”. Gómez de Celis se suele expresar en las reuniones del partido. 

Las ocho ejecutivas provinciales dieron su respaldo a Díaz

Antes del próximo lunes, las ocho ejecutivas provinciales, al igual que lo hizo la ejecutiva regional, habrán dado su respaldo a Díaz. La organización ha tocado a rebato para proteger a la presidenta en funciones de un ataque de Ferraz que todas las fuentes consultadas coinciden que no se esperaban y que, si ha servido para algo, es para despertar a la dirección socialista del estado de profunda tristeza en que les habían sumido los resultados e insuflarles nuevas ganas de dar la pelea.

Las causas del fracaso electoral del PSOE de Andalucía en estas elecciones son múltiples y tienen que ver con factores propios y ajenos. Aunque en público tiendan a dar explicaciones sencillas y barriendo para casa, tanto en Ferraz como en San Vicente, saben que la derrota se debe a una mezcla de numerosos factores, entre los que se pueden enumerar, por ejemplo: el cansancio de 36 años consecutivos de gobiernos socialistas; el desgaste por la corrupción; el deterioro evidente de la sanidad pública después de años de crisis y de recortes impulsados por la UE y el Gobierno de Rajoy; la propia defenestración de Sánchez, que desembocó en una abstención al PP de Mariano Rajoy, decisión que en la calle se le atribuye a Díaz, y, claro está, la decisión del presidente Sánchez de no convocar elecciones y aguantar en el poder sostenido por apoyos más o menos claros que en numerosos sectores de Andalucía no terminan de comprenderse.

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