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El presidente del PP, Pablo Casado, junto al presidente de la Junta, Juanma Moreno, en una imagen de archivo. - EFE

Análisis El Gobierno andaluz estará vigilado muy de cerca por Casado y Rivera

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Ambos líderes necesitan que su apuesta, inédita hasta ahora en España, funcione. Es el primer Ejecutivo en el que Ciudadanos formará parte y los dos afrontan como un 'test' de cara a las elecciones autonómicas y municipales.

Política

El nuevo Gobierno de Andalucía, en manos del PP por primera vez en 36 años, es también una apuesta de los líderes nacionales del PP, Pablo Casado, y de Ciudadanos, Albert Rivera. Ambos líderes, que compiten por el liderazgo de la derecha, han decidido jugársela con los apoyos externos de Vox, aún a costa de que esa decisión pueda asustar a sus votantes moderados y resucitar a la izquierda. Es un experimento que el PP considera exportable a todos los territorios y, por tanto, una jugada estratégica para Génova.

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"Habrá comunicación constante como la hay en las regiones donde gobernamos", indicaron a Público fuentes de Génova. Traducido: el Ejecutivo, presidido por Juanma Moreno, tiene que hacerlo bien. También Rivera necesita que Juan Marín, el vicepresidente, acierte. Es la primera vez que Ciudadanos entra en un Gobierno. Es el primer Ejecutivo de coalición entre ambas fuerzas. Y es el principal Ejecutivo que controlan.

Casado, cuando tenía todo preparado para liquidar a Moreno, obtuvo un éxito inesperado

Y a la vez, es el primer Gobierno que conquista la dirección de Pablo Casado, quien se ha apuntado un éxito inesperado. "Comienza el cambio en Andalucía tras cuatro décadas de gobiernos socialistas con Juanma Moreno, nuevo presidente de la Junta. Es un honor ser Presidente del PP en este momento histórico para España". Con este tuit, celebró Casado (quien se trasladará el viernes a Sevilla a la toma de posesión de Moreno) su victoria. Según todas las fuentes consultadas, entre ellas voces cercanas a Casado, el PP lo tenía todo dispuesto para liquidar el liderazgo de Moreno si este fracasaba electoralmente por enésima vez, pero, contra todo pronóstico, triunfó. "Siempre creí en mí, he trabajado y la suerte me ha sonreído", admitió Moreno, una vez investido presidente.

Así que Casado, quien se pasó las dos semanas de campaña recorriendo Andalucía, pisando la calle, peleando cada voto, al igual que Moreno. Después del 2D, el lñider del PP retiró sus alfiles, destinados a pilotar el relevo, llamó a Rivera y a Santiago Abascal, fundador y presidente de Vox y ex miembro del PP, para empezar a engrasar un acuerdo, y puso a trabajar a Teodoro García Egea, el secretario general del PP, para que lo cerrase, cosa que este hizo con solvencia —solo se produjo un sobresalto real— y rapidez.

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Los pactos en política solo se pueden hacer si hay voluntad, si los actores en liza creen que pueden sacar algo de ellos. Y en este caso, había voluntad y una aritmética también favorable por primera vez en Andalucía. A los acuerdos ayudó la promesa de Juan Marín, el lugarteniente de Rivera en Andalucía, quien había hipotecado su palabra al afirmar que no iba a volver a hacer presidenta a Susana Díaz. A Ciudadanos, por tanto, no le quedaba otro remedio que avanzar con el PP. Aún a costa de acercarse a Vox.

Hay una diferencia en este momento, en términos políticos, entre el PP y Ciudadanos: al primero no le molesta el abrazo de Vox y al segundo, sí. ¿La razón? Ciudadanos tiene votos moderados que puede perder si profundiza en el camino de los pactos con la ultraderecha.

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Aún así, no todas las voces del PP han visto con buenos ojos este acercamiento a la formación de extrema derecha. Varios barones, entre ellos, Alberto Nuñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Alonso, presidente del Partido Popular en el País Vasco, e Isabel Bonig, líder del PP valenciano, han criticado públicamente las propuestas de Vox (y el acercamiento de su partido con propuestas como que los hombres puedan recibir ayudas específicas por "violencia doméstica") para alcanzar el acuerdo en Andalucía.

Los nombramientos

Sabedores de las cautelas de Rivera y Marín, Casado y Moreno aceptaron que Ciudadanos no se mezclase en exceso con Vox, más allá de aceptar sus votos. Fue de este modo el PP el que asumió la negociación con el partido de ultraderecha. Esa negociación se desarrolló en Madrid entre García Egea y Javier Ortega Smith, el número dos de Vox. Luego, acudieron a Sevilla a firmar el pacto, a hacerse la foto con Moreno. Sin embargo, este estuvo al margen de las negociaciones, como reconoció él mismo, aunque matizó que sí existió "una íntima coordinación con el PP andaluz" y con él mismo "a nivel personal". Ese mismo término, coordinación, ha utilizado este miércoles Moreno para definir las relaciones que habrá entre su Gobierno y Génova.

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Hay incluso voces que cuentan a quien quiere escucharlas que algunos de los consejeros y consejeras del nuevo Gobierno, cuyo nombramiento es una competencia estricta del presidente, los va a elegir el mismo Casado. La verdad de una afirmación de este calibre, que cuestionaría el peso político de Moreno, solo se va a poder comprobar una vez que se sepan los nombres de los miembros del Ejecutivo.

Pablo Casado, desde su llegada al liderazgo del PP, se ha volcado en la elección de las candidaturas para las elecciones autonómicas y municipales de 2019, para que éstas se encuentren en "plena sintonía" con la dirección nacional, no sin controversia de por medio. Ya ocurrió en la lista de candidaturas para la Junta de Andalucía del pasado 2 de diciembre, en la que Casado designó a cabezas de lista afines a él y su equipo, entre ellos el exministro y exalcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, por Sevilla, y el exsecretario de Estado de Seguridad y exalcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, por Córdoba.

Moreno: "El que manda en el PP de Andalucía soy yo". Lo cierto es que en el PP hoy, manda Casado

Moreno, al respecto, dejó una frase para la hemeroteca esta tarde durante el debate de investidura: "El que manda en el PP de Andalucía soy yo". Siempre se ha interpretado que un dirigente que pronuncia una frase como esta, es en realidad, débil. Así pasó con José Antonio Griñán hace unos años, quien tuvo que lidiar con un potente sector crítico. Es verdad que ser presidente ha salvado —y justificado— la carrera política de Moreno y que en este momento, esas palabras puede que sean verdaderas en lo que afecta a los asuntos internos y a la oposición de señalados alcaldes. Sin embargo, en el PP hoy quien manda es Casado.

Lo cierto es que hay diferencias entre la organización interna de los partidos de derechas y los de izquierdas, que de algún modo revela su idea de país. Así, mientras el PSOE es un partido federal, en el que las direcciones autonómicas tienen margen de decisión, y Adelante Andalucía —la coalición de Podemos e IU— tiene un claro componente andalucista, el PP, de siempre, se ha manejado con mano de hierro desde Madrid, y se podría definir a Ciudadanos como un partido de autor, el de Albert Rivera, en el que todo —aunque se guarden las formas y se dé su papel a Marín— se subordina a los intereses y la lógica de la dirección nacional, que avaló el pacto con el PP y la apuesta por entrar formar un Gobierno de coalición, al igual que lo hizo con el pacto de investidura que firmó anteriormente con el PSOE.

Casado considera  exportable el Gobierno de coalición en Andalucía

Casado considera que el acuerdo andaluz es exportable a otros territorios. Rivera también, aunque manda guiños al PSOE no perder voto moderado, para darse la posibilidad de seguir captándolo y para diferenciarse también del PP. Es por tanto un acuerdo que, si les salen los números, podrían repetir tanto Ciudadanos como PP para sacar al presidente Sánchez de La Moncloa. Este argumento, por sí solo, reduce el margen de actuación político tanto de Moreno como de Marín. Tienen que hacer las cosas bien para no perjudicar las expectativas electorales de sus jefes de filas.

¿Y qué decir de la tercera pata de este acuerdo? Francisco Serrano, el portavoz de Vox en Andalucía, ex magistrado, que fue condenado por prevaricar —dictar una resolución a sabiendas de su injusticia—, hará sencillamente lo que Abascal diga. Han cerrado un pacto con el PP. Le tocará sencillamente honrarlo. Para Vox el resultado en Andalucía y su papel capital en la entrada en el Gobierno andaluz de Moreno han supuesto toda una plataforma de lanzamiento, de propaganda en el resto del país. Todo el mundo sabe ya, después del cambio en Andalucía, que si las cuentas les salen, habrá también en España un giro a la derecha.

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