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El líder de Vox, Santiago Abascal, celebra los resultados de la formación de ultraderecha en Sevilla. REUTERS/Marcelo Del Pozo

Vox Las claves para aislar a la ultraderecha: así es el "cordón sanitario"

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La irrupción de Vox abre el debate sobre cómo actuar ante este fenómeno. Las experiencias de otros países europeos son variadas. Los resultados no siempre han sido los esperados.

Política

Cualquiera diría que Santiago Abascal quiere hacer amigos. Durante las últimas semanas, el líder del partido xenófobo Vox llamó una y otra vez “derechita cobarde” al PP. Hoy, en cambio, se abren grandes opciones de que el líder ultra permita que los populares, los de la “derechita cobarde”, gobiernen en Andalucía. Con esa realidad sobre la mesa, llega al escenario español un concepto de sobra conocido en otros países de Europa donde llevan años lidiando con sus propios Abascales: el cordón sanitario hacia los que plantean políticas racistas y misóginas.

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Tras el terremoto político registrado en las elecciones andaluzas, dirigentes políticos de distintas formaciones han planteado la posibilidad de ejercer esa medida de aislamiento contra la formación ultra. Así lo han formulado personas tan diversas como el ex primer ministro francés y ahora candidato a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls o Elsa Artadi, portavoz del Govern catalán. También ha habido sugerencias en tal sentido por parte de la socialista navarra María Chivite o de la propia Susana Díaz, quien el domingo por la noche, cuando tuvo que admitir la derrota, planteó a PP y Ciudadanos levantar un “muro de contención” ante el inusitado avance de la extrema derecha.

En tal sentido, distintos expertos consultados por Público no terminan de mostrarse del todo de acuerdo sobre los efectos reales de esa medida. “No existe una receta única sobre qué hacer con estos partidos”, dice el politólogo Pablo Simón. “Puede ser contraproducente”, afirma por su parte la también politóloga María Corrales desde Barcelona. El debate está ya en despachos de todos los colores e ideologías. Ahora, con 12 representantes de ultraderecha en el próximo parlamento andaluz, surgen los análisis sobre cómo actuar ante este fenómeno.

La práctica del “cordón sanitario” que hoy citan distintos políticos es, en efecto, una de las vías que se han empleado en Europa para atajar el avance de las ideas xenófobas y ultranacionalistas. En cualquier caso, “no es necesariamente la única práctica que existe” a la hora de abordar este asunto, apuntó Simón durante la conversación con este periódico. En efecto, es hora de mirar a Europa.

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En el viejo continente, destacó el politólogo, “tenemos algunos modelos en los cuales la ultraderecha participa en gobiernos, como el caso de Italia con la Liga Norte o Austria con el FPÖ”. En ambos lugares no ha habido cordón que aislase a dos partidos que mantienen un durísimo discurso contra la inmigración y que aspiran, cada uno con su lenguaje, a recortar derechos.

El segundo modelo en cuestión es el encarnado por Suecia o Países Bajos, “que han tenido gobiernos apoyados desde fuera por la extrema derecha”, algo que el experto considera que “podría ocurrir en Andalucía”. Luego están, precisamente, aquellos lugares “donde la política sí ha sido de cordón sanitario”, como Francia o Alemania. Allí saben muy bien el peligro que representan formaciones como el Frente Nacional (ahora llamado Reagrupamiento Nacional) o Alternativa por Alemania, dos partidos que han sido considerados por la mayoría política como “no aptos para llegar a ningún tipo de negociación” debido a que “no respetan los mínimos valores democráticos o que parte de su personal ha estado ligado a movimientos posfascistas o con simpatías hacia regímenes pasados”, apunta Simón.

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Antidemocráticos

“Las razones de recurrir a cordones sanitarios son programáticas, dado que las propuestas de extrema derecha no son compatibles con un sistema democrático genuino ni con ningún catálogo mínimo de derechos humanos”, explica la jurista María Eugenia Rodríguez Palop, quien opina que más allá de los cordones, “tanto los partidos socialdemócratas en la práctica como por supuesto las opciones socioliberales a lo Macron han facilitado el aterrizaje de estas propuestas de extrema derecha y han contribuido notablemente a su crecimiento y consolidación”.

Ahí entran las dudas sobre qué camino recorrer. En los casos de Alemania o Francia, el cordón sanitario no sirvió de nada a la hora de frenar el crecimiento de esos partidos. Se quedaron fuera de las instituciones, sí, pero siguen teniendo una gran aceptación en las urnas. Precisamente por eso, la politóloga María Corrales cree conveniente analizar en primer término “qué fuerza real tiene la formación ultraderechista en cuestión, qué implica el cordón sanitario y qué recepción tiene esa llamada entre la ciudadanía”. De lo contrario, se corre el riesgo de “ponerles en el foco de toda la atención política”.

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Para el sociólogo Imanol Zubero, en el caso de Andalucía convendría “hacer un auténtico cordón sanitario no tanto frente a Vox, sino ante los miedos que ese partido es capaz de representar”. “Me preocupa, por ejemplo, cómo el discurso antiinmigración ha ido filtrando en la vida cotidiana. A veces se compra el diagnóstico, aunque luego no se quiera comprar la solución”, advierte. Mirando hacia el caso concreto de este país, considera relevante “no comprar el diagnóstico de España se rompe”, una de las principales consignas y bases del programa político del partido de Abascal.

“Si algo sabemos hoy es precisamente que no sabemos cuál es la fórmula para evitar el crecimiento de la extrema derecha”, apunta por su parte Simón. “El FPÖ austríaco tras su experiencia de gobierno en los años noventa se desplomó, pero también es verdad que el cordón sanitario les permitió crecer a Alternativa por Alemania y al Frente Nacional francés”, subraya.

Fantasmas y falacias

Hay casos más cercanos. Zubero, que vive en el País Vasco, tiene uno a la vuelta de la esquina: en Euskadi, recuerda, “se le pedía al PNV que no pactara con Batasuna o Euskal Herritarrok”, dos marcas de la izquierda abertzale contra las que también se impulsó el “cordón sanitario”. “Si se pedía eso, lo lógico era también que nadie se aprovechase de esa debilidad asumida por el PNV estando en minoría”, reflexiona.

Ahora, con ETA ya desaparecida, Pablo Casado sigue agitando el fantasma abertzale para acusar a Pedro Sánchez de pactar con EH Bildu, un argumento con el que intenta blanquear el acercamiento del PP a Vox para tratar de pactar en Andalucía. “Es la falacia del término medio, generando una posición de simetría entre dos elementos. Yo digo que estoy en el medio, y que por tanto ambos son equivalentes”, destaca Simón, quien asegura que el PP de Casado “tratar de justificar así por la vía de los hechos una decisión que ya ha tomado: pactar con Vox”.

En cualquier caso, el politólogo recuerda que el concepto de “cordón sanitario” también fue utilizado en su momento “para excluir a los partidos comunistas del poder”, algo que ocurrió en lugares como Italia con el PCI. Aquello ocurrió “en un contexto totalmente diferente al actual”, subraya. Lo mismo opina Rodríguez Palop, quien advierte que a día de hoy no existe ninguna amenaza de una supuesta “ultraizquierda”. Los fantasmas, ahora más que nunca, están a la derecha más derecha.

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